miércoles, 19 de marzo de 2014

El pibe que vende drogas, nuevo sujeto social

Daniel Arroyo
Ex viceministro de Desarrollo Social de la Nación
Publicado en Diario Clarín
19/03/2014 
 
El vínculo entre narcotráfico y vida cotidiana se está complicando cada vez más en Argentina. Si no hacemos algo ya, ahora, vamos camino a un nuevo modelo de organización social dominado por los que producen y venden, que son los que más plata ganan en el barrio y a los que les va mejor.
 
Cada vez se vende más droga en los barrios. Enfrente de cualquier escuela, en el quiosco cerca de la plaza o en las esquinas hay alguien que vende droga (paco u otra sustancia, depende del lugar) y todos saben cómo se accede. Es tan cierto que muchos jóvenes arrancan por el alcohol y luego llegan a las drogas como que cada vez hay más oferta. Lo sufren los docentes en las escuelas, muchas organizaciones sociales y muchos gobernantes que buscan enfrentarse y no le encuentran la vuelta.
 
Otro tema que está claro es que la venta de droga no es ya sólo un problema de adicción sino que se ha transformado en un modo de vida económico rentable y bastante generalizado. El pibe que engancha una changuita cuando vuelve al barrio gana menos que el que vende droga, y una familia que pone una cocina de paco tiene más ingreso que haciendo changas o teniendo un sueldo básico.
 
Esto está llevando a un desplazamiento de los tradicionales punteros políticos que hoy tienen menos herramientas e incidencia en su comunidad que el proveedor de droga que ahora empieza, también, a prestar asistencia social en el barrio.
 
En lo que hace al tratamiento y prevención de las adicciones estamos más complicados aún.
Los centros de atención de adicciones están desbordados y con mucho retraso en el cobro de los escasos recursos por chico que les envía el Estado.
 
Cobran tarde y cuando pueden y, como les cuesta mucho sostenerse, muchas veces terminan dándole prioridad a los jóvenes con obra social o con prepaga y desplazando a los que menos tienen.
 
Aquí estamos complicados por falta de lugares y por escaso presupuesto. La iniciativa de la Sedronar de crear cuarenta nuevos centros sin duda va a ayudar, pero está claro que estamos ante un serio problema de escala.
 
En concreto, la situación se está complicando en los barrios porque se vende más, porque la droga se transformó en una unidad económica familiar y porque estamos muy lejos de prevenir y atender al conjunto de jóvenes que la pasan muy mal.
 
Una historia común en los centros urbanos hoy es: un chico está hacinado en su casa, no tiene lugar ni espacio donde estar; se va a la esquina porque ahí está mejor, en la esquina empieza a consumir porque todos lo hacen y es la forma de integrarse; a partir de ahí al problema de salud le agrega el endeudamiento.
 
El pibe que empezó hacinado ahora debe plata.
 
Y ese es el momento en que se le aparece un vivo para plantearle cualquier idea para cancelar esa deuda.
 
El ciclo es hacinamiento – adicción – endeudamiento.
 
Más allá del debate global del narcotráfico, el día a día de los barrios está quebrando las expectativas y los horizontes de los jóvenes y está creando un nuevo sujeto social que antes no existía: el que vende drogas.
 
Quebrar este sistema no es nada fácil pero está claro que hay que empezar ahora. Una Unidad Especial que combata la venta de droga, un nuevo esquema de escuela secundaria más amigable para los jóvenes del siglo XXI, mecanismos para concretar el Derecho al Primer Empleo y que todo joven pueda tener una primera experiencia laboral y el apoyo económico a las iniciativas emprendedoras de los jóvenes seguramente podrían ayudar.
 
Tenemos que lograr que el que estudia y trabaja sea al que mejor le va en el barrio, para que todos podamos ver que ese es el camino de la movilidad social y no la venta de droga.

viernes, 14 de marzo de 2014

Daniel Arroyo en el II Encuentro sobre Ética y Compliance entre los sectores público y privado

Daniel Arroyo va a participar en el II Encuentro sobre Ética y Compliance entre los sectores público y privado que se realizará el día jueves 20 de marzo a las 8:30 hs. El licenciado disertará en el panel "Medidas innovadoras contra la corrupción y métodos propuestos para llevarlas a cabo" junto a Jorge Enríquez de la Magistratura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Marcelo de Jesús de FORES y Máximo Fonrouge del Colegio de Abogados de la ciudad de Buenos Aires.

martes, 11 de marzo de 2014

El conurbano bonaerense, de los cordones a los corredores

Por Daniel Arroyo

Los cambios que se registran en la zona más poblada del país muestran el quiebre entre el Norte -que ha progresado- y el Sur empobrecido.

Tradicionalmente se entendía al conurbano por “cordones”. El primer cordón, que comprende los municipios más cercanos a la Ciudad de Buenos Aires, estaba pensado como una zona con una mejor situación económica. Un segundo cordón, con municipios más alejados, donde la situación económica era vista como más crítica. Por último un tercer cordón en donde terminaba la zona urbana y comenzaba la zona semi-rural.

La idea de los tres cordones en el conurbano bonaerense ha quedado obsoleta, como consecuencia de los grandes cambios que se produjeron en el último tiempo. Ha cambiado no sólo en términos de modificaciones en las condiciones de vida sino que se ha “desenganchado” mucho el norte del sur.

En consecuencia, ya no es posible pensar al conurbano en términos de fcorrdones, sino de “corredores”.

El “corredor norte”, que abarca todos los municipios de la zona norte de la ciudad de Buenos Aires -desde San Isidro hasta Pilar y Escobar-, se ha desarrollado. Ha habido un importante aumento en infraestructura e inversión por parte del sector privado. Vastos ejemplos de este fenómeno están a la vista, en Tigre, Escobar y Pilar. Allí se desarrollo la infraestructura, la obra pública y la construcción privada que, en términos generales, han hecho que esa zona se “despegue” y que la gente que la habita se haya desenganchado del resto del conurbano. Han mejorado su situación, que se ha vuelto similar a la de la ciudad de Buenos Aires.

Por el contrario, la situación del “corredor sur”, desde Avellaneda hasta Florencio Varela o más lejos aún, Presidente Perón, se ha complicado cada vez más.

Con gran concentración de pobreza, tiene una situación económica muy dificultosa. El corredor oeste, que está en el medio y que tiene a La Matanza como municipio muy particular –gran extensión territorial- ha quedado en una situación intermedia. No ha tenido el despegue del corredor norte ni tiene las dificultades del corredor sur.

Por lo tanto, ya no es posible entender el conurbano en términos de “cordones” o de estar más lejos o más cerca de la ciudad, sino en términos de Norte-Sur. Esto representa un gran cambio.

El conurbano bonaerense es “el tema” de la Argentina en los próximos años: 11 millones de habitantes concentrados en poco espacio físico, un corredor norte que ha mejorado y se ha despegado del resto, un corredor sur con muchas dificultades y un gran desafío por delante. No sólo se trata de cómo evitar la migración y fortalecer el interior del país, sino de cómo dotar de buenos servicios de salud, educación y sobre todo generar las condiciones necesarias para que no tengamos distintos tipos de conurbano, sino que demos oportunidades especialmente a la población más numerosa de ese territorio y que peor se encuentra, que es la que vive en la zona sur.



viernes, 7 de marzo de 2014

Daniel Arroyo en Educación y Sociedad

Mañana sábado 8 a las 16 hs, Daniel Arroyo estará en el programa de Teresa Cabado "Educación y sociedad" que transmite canal 21. En esta ocasión, el tema será Microcrédito en Argentina.



Daniel Arroyo en radio El Mundo



El ex viceministro de desarollo social de la nación, Daniel Arroyo, habló sobre la problematica del narcotráfico en el entorno familiar.
En diálogo con Carlos Kikuchi, Arroyo consideró que "Es objetivo que en frente a cada escuela, en cada barrio, hay mayor venta de drogas. No solo paco, si no otras drogas". Ademas, explicó que "La droga se volvió una unidad monetaria familiar en donde hay familias que prefieren que los chicos vendan drogas antes de trabajar".
Por último, el ex viceministro advirtió que la base del problema en relacion al narcotráfico y la juventud es la severa cantidad de chicos que no estudian ni trabajan y ven la venta de drogas como un camino alternativo de ingresos y subsistencia. En relación, Arroyo expresó "El problema social más grande que tenemos en la argentina es que hay un millón y medio de chicos que no estudian ni trabajan. Si la gran mayoría ven en la venta de las drogas un camino alternativo, tenemos un gran problema”.

miércoles, 5 de marzo de 2014

“Con el Plan Progresar solo, no alcanza”

Publicado el domingo 2 de marzo por Primera Edición





POSADAS. Por cadena nacional, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner confirmó que más de 500 mil jóvenes se sumaron al plan Progresar lanzado hace poco tiempo. Según Anses, hasta el 7 de febrero, había casi cinco mil misioneros inscriptos al plan asistencial.

En una visión crítica y constructiva Daniel Arroyo, el ex viceministro de Desarrollo Social de la Nación en la gestión de Néstor Kirchner como presidente y docente universitario, analizó ante una consulta de PRIMERA EDICIÓN el plan oficial, advirtió que por sí sola una transferencia de dinero no servirá para atender lo que consideró “el tercer problema social más grave que tiene Argentina”.

Si bien ponderó la existencia de “la primera política hacia el sector”, sugirió la aplicación de tutores, habló de los problemas de los jóvenes y su problemática relación con la educación y el trabajo.

¿Qué sensación le produce que haya más de medio millón de jóvenes inscriptos para el Plan Progresar?

Claramente la Argentina tiene varios problemas sociales, pero sobre todo tres. Un 25% de pobreza, es decir, un cuarto de población pobre. Un 32% de informalidad laboral que hace que uno de cada tres trabaje en forma precaria, sin recibo de sueldo, sin obra social. Y el tercero es el más crítico: un millón y medio de jóvenes que no estudia ni trabaja. Ese creo que es el problema central de la Argentina.
Me parece bueno el anuncio y la puesta en marcha del plan Progresar, porque implica comenzar a tomar en escala un problema que hasta aquí no tenía una política o respuesta en escala.
Seguramente habrá que encarar o incorporarle otras dimensiones, además de la transferencia de dinero. Pero es bueno un programa para el principal problema social de la Argentina.
El hecho que se haya inscripto medio millón, da idea del nivel y la escala del problema. Argentina no es que tiene algunos jóvenes que no se logran adaptar al mundo del trabajo con estudio. Sino que objetivamente, el principal problema es la inclusión de los jóvenes.

O sea, hay que salir a buscar a un millón más...

 Los primeros jóvenes que se inscribieron son los que participan de algún tipo de redes sociales, porque tenían idea de estudiar. O forman parte de instituciones sociales o la Iglesia. Pero después tenemos a los jóvenes que están en “no lugares”, es decir, la plaza, la esquina.... Será una dura tarea para el Estado ir a buscar a los que están desenganchados de todo. Diría que en torno al tema de jóvenes tenemos tres problemas: el millón y medio de jóvenes que no estudia ni trabaja, que están de manera precaria.
Otro es el avance objetivo de otras alternativas: el que engancha una changuita, que trabaja, cuando vuelve al barrio gana menos que el que vende droga o el que está vinculado a otra actividad. Es decir, el segundo problema grave es el avance en la venta de droga que es un fenómeno no solo de adicciones -que eso solo ya es un grave problema en la Argentina-; sino de unidad económica. Se transforma en una unidad de mejor actividad económica que otra actividad. Y los ciclos en los grandes centros urbanos, donde el chico esta hacinado sin lugar en la casa, se va a la esquina y consume paco y otras sustancias. Consume porque sino no se integra al barrio. Tiene problemas de salud pero también un rápido problema de endeudamiento! Cuando se endeuda, siempre hay un vivo que se le acerca para plantearle cualquier idea para cancelar esa deuda. Ese ciclo dura seis meses: hacinamiento, adicción, endeudamiento. Al problema general, se le suman las adicciones.
Y el tercer problemas es la escuela secundaria. Tenemos el 40% de deserción a la escuela secundaria. No le queda claro a un pibe cuánto le sirve para el trabajo lo que aprende en la escuela, entre otros temas.

En definitiva, ¿entiende que es bueno pero no suficiente?

No, la transferencia de dinero solo no resuelve el problema. Creo que cualquier política que se encare con los jóvenes, si no se encara una red de tutores (unos 20 mil en Argentina) no va a funcionar. Tutor puede ser un cura, un técnico del club del barrio, un tío, tal maestra. Personas que tienen legitimidad. Los jóvenes no creen en las instituciones sino en personas. No creen en “la escuela”, sino en tal maestra o profe que tiene buena onda y hace las cosas bien. La función del tutor es acompañar.
La función de los jóvenes no es enterarse que existe un plan en la Argentina, sino sostenerse. Un joven no tiene problemas de tarea en la Argentina. Si tiene que ir a hacer una tarea va y lo hace bien. Lo que le cuesta es ir todos los días a hacer esa tarea durante ocho horas. 
El rol del tutor es acompañar, ver por qué ese joven hace tres días que no va a la escuela o a trabajar. Ir a golpear la puerta de la casa y preguntar e incentivar para reconstruir el método. Porque los jóvenes tienen dificultades de método. Por eso creo que habrá que crear una red de tutores y mecanismos concretos para determinar la capacitación con el mundo del trabajo.

La mayoría de los jóvenes que se inscribe en el plan Progresar: ¿lo hacen por una aspiración de mejorar su realidad o por el aporte económico?

Seguramente hay de todo. Claramente si no hubiera un apoyo económico, sería difícil transformarlo en un programa masivo. En política social, el apoyo económico sirve como base de un reconocimiento de que a una familia le faltan ingresos. Pero debe ser el punto inicial para desatar otro tipo de acciones. La transferencia de dinero es un llamador, un mecanismo para encarar otras acciones además de que les da viabilidad.
Un joven para estudiar necesita dinero. Ese dinero le da la chance de estudiar, es una buena base. El tema es saber cómo hacemos para sostener y lograr hacer que al joven que estudia y trabaja le vaya bien. Necesitamos reconstruir la movilidad social ascendente en la Argentina y no tiene que irle bien al que vende droga sino al que trabaja y estudia. Entonces, si se ve en el barrio que le va bien al que trabaja y estudia, motivará a otros en el mismo mecanismo de trabajar y estudiar.

¿Hay experiencias similares en otros países?

Hay experiencias similares. Esta claro que el tema jóvenes es el principal problema social a escala mundial. A nivel mundial, la desocupación juvenil triplica la desocupación general. Si vemos los casos críticos europeos, allí esta el problema. Igual que en Argentina.
Hay algunas experiencias y en particular, me gusta el programa “Bolsa Familia” de Brasil. Es para 14 millones de hogares, a gran escala. El Estado trabaja directamente con las familias y toma el problema del joven, el problema de la madre, el problema del trabajo. Trabaja integralmente, va al núcleo de la familia y resuelve integralmente.
Hay otras experiencias en Chile y México, con estas características.

Por la cantidad de fondos que implica el plan ¿se puede sostener en el tiempo?

Yo no diría sí. Hay futuro si los jóvenes se insertan en el mundo laboral o en el mundo educativo. Sino no hay futuro. La idea de que los jóvenes son el futuro es cierta si tienen presente. Claramente en la Argentina, los niveles de conflicto y tensión social a futuro, dependen de qué chance tendrán las nuevas generaciones de insertarse en el mundo laboral y el educativo.
En ese sentido, los fondos que se apliquen a estos programas son estratégicos, pero estratégicos de verdad. No solo para un país es importante el polo agro-industrial o una determinada actividad. Es muy estratégico que los jóvenes tengan futuro y vayan a algún lado y no se conviertan en un problema social constante.
En ese sentido y en el contexto de que la situación económica es crítica, el Estado tiene muchos recursos. No veo que el problema sean los recursos sino cómo sostenerlo en el tiempo.

Daniel Arroyo en radio Del Plata

El domingo 2 de marzo, Daniel Arroyo fue entrevistado por Alberto Lotuf en su programa "Dicen que dicen" sobre la situación social en Argentina y los desafíos que se presentan de cara a los próximos años.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Daniel Arroyo en Canal 26

Hoy a las 22 hs, Daniel Arroyo estará en el programa "A fuego lento" que conduce Clara Mariño y Eduardo Serenelini y que transmite Canal 26.

martes, 25 de febrero de 2014

Daniel Arroyo en diario Perfil sobre espiritualidad en Argentina

El regreso de la vida espiritual y su incierto impacto en la vida de los votantes

Publicado en diario Perfil 

La Argentina viene atravesando en los últimos tiempos que algunos analistas llaman de "re-religiosidad", una búsqueda de amplios sectores de la sociedad para encontrar un espacio de contención espiritual, aunque no sea necesariamente en una religión.  La irrupción del Papa Francisco, sin dudas, profundizará esta situación, y en beneficio de la Iglesia Católica.  La incognita es de qué manera repercutirá en el plano político.

Hasta ahora, este fenómeno no tuvo su correlato en el ámbito electoral.  La "re-espiritualidad", según un informe al que tuvo acceso PERFIL, atraviesa a toda la población, sin distinción de clase, edad, ni género.  La coronación de Jorge Bergoglio como Papa, por la trascendencia política que obtuvo, abre el interrogante respecto a si finalmente el plano espiritual y religioso incidirá en el electoral.

El informe "El fenómeno de la re-religiosidad", realizado por Daniel Arroyo, presidente de la RED PAR (Prioridades Argentinas), describe el crecimiento de grupos "que se juntan para realizar actividades sociales, vincularse con cuestiones de tipo religiosa, espiritual o de autoayuda.  Lo hacen a través de distintas religiones, como la católica o evangélica, a través de distintos modelos o formas de espiritualidad.  lo que buscan son líderes que planteen distintas maneras sobre cómo vivir mejor, cómo conectarse".  Y aclara: "Es casi lo único transversal en Argentina que cruza a muchísima gente que desde distintas maneras le busca la vuelta a su vida, y a cómo vivir".

La interpretación es que este fenómeno está vinculado a tres cuestiones centrales: un sentido de pertenencia, la búsqueda de trascendencia y la construcción de un futuro.  "La vida posmoderna es el arte del vacío constante y la re-religiosidad radica en la búsqueda de una solución a ese vacío.  se trata de llenarlo de ideas, propuestas, encontrar compañía", manifiesta el texto.

A pesar de que la política también hace hincapié en la pertenencia y el futuro, el crecimiento de la militancia no tuvo el mismo correlato.  En diálogo con PERFIL, Arroyo explicó que "hoy hay más gente que participa de la política, hay más gente que participa en acciones solidarias, pero lo masivo en serio es el fenómeno de la religiosidad y la espiritualidad".

Según él, existen cuatro argentinas: la pobreza estructural, los vulnerables, la clase media y la clase alta.  Y la espiritualidad las atraviesa a todas por igual.  "Es un fenómeno muy masivo y no se traduce en factor político, porque no todos votan lo mismo, pero es lo que realmente genera expectativas", señaló.

El furor que generó la asunción de Bergoglio, con filas de feligreses esperando para confesarse  y las iglesias con récords de concurrencia para las misas, abre un nuevo capítulo en este panorama.  Y según el informe, sus consecuencias políticas o electorales, por ahora, "son difusas".

lunes, 24 de febrero de 2014

"El puntero político ya no domina la calle, domina el que vende droga"

Por Liliana Franco
Publicado en Ámbito.com hace algunos días.

El Gobierno lanzó un programa para atender la situación de los Ni -Ni, aquellos jóvenes que no trabajan ni estudian. Según estiman las autoridades oficiales el incentivo para que estudian lo recibirán más de 1.500.000 jóvenes de los sectores de menores ingresos. Si bien la jefa de Estado no hizo mención directa al flagelo del narcotráfico la presencia destacada del titular del Sedronar, Juan Carlos Molina, dio a entender que la intención oficial es brindarles una alternativa para su futuro. "Es una buena iniciativa", señaló Daniel Arroyo, exviceministro de Desarrollo Social bonaerense a ámbito.com en referencia al programa que lanzó el Gobierno para incentivar que los jóvenes de 18 a 24 años estudien. 




"La situación social tiene tres datos críticos" ya que uno de cada cuatro argentinos es pobre, una de cada tres personas que trabajan no tiene obra social, no tiene jubilación, no tiene vacaciones pagas y hay 900.000 jóvenes de 16 a 24 años que no estudian ni trabajan. Así lo indicó el exfuncionario.

Para Arroyo "la inflación viene a complicar todo" a lo que se suma que "hay un parate de las changas", de donde los ingresos no le alcanzan a los sectores de menores recursos por la caída en el valor real de los planes sociales y las menores posibilidades de realizar changas. Y a ello se suma, explicó, un problema de "sobreendeudamiento" pues "gran parte de los sectores pobres con fotocopia del DNI terminan tomando créditos al 90 o al 100% anual".

Arroyo advirtió sobre la pérdida de "manejo de la calle", porque, según su opinión, "la Argentina es fragmentación". Al respecto explicó que los distintos actores, es decir los punteros políticos o la Iglesia, entre otros, "cada uno tiene un poquito", pero alertó que "van perdiendo frente al avance del narcotráfico".

El dirigente cuestionó que "el pibe que trabaja, que engancha un laburito cuando vuelve al barrio, gana menos que el que vende drogas o está vinculado a la política". También criticó que una familia llegue a preguntarse "si no le conviene poner una cocina de paco, antes que cualquier otra actividad". Y concluyó que esta situación va desplazando también al puntero político: "El puntero político ya no domina la calle, porque la domina el que vende droga".

A los efectos de combatir el problema del narcotráfico, Arroyo señaló la necesidad de fortalecer los valores, por un lado, y por otro la generación de políticas. En tal sentido se pronunció por la creación de "una unidad especial de combate a la venta de drogas por fuera de las fuerzas de seguridad", ya que, a su juicio "lo que no tiene que haber en la Argentina es alguien que venda drogas".

Además de la creación de esta unidad especial de combate a la venta de drogas, consideró necesario asegurar el derecho al primer empleo. "Todo joven tiene que tener una primera experiencia laboral, mientras termina la escuela o porque hay una exención impositiva en empresas", sostuvo. Y también remarcó la necesidad de que todos los terminen la escuela secundaria.

Periodista: ¿Que opinión le merece el programa PROGRESAR que anuncio la presidenta?

Daniel Arroyo: Es una buena iniciativa que debería ser reforzada con tutores para que el joven este acompañado en el proceso de estudiar. Uno de los problemas es que no tienen la constancia de continuar. Asimismo, incentivar políticas para que las empresas tomen a los jóvenes o los ayuden para, por ejemplo, comprarse las herramientas.

P.: ¿A cuánto asciende la pobreza en la Argentina?

D.A.: Yo diría básicamente que la situación social tiene tres datos críticos. El primero: 25% de pobreza. Uno de cada cuatro argentinos no tiene piso de material, no tiene los servicios básicos, no le alcanza lo mínimo. El segundo dato es el 32% de informalidad laboral. Una de cada tres personas que trabajan no tiene obra social, no tiene jubilación, no tiene vacaciones pagas. Y el tercer dato es que hay 900.000 jóvenes de 16 a 24 años que no estudian ni trabajan. Si uno tuviera que decir dónde está la foto social crítica, yo diría que es esa. La inflación viene a complicar todo. Me parece que hoy tenemos un fenómeno en tres partes, que se da en los sectores pobres. Uno es que nadie sabe cuánta plata hay que tener en el mes ni qué se compra con $100, con lo cual es la dinámica de siempre estar corriendo detrás. Dos, que hay un parate de changas, un parate en la construcción y en la industria textil. Entonces a la persona no sólo le alcanza menos por el plan social, sino que le entra menos por changas. Y tres, que hay un sobreendeudamiento. Gran parte de los sectores pobres con fotocopia del DNI terminan tomando créditos al 90 o al 100% anual. Hoy están pagando lo que no les entra. Con lo cual la inflación siempre les golpea más porque los sectores pobres gastan casi todos sus ingresos en alimento y transporte.

P.: Y a veces quizás no miden y gastan un poco más...

D.A.: Así como alguien tiende a gastar porque no sabe cómo ahorrar, lo mismo pasa con alguien que trata de ver cómo resuelve su problema. Todo eso está generando un malestar complicado. Al problema social y a la inflación, yo creo que en los grandes centros urbanos - en Rosario, en Córdoba, en el conurbano bonaerense-, se le agrega el tema de la venta de drogas, que se ha extendido fuerte: en frente de cualquier escuela hay alguien vendiendo paco. Y el acceso a armas, con lo cual se genera un malvivir constante y realmente complicado.

P: ¿Hoy la política tiene el control sobre la calle?

D.A.: Claramente, la política es hoy un actor más. La diferencia de América Latina con Argentina es que en una favela de Río de Janeiro el líder narco maneja el narcotráfico y también manda a los chicos a la escuela, las chicas se hacen los controles de salud, es un Estado bueno y malo. Para bien y para mal, hay algo que controla. La Argentina es fragmentación. En un barrio está el que vende paco, el que pone el corralón de materiales, el puntero del partido, la Iglesia que va a dar una mano, todos. Cada uno tiene un poquito, y van perdiendo frente al avance del narcotráfico. El pibe que trabaja, que engancha un laburito cuando vuelve al barrio, gana menos que el que vende drogas o está vinculado a la política. Entonces, ese pibe, lo que dice y lo que ven todos en el barrio, es: "No es por acá el camino, sino que va por otro lado". Una familia se pregunta si no le conviene poner una cocina de paco, antes que cualquier otra actividad. Y eso va desplazando también al puntero político. El puntero político ya no domina la calle, porque la domina el que vende droga.

P. ¿Qué se le contesta a una persona que sale de sol a sol a trabajar, porque cree en la honestidad del trabajo, frente a un vecino que no trabaja pero tiene ingresos?

D.A.: Es complicado. En la Argentina predominan los valores. Los padres les enseñan a los hijos. Los pobres, los que no son pobres, todos. El problema es que al que hace el camino correcto no le va bien. El que trabaja, el que se preocupa, gana menos que el que vende drogas. Entonces, varias veces los hijos se preguntan: "¿no estaré pifiándole?". Junto con ése se da otro fenómeno, que es que un pibe está hacinado en la casa, se va a la esquina, consume, porque si no consume no se integra al barrio. Yo cuando era chico si no jugaba a la pelota, me costaba hacerme un lugar en el barrio. Hoy el que no consume tiene un problema. Cuando consume tiene un problema de salud, una adicción, pero debe plata. Y cuando se endeuda se le acerca algún vivo para plantearle alguna idea para cancelar esa deuda. A mí me parece que acá hay dos planos. Uno, es el fortalecer los valores. Y otro es que hay que generar una política, una unidad especial de combate a la venta de drogas por fuera de las fuerzas de seguridad. Tenemos que cortar la venta de drogas. Lo que no tiene que haber en la Argentina es alguien que venda drogas.

P. ¿Otros países han logrado cortar la venta de drogas?

D.A.: Brasil tiene otro mecanismo porque usa las Fuerzas Armadas, cosa muy compleja en Argentina. Colombia ha avanzado algo en eso. La problemática de la venta de drogas está cruzada con la política, con la policía, varias cuestiones. Una cosa es el narcotráfico y la discusión sobre la producción. Lo otro que necesitamos es que nadie esté vendiendo en un barrio. Quebrar eso es fundamental. Si nosotros no generamos un mecanismo de ese estilo, es difícil. Contra los valores va el realismo puro. Si el camino alternativo va mejor que el camino que uno debe hacer, la verdad es que las palabras se terminan.

P.: Parece bastante difícil que estemos encaminados hacia eso...

D.A.: Yo soy optimista. A mí me parece que la política llegó a la conclusión de que hay un problema con el narcotráfico importante, y que esto repercute en el conjunto de la sociedad. Hace seis, ocho meses, no estaba ese consenso. Yo creo que hay dos o tres cosas que hay que sacar de la discusión política. Uno, tenemos que tener el derecho al primer empleo. Todo joven tiene que tener una primera experiencia laboral. Mientras termina la escuela, o porque hay una exención impositiva en empresas. Dos, hay que crear una unidad especial de combate a la venta de drogas. Acuerdo general. Y tercero, tenemos que hablar de que todos terminen la escuela secundaria. Si nosotros aunque sea avanzáramos por ahí, estaríamos dando un paso en la dirección correcta.

P.: ¿El Gobierno es consciente de esta situación?

D.A.: Yo creo que el Gobierno tiene un diagnóstico social equivocado. Creo que el Gobierno ve que las cosas están mejor que en 2003, lo cual es evidente, pero identifica más problemas de corporaciones, problemas mediáticos. El tema del narcotráfico no lo tomó en cuenta, no lo analizó, no lo vio y recién ahora lo está viendo. Estuvo 10 meses la SEDRONAR sin tener ninguna persona, hoy tiene una persona que se especializa en atención, eso ya es un avance. La cuestión del narcotráfico se la pasa a Seguridad. Es discutible, pero por lo menos alguien la va a tomar. Yo creo que están llegando muy tarde a ese tema, que no lo estaban viendo. Pero además tienen la idea de que la economía va bien, entonces no ve los problemas cotidianos. A mí me parece que hay un error de diagnóstico económico en el gobierno, sobre cómo tratar la inflación; social, de creer que las cosas están bien y no están; y político-institucional: hay una especie de vacío institucional, no queda claro quién toma decisiones. Todo ese paquete complica la vida cotidiana, pero no en teoría: en la práctica. El que está llevando la vida como puede, cuando ve que hay saqueos y que todo da lo mismo, va a manotear, porque dice: "Si no lo hago yo, lo va a hacer otro".

P.: Los valores no se reconstruyen fácilmente. Muchas veces se habló de que las crisis económicas se reconstruyen en varias generaciones. ¿Está "década ganada" va a terminar costando una, dos generaciones?

D.A.: A mí me parece que el concepto de la reconstrucción es más rápido ahora con redes sociales y con varias cuestiones. Y que básicamente lo que tenemos es un quiebre de valores, en el sentido de que al que va por el costado le va mejor que al que va por donde tiene que ir. Esto se reconstruye con ejemplaridad. Y requiere de participación. Mi impresión es que cuando los buenos se retiran quedan los vivos y los inescrupulosos. Si el buen tipo del barrio dice "yo no voy a ser concejal porque después me voy a quemar". Si cada uno entiende que lo suyo no está en meterse en lo público porque tiene miedo a quemarse, les está dejando el espacio a los vivos y a los inescrupulosos. Va a depender de cuánto participemos. Yo creo que se acomodan rápido los valores cuando hay ejemplos. Cuando la sociedad ve que alguien va para algún lado dice: "Caminemos por acá". Si al pibe que estudia y trabaja le va bien en el barrio, todos van a querer estudiar y trabajar. Eso es lo que tenemos que lograr. Arriba y abajo.

P.: ¿El resto de los partidos políticos están tomando conciencia de esto?

D.A.: En mi caso formo parte del Frente Renovador. Me parece que en general la política viene para mejor. Que efectivamente, dentro del peronismo, dentro de la alianza entre el FAP y el radicalismo, se van a construir, por lo menos, personas con otros valores. Mi impresión es que viene una política de gente más abierta al diálogo. Eso es un avance. Ahora, el diálogo es un instrumento. Lo que hay que hacer es romper la venta de drogas, lograr que los jóvenes tengan oportunidades.

P.: ¿Qué hacemos con la Justicia en esta materia?

D.A.: Fui Ministro de la provincia de Buenos Aires, estuve a cargo de los institutos de menores, vi que la Justicia y la policía son parte del problema, y que hay que hacer un cambio profundo, que no es lo que está planteando el Gobierno en términos de una lógica de democratización como se plantea. La Justicia va hoy por un carril paralelo y por fuera de dónde va la sociedad.