miércoles, 27 de enero de 2016

 Ayer me entrevistaron en Radio Cut, para el programa Viva la Pepa , aquí el audio completo de la entrevista:

lunes, 25 de enero de 2016

"El sistema político sigue en la lógica de la grieta"

Por: Paulino Rodrigues

El dirigente del Frente Renovador Daniel Arroyo visitó los estudios de InfobaeTV para un diálogo en el que se refirió a la actualidad política-económica, los primeros pasos del nuevo gobierno y el futuro del espacio que integra. El ex viceministro se dijo "sorprendido porque el sistema político siga en la lógica de la grieta porque el grueso de la sociedad no está ahí salvo en los extremos", y añadió: "Pensé que íbamos a salir más rápido".

Arroyo sostuvo que "hay mucha improvisación en la toma de decisiones" y que si "Argentina no cambia su matriz productiva y sólo sigue siendo soja, minería y Vaca Muerta va a seguir con un millón y medio de chicos que no estudian ni trabajan y con 28% de pobres".

Durante la entrevista, manifestó su coincidencia con declarar la emergencia en la seguridad, aunque advirtió: "Si sólo se piensa en sentido de licitación más rápida, ayuda muy poco".

"NO HAY CONCIENCIA SUFICIENTE DE LA SITUACIÓN EN LA QUE ESTÁ LA PROVINCIA"

"Hay que hacerlo como política de Estado y que dure los próximos 20 años. Tenemos que cortar la venta de drogas", dijo con vehemencia tras afirmar que "las ideas de despenalización son un error porque en la práctica es tirar leña al fuego".

Además denunció que "hay connivencia en parte de la política, la Justicia y las fuerzas policiales, pero también hay un montón de gente que mira para un costado o no sabe qué hacer". "No se va a combatir la venta de drogas con la policía, sino con una fuerza por fuera de esa estructura", señaló. En ese sentido sostuvo que "hay que armar un sistema distinto y plantear una agencia federal compuesta por una fuerza con 2000 hombres que bien podrían ser efectivos de la Policía Federal".

Massa y los gobiernos de Macri y Vidal

En términos políticos, el flamante integrante del directorio del Banco Provincia afirmó que Sergio Massa no será candidato en 2017 de Cambiemos. "Es más fácil pensar un acuerdo con el peronismo, que terminar siendo parte de Cambiemos porque nuestro lugar está en el centro progresista con los mejores sectores del justicialismo que se pueda", indicó.

"Somos la oposición aunque razonable. No como otros que están tirando piedras desde el primer día del nuevo gobierno", graficó. Así justificó el apoyo a la gobernabilidad de María Eugenia Vidal en la provincia y la cercanía de Massa con el presidente Mauricio Macri. "Acompañar a buscar inversores es darle institucionalidad al país y apoyar a Vidal a gobernar una provincia quebrada es ayudar a 16 millones de bonaerenses", explicó.

"ESTÁ FALTANDO UN MIRADA MÁS ATENTA DEL GOBIERNO EN LO SOCIAL"

En cuanto a sus diferencias con el nuevo gobierno, apuntó al nombramiento en comisión de dos miembros para la Corte Suprema. Y agregó: "Me preocupa mucho el aumento despiadado de precios que se fueron al demonio y los despidos que hay independientemente que está bien que haya recortes en el sector público".

"Hay pérdida de consumo y en términos sociales ya hay problemas y vemos con preocupación que está faltando una mirada más atenta del gobierno en lo social. Todavía no tiene una política seria en ese punto y es preocupante", señaló.

Pobreza y situación en la provincia

Luego de conocerse nuevos informes que hablan sobre el crecimiento de los adolescentes que no estudian ni trabajan, Arroyo recordó que el fenómeno empezó en los ´90 y que se profundizó en los últimos años. "Hoy el problema es que en todos los barrios hay alguien que vende drogas que en general vive mejor que cualquier otro vecino. Entonces el pibe que estudia y trabaja gana menos y cuando está en el barrio su comparación lo termina devastando. El que vende droga alteró la vida en los barrios", explicó.

"LA GESTIÓN DE SCIOLI FUE DESASTROSA"

Respecto a la provincia de Buenos Aires, dijo que "está quebrada en serio", aunque reconoció que Daniel Scioli "ha quedado bien parado porque sacó el 49% de los votos en la última elección, lo cual le dio una sobrevida política de cara al año que viene".

Igualmente insistió en que "en términos de gestión fue desastroso. Sólo pagó salarios y aguinaldo. La gestión ha sido muy mala. Para no discutir con Cristina sólo pagó salarios. Pudo ser razonable para no entrar en conflicto político con la presidente pero perjudicó mucho a los 16 millones de bonaerenses", dijo el ex candidato a vicegobernador junto a Felipe Solá.

"Vidal sabe que está absolutamente al límite pero el sistema político y económico en general entiendo que no y la provincia tiene que ser repensada. Necesitaría una coparticpación del 24% y no del 20% o tendría que tener un fondo especial del conurbano de al menos $ 25.000 millones. Allí encontraría un punto razonable para funcionar", dijo Arroyo quien cerró su diagnóstico diciendo que "en el interior de la provincia, cuando alguien va a transitar por alguna ruta provincial se despide de la familia como si fuera a un quirófano".

Para acceder a la nota completa, visitar: Fuente: http://www.infobae.com/2016/01/22/1784901-daniel-arroyo-el-sistema-politico-sigue-la-logica-la-grieta

viernes, 22 de enero de 2016

Daniel Arroyo asumió como Director del Banco Provincia

Por: Daniel Sticco 

Juan Curutchet tomó el control de la casi bicentenaria entidad financiera, fue fundada el 15 de enero de 1822, junto a cinco funcionarios que se suman a los tres que continúan en actividad desde la gestión de Gustavo Marangoni.

Se trata de Daniel Arroyo, del Frente Renovador y especialista en desarrollo humano y la realidad social del país en general y de la provincia en particular y Mario Meoni ex intendente de Junín, también ligado al Frente Renovador que encabeza Sergio Massa; en representación del PRO: el economista Carlos Pérez, ex director del Banco Central, director de la Fundación Capital que creó Martín Redrado y ex decano de Economía de la UCA; el contador Mario Biondi y el abogado Felipe Hughes.

Mientras que continúan en funciones Omar Galdurralde, quien asumió en diciembre de 2011, con experiencia en el manejo de la obra social IOMA y en la dirección de bienes y servicios de la provincia entre 2010 y 2011; Rafael Perelmiter, quien se perfilaba como candidato a ocupar el Ministerio de Economía de la Nación si resultaba electo Daniel Scioli, es director de la entidad desde 2009; y Diego Rodrigo, también asumió en 2009, es un abogado radical oriundo de Chacabuco.



El Banco Provincia de Buenos Aires completó la estructura directiva

Juan Curutchet dijo que, como ocurrió durante su gestión como vicepresidente del Banco Ciudad de Buenos Aires, "hoy es el segundo banco en otorgar créditos hipotecarios para la vivienda", aspira a que durante su gestión "el Banco Provincia vuelva a ser sinónimo de crédito hipotecaria para la vivienda para todos los bonaerenses".

Participaron además del acto de asunción de las nuevas autoridades de la entidad financiera el vicegobernador, Daniel Salvador; el ministro del Interior, Obras Públicas y Vivienda, Rogelio Frigerio; el presidente del Banco Nación, Carlos Melconián; el ministro de Gobierno, Federico Salvai, el ministro de Economía provincial, Hernán Lacunza; el secretario de Comunicación, Federico Suárez; el secretario de Medios, Mariano Mohadeb, el secretario General de la Gobernación, Fabián Perechodnik y los intendentes Jorge Macri, Joaquín de la Torre y Martiniano Molina, entre otros.

Fuente: http://www.infobae.com/2016/01/19/1784196-el-banco-provincia-aspira-ser-sinonimo-credito-hipotecario-la-vivienda

lunes, 18 de enero de 2016

Jóvenes con problemas de inserción laboral, un desafío todavía pendiente


LA NACIÓN DOMINGO 17 DE ENERO DE 2016

Reconocer al sujeto de derecho humano "desde la panza de su madre hasta los 24 años". Ese fue el objetivo -enmarcado en el sistema de seguridad social- que definió la ex presidenta Cristina Kirchner para el Plan Progresar, pensado para que los jóvenes puedan terminar sus estudios y presentado en enero de 2014. Dos años después y con más de 700.000 beneficiarios, la situación laboral de la población de esa franja etaria no muestra grandes variaciones. Por entonces, el 52% de las personas de 18 a 24 años tenía problemas de inserción social. Al finalizar el primer año del plan, ese índice se ubicó en el 53%, según los últimos datos disponibles, que están consignados en un informe reciente sobre la problemática juvenil y las políticas posibles para mejorar las oportunidades, elaborado por el Ieral. La situación, según los analistas del centro de estudios, no habría variado demasiado.

El plan es una prestación económica de $ 900 al mes para quienes no trabajan o sí lo hacen, pero de manera informal, o formalmente pero con ingresos menores a tres salarios mínimos -ese límite aplica para el grupo familiar-, y presenten la constancia de inscripción a los estudios o de la condición de alumno regular. En la población hay 900.000 jóvenes que no estudian ni trabajan, los "ni-ni", según las últimas estimaciones del Ieral, de 2014 (sobre la base de la encuesta de hogares del Indec) y representan al 17,7% del colectivo.


"Progresar, hasta aquí, cumplió muy parcialmente sus objetivos -evalúa Daniel Arroyo, ex viceministro de Desarrollo Social de la Nación-. Como elemento positivo se puede marcar el haber instalado el tema central de los jóvenes que no estudian ni trabajan." En cuanto a las dificultades, señala dos. La primera es que el plan llega a los "que están en universidades o en organizaciones sociales" y que califican para recibir el subsidio, porque ni ellos ni sus padres tienen empleo formal, pero no alcanza a los más pobres, "a los que están en los 'no lugares'". La segunda es que "no está vinculando bien con capacitaciones o escuelas de oficios en función de la actividad económica de cada lugar".

Para Eduardo Donza, especialista en trabajo y desigualdad del Observatorio de la Deuda Social (ODSA) de la Universidad Católica Argentina, antes de pensar en mejorar el programa debe resolverse una cuestión de fondo, que casualmente es el objetivo de este tipo de medidas: la inclusión, que "a veces no depende sólo del joven, sino de atributos del hogar". El investigador señala que "muchas veces, los planes colaboran para cubrir algunos gastos básicos, pero no para salir de la pobreza".


A pesar de las intenciones del Estado -además del Progresar existieron iniciativas provinciales y del Ministerio de Trabajo-, los resultados no acompañan. "La razón básica es que el sistema educativo no les da los conocimientos ni las aptitudes necesarias para ingresar al empleo formal -analiza Eduardo Amadeo, ex secretario de Desarrollo Social de la Nación-. Ese 53% coincide con el porcentaje de quienes no terminan la secundaria, y los que la terminan, lo hacen con un pésimo nivel." En 2012, tras el último Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), que estudia el rendimiento de los alumnos de 15 años en 65 países, la Argentina quedó en el puesto 59.

En consonancia, Marcela Romero, gerente comercial de talento en Manpower, explica que para las empresas "es una obviedad que un joven tenga los estudios secundarios completos". La consultora de recursos humanos elaboró un reporte de "escasez de talento" en el que subraya que el 37% de los empleadores argentinos reportó en 2015 haber tenido dificultades en el reclutamiento, principalmente porque los candidatos no se adecuan completamente al perfil buscado y por una falta de habilidades técnicas. Los puestos más difíciles de cubrir son los de técnicos, ingenieros y trabajadores calificados para algún oficio (mecánicos y electricistas, entre otros).

mundo idea
Además de los "ni-ni", otros dos grupos completan el 53% de jóvenes con problemas de inserción social: 500.000 están desocupados y otros 1,3 millones sólo lograron acceder a un empleo precarizado e informal, lo que se traduce en que el 60% de las personas de 18 a 24 años que trabajan no lo hacen en condiciones óptimas.

Esos trabajadores saben que podrían llegar a engrosar la tasa de desempleo juvenil que, según el Ieral y sobre la base de los datos del Indec, se ubica en 19,1%. "La tasa triplica a la de la población general, porque cuando se desacelera la creación de empleo tiende a aumentar la desocupación juvenil por la precarización de su mercado -dice Donza-. Los costos de salida son menores por la falta de antigüedad, por lo que hay una disociación más rápida."

Donza explica que la precarización se traduce en distintas experiencias, según el nivel socioeconómico de las personas. En el caso de ingresos bajos, "los trabajos que consiguen no están registrados y no tienen beneficios", y muchos se vuelcan hacia el cuentapropismo. En los sectores medios, "muchas veces se insertan en actividades como telemarketers o encuestadores, que son de un desgaste mental muy grande", por lo que los lugares donde se ejercen tienen una rotación muy alta. Por último, en el caso de un nivel socioeconómico más alto, menciona la mala utilización de las pasantías, "que en algunos casos son muy injustas, porque las empresas se aprovechan y utilizan el sistema como un tipo de relación laboral y no como un medio de conocer a una persona, formarla y contratarla".

La coyuntura no colabora con la situación: entre los factores que complican, Javier Lindenboim, director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Ceped), de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, destaca la falta de creación de empleo privado (desde 2011, según números oficiales) y la situación de estancamiento de la economía en los últimos cuatro años.

"El Plan Progresar tiene dos años, que justamente fueron de mucha dificultad en el mercado del trabajo: en 2014 hubo una declinación significativa en el volumen absoluto de la fuerza laboral, que según cálculos del Indec llegó a alrededor de 400.000 puestos, lo que significaría aproximadamente un 10% de todos los creados en la década", afirma Lindenboim. Y concluye que "si bien los programas sociales fueron pensados para de compensar esto, el efecto neto fue claramente desventajoso por la situación contrafáctica".

Frente a problemas estructurales de base como las deficiencias en la educación y la precarización del mercado laboral, los expertos coinciden en que, para atacar la problemática juvenil no basta sólo con subsidios. Todos resaltan la importancia de reestructurar el sistema educativo con la ayuda de capacitaciones laborales en los últimos años de escolaridad. Arroyo remarca la importancia de la instalación de una red de tutorías que "busque a los jóvenes donde están", y de elaborar un "sistema dual en la secundaria" que permita una convivencia entre cursada y pasantía de capacitación durante los dos últimos años de escolaridad. También propone la posibilidad de masificar el crédito a tasas bajas para emprendedores.

Por último, sugiere crear el "derecho al primer empleo", una medida que haría que toda empresa que le dé a un joven su primer trabajo reciba ayuda estatal: "Aquellos que contraten a un miembro de esta franja etaria podrían tener el 75% del salario mínimo que le pagan a su empleado cubierto por dos años", aclara.

Amadeo confía en que debe haber "una economía más previsible que premie el riesgo" y un descenso "del costo impositivo laboral". En cuanto a las empresas, cree que podrían aportar con "programas masivos de entrenamiento" y con ayuda a las escuelas de sus zonas para mejorar la calidad educativa.

Algunos analistas aguardan cautelosos los pasos del nuevo equipo económico. "La clave del momento actual es si la Argentina va a estar o no en condiciones de recuperar el dinamismo económico, en cuyo caso, aunque no en lo inmediato, se recuperará la demanda de fuerza laboral, abriendo oportunidades para los jóvenes", concluye Lindenboim.

En condición de pobreza

Los problemas de inserción social de los jóvenes muchas veces determinan la condición de pobreza en sus hogares. Según el informe de Ieral, entre los hogares que habitan personas de 18 a 24 años, un 37,6% son pobres. Los autores agregan que "por tratarse de personas en edad de haber culminado sus estudios de nivel medio", deben asumir el desafío de "cómo ayudar a su familia".

Eduardo Donza, investigador del Observatorio de la Deuda Social Argentina, señala que es un factor determinante para que los jóvenes abandonen sus estudios y busquen trabajo, especialmente entre los varones.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1862978-jovenes-con-problemas-de-insercion-laboral-un-desafio-todavia-pendiente

lunes, 28 de diciembre de 2015

Cinco propuestas para reducir la pobreza

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1856977-cinco-propuestas-para-reducir-la-pobreza 
La situación social impone combinar medidas de acción
En la Argentina empeoró la situación social en los últimos cuatro años. Hoy tenemos 28% de pobreza, 34% de trabajo informal y 1,5 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan. El Estado ha volcado muchos recursos: hoy la asistencia social es de $ 110.000 millones y ocho millones de personas reciben dinero todos los meses como parte del sistema de protección social.
Si conviven una elevada asistencia social y un alto número de pobres quiere decir que el nuevo gobierno seguramente deberá iniciar una nueva etapa en política social que apunte, al menos, a cinco desafíos principales:
2) Apostar a un sistema integrado de apoyo a la primera infancia para fortalecer todo el proceso del embarazo hasta los primeros 6 años de vida, crear jardines de desarrollo infantil para garantizar el cuidado seguro y la estimulación temprana de las niñas y los niños desde los 45 días y hasta los 3 años en situación de vulnerabilidad, además de garantizar la educación inicial universal desde los 3 años.1) Avanzar en la puesta en marcha del derecho al primer empleo. El objetivo es establecer una exención impositiva a las empresas que tomen jóvenes como primer empleo. Los jóvenes son el futuro si tienen presente, y por eso hay que crear un mecanismo para que logren entrar al mundo laboral.
3) Masificar el crédito. Nuestro país tiene una gran red de cuentapropistas (gasistas, plomeros, carpinteros, etcétera) que no son sujetos de crédito bancario y que acceden a préstamos al 100 o 120% anual contra la fotocopia del DNI. Es la población que hoy está sobreendeudada y para la cual hay que masificar el crédito con subsidio de tasa para que acceda a máquinas, herramientas y mejore su producción.
4) Desarrollar una red de atención y prevención de adicciones y crear una unidad especial de combate a la venta de droga. Está claro que hoy las familias se desesperan porque no existen lugares para la atención de personas adictas, y también que aumentó la venta de droga en los barrios. Se trata de generar un esquema institucional especial (por fuera del esquema de seguridad actual) con una única función, que es detectar los puntos de venta y eliminarlos.
La Argentina necesita entrar en una nueva generación de políticas sociales que le permita romper la reproducción intergeneracional de la pobreza. Los problemas macroeconómicos son urgentes, pero en estas cuestiones parece jugarse gran parte de nuestro futuro.5) Ir a un modelo de "empalme" entre planes sociales y trabajo: una persona que tiene un plan social, si consigue un trabajo formal cobra por su trabajo y va haciendo un "empalme" con su plan social conviviendo con ambos sistemas durante un ciclo de dos años. Este proceso va acompañado de la red de tutores que acompañan y de un esquema de capacitación permanente.
El autor es ex viceministro de Desarrollo Social

jueves, 17 de diciembre de 2015

Una política para ayudar a los niños en riesgo

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1854867-una-politica-para-ayudar-a-los-ninos-en-riesgo

Hay cinco realidades que hoy son muy evidentes en nuestro país y representan el mayor desafío para los próximos años:

El que vende droga gana más que el que trabaja y los jóvenes llegan a ese proceso no por fascinación del mundo narco sino por crisis. El ciclo es: un chico que está hacinado en su casa se va a la esquina porque hay más lugar y mejores condiciones; ahí empieza a consumir porque todos lo hacen y luego se endeuda. Y allí es cuando se le acerca alguien a ofrecerle cualquier alternativa para cancelar esa deuda.

Los centros de atención de adicciones están desbordados, con poco equipamiento y pocos profesionales que puedan atender las situaciones críticas. Es evidente que faltan, al menos, 200 centros de atención y que el Estado debe invertir ahí gran parte de sus recursos para cambiar el paisaje social.

El consumo de paco, alcohol u otras sustancias arranca desde edades cada vez más tempranas. En algunos casos a los 8 años, en otros a los 12; lo que está claro es que hay un proceso de "infantilización" de la pobreza y que en ese contexto aparece el consumo de "chicos-adultos" que buscan las opciones que no les da la vida.

La facilidad de acceso a armas hace que la violencia escale rápidamente; así, el partido de fútbol de la canchita de la esquina que generalmente terminaba en insultos termina hoy, muchas veces, a los tiros, lo mismo que cualquier discusión cotidiana.

El Estado ha buscado llegar a los más chicos y cubrir estos problemas a través de mecanismos de transferencia de dinero como la Asignación Universal por Hijo que cubre a más de 3.000.000 de chicos y da una base de arranque económico, pero no ha logrado generar una red de acompañamiento a las familias.

En este contexto hace falta una gran política de Estado que apoye acciones e instituciones como las que encaran la ONG Madres contra el Paco y que ponga el eje en la situación de los niños y adolescentes. Se podría generar un fondo de primera infancia que garantice, de verdad, la cobertura de jardines maternales y salas de 3 y 4 años para que todos los chicos arranquen desde un mismo lugar; también se debería promover una red de tutores con referentes barriales y de las escuelas que pongan foco en el acompañamiento cotidiano de las familias.

Finalmente hace falta cortar la venta de droga en los barrios (quizá con una fuerza especial por fuera de la policía) para que el resto de las acciones no corra siempre detrás y quienes trabajan en la prevención no sientan que viven remando en dulce de leche.

Ex ministro de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires

viernes, 4 de diciembre de 2015

Los problemas sociales

30 noviembre, 2015 - 2:04 pm


Qué deberá enfrentar el nuevo gobierno 
En Argentina empeoró la situación social en los últimos cuatro años. Hoy tenemos 28% de pobreza, 34% de trabajo informal y 1.500.000 jóvenes que ni estudian ni trabajan. El Estado volcó muchos recursos para atender esta problemática: hoy la asistencia social en su conjunto es de $ 110.000 millones y 8 millones de personas reciben dinero todos los meses como parte del sistema de protección social.
Si hay tan alta asistencia social y tan alto número de pobres quiere decir que el nuevo gobierno deberá iniciar una nueva etapa que apunte a:
– Avanzar en la puesta en marcha de Derecho al Primer Empleo. El objetivo es establecer una exención impositiva a las empresas que tomen jóvenes como primer empleo. Los jóvenes son el futuro si tienen presente y por eso hay que crear un mecanismo para que logren entrar al mundo laboral.
– Apostar a un Sistema integrado de apoyo a la primera infancia para fortalecer todo el proceso del embarazo hasta los primeros seis años de vida, crear Jardines de Desarrollo Infantil para garantizar el cuidado seguro y la estimulación temprana de las niñas y niños desde los 45 días.
– Masificar el crédito. Nuestro país tiene una gran red de cuentapropistas (gasistas, plomeros, carpinteros, etc.) que no son sujetos de crédito bancario y acceden a crédito al 100 o 120% anual contra fotocopia de DNI. Es la población para la cual hay que masificar crédito con subsidio de tasa para que acceda a máquinas, herramientas y mejore su producción.
– Desarrollar una Red de atención y prevención de Adicciones y, junto con ello, crear una Unidad Especial de Combate a la Venta de Droga. Es claro que hoy las familias se desesperan porque no existen lugares en donde atender a las personas adictas y, también, es claro que aumentó la venta de droga en los barrios. Se trata de generar un esquema institucional especial (por fuera del esquema de seguridad actual) con una única función que es detectar los puntos de venta y eliminarlos.
– Ir a un modelo de “Empalme” entre planes sociales y trabajo: una persona que tiene un plan social, si consigue un trabajo formal, cobra por su trabajo y va haciendo un “empalme” con su plan social conviviendo con ambos sistemas durante un ciclo de dos años.
Es evidente es que Argentina necesita entrar en una nueva generación de políticas sociales que le permita romper la reproducción intergeneracional de la pobreza. Sin dudas, los problemas macroeconómicos son urgentes pero en estas cuestiones parece jugarse gran parte de nuestro futuro.

Daniel Arroyo
Ex Ministro de Desarrollo Social

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Evento de la Revista NOTICIAS - 1/12/2015

Anoche participé en el auditorio de MALBA , a las 19.50 del acto central de la celebración del 26 aniversario de NOTICIAS: la distinción de los 10 argentinos del año.
Hubo política, espectáculos, trabajo social y deporte; fue el lugar común de una noche notable, donde las diez personalidades que subieron al escenario aprovecharon para compartir alegrías, esperanzas y responsabilidades.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Los ‘ni ni’ son tantos como una década atrás

Fuente: http://www.perfil.com/elobservador/Los-ni-ni-son-tantos-como-una-decada-atras-20151122-0040.html

Un dato que no varió en todo el período Kirchnerista, es que sigue siendo el mismo el número de personas entre 18 y 24 que no tienen una ocupación fija ni se educan. Símbolo de la crisis, es un problema agravado por la droga y la falta de oportunidades.

Por Daniel Arroyo | 22/11/2015 | 03:01




Esquinas. En los barrios más humildes, el problema se agrava porque los jóvenes se suman al narcotráfico. | Foto: Cedoc
La Argentina tiene varios problemas sociales: 28% de pobreza, 34% de informalidad laboral, altos niveles de desigualdad, aumento de la violencia en los hogares y, también, mayor consumo y venta de drogas. Pero tiene un problema aun mayor: cerca de 1,5 millones de jóvenes que no estudian, no trabajan o lo hacen en forma precaria. Esa es la cuestión social más crítica que tiene nuestro país y en donde se juega si realmente tendremos futuro o no.
Se trata de jóvenes de 18 a 24 años que están sin hacer nada o que entran y salen del trabajo y del ámbito educativo con frecuencia. No tienen problemas para realizar la tarea sino que lo que les cuesta es sostener la rutina del trabajo. Lo difícil no es entender qué hacer, sino ir a trabajar todos los días ocho horas, en parte porque muchos no han visto trabajar ni a sus padres ni a sus abuelos.
La misma situación se da en la escuela, en donde el desafío es sostenerse, evitar el desenganche y la abulia. Por eso es necesaria una reforma que revise los objetivos de la escuela secundaria y los vincule con los sectores productivos y los intereses de jóvenes que incorporan muy rápido las nuevas tecnologías.
Son muy pocos los jóvenes que “nunca” estudian ni trabajan. En la mayoría de los casos, se trata de jóvenes que entran y salen; están un tiempo en la escuela, no logran sostenerse y se quedan afuera o enganchan un trabajo con mucha dificultad que, generalmente, no termina de darles continuidad.

El hacinamiento y las adicciones aumentan los problemas: un ciclo frecuente en los grandes centros urbanos (Rosario, Córdoba, conurbano bonaerense) es el de un chico que, estando hacinado en su casa, se va a la esquina porque hay más lugar y mejores condiciones, ahí empieza a consumir porque todos lo hacen y luego se endeuda. Y allí es cuando se le acerca alguien a ofrecerle cualquier alternativa para cancelar esa deuda. Esta es una realidad de la que muchos son víctimas y se completa con una creciente estigmatización que los identifica como culpables de la inseguridad. A esto hay que agregar el alto porcentaje de embarazo adolescente que reproduce nuevamente el esquema de hacinamiento y vuelve a complicar las cosas.
Al que engancha un trabajo o una “changuita” también se le complica porque cuando vuelve al barrio ve que gana menos que el que vende droga o está vinculado a otra actividad. Esta situación aumenta la falta de horizonte y la idea de “no saber para dónde ir” porque da la impresión de que les va mejor a los que andan por la banquina.
Así, un serio problema es que el que estudia y trabaja no es al que le va mejor en el barrio, con lo cual la lectura que cualquier joven puede hacer es que la movilidad social ascendente no está pasando hoy por el trabajo sino por los caminos alternativos.

Este fenómeno no es nuevo pero, sin dudas, se ha agudizado en los últimos años. Los jóvenes “ni ni” surgen como producto de la crisis social, el desempleo y la movilidad social descendente de los 90 que llevó a que, por primera vez en Argentina, la generación de los hijos estuviera peor y tuviera menos oportunidades que la de sus padres. En ese período se consolida la tercera generación de no trabajo (jóvenes que no han visto ni a su padre ni a su abuelo trabajar con continuidad). Pero el neoliberalismo y los 90 no son la única razón de la situación de hoy, ya cerca de la mitad de la segunda década de 2000, siguen afuera de todo.
Se podría decir que los 90 marcaron la precarización, el desempleo y el desenganche de los jóvenes respecto del mundo laboral; mientras que en la última década se agudiza el aumento de ventas de droga en los barrios, el mayor acceso a armas y la idea de que hay caminos alternativos que parecen ser más rentables que los que van por el lado del estudio y el trabajo.
Si los 90 marcaron para los jóvenes la movilidad social descendente, en la última década ese proceso se paró pero no se logró construir un nuevo mecanismo de ascenso social. Un camino que genera un horizonte, que establezca qué tiene que hacer un joven para que le vaya mejor en la vida.
En ese contexto, el Estado ha dado algunas respuestas con acciones como la Asignación Universal por Hijo (que cubre hasta los 18 años) y los Programas Más y Mejor Trabajo (Ministerio de Trabajo) y Conectar Igualdad (Ministerio de Educación). El sector privado financia más de 10 mil becas educativas por año y las organizaciones sociales han extendido redes de acompañamiento escolar y capacitación laboral.

Todas estas iniciativas marcan la preocupación que la sociedad le da a la integración de los jóvenes. Sin embargo, el problema es claramente de una escala mayor y por eso se requieren nuevos instrumentos, muchos recursos, articulación de acciones y una política de Estado que fije como prioridad la inclusión de los jóvenes.
La puesta en marcha del plan Progresar para jóvenes de 18 a 24 años que no estudian, no trabajan o tienen trabajo precario ha sido la última iniciativa del Estado. La transferencia de $ 900 por mes para que los jóvenes completen el ciclo educativo ha sido una buena iniciativa en la medida en que sin un incentivo económico difícilmente el Estado pueda dar o vincularse con los jóvenes.
Sin embargo, da la impresión de que el programa ha salido al revés: llega a los jóvenes que están en algunos lugares (universidades públicas, organizaciones sociales, etc.) pero no a los que están en los “no lugares” (en la esquina, en la plaza, en la puerta de un kiosco, etc.).
Ahora bien, está claro que con ello no alcanza en absoluto y que la sola transferencia de dinero no va a generar un cambio en las condiciones de vida o en las oportunidades de los jóvenes.
De allí la necesidad de avanzar en varias acciones que complementen la transferencia de dinero.

Red de tutores: es clave generar una red de tutores con personas que tengan legitimidad, una maestra que tiene buena llegada, algún pibe de la esquina, un referente barrial o religioso. Se trata de potenciar una red de tutores creíbles a los que los jóvenes sientan que no deben fallarles y que los ayuden a sostenerse en lo laboral o en la escuela. La clave es acompañar y generar espacios de capacitación y entrenamiento en función de sus perfiles y preferencias.

Derecho al primer empleo: una política central es promover el derecho al primer empleo a través de exenciones impositivas a las actividades productivas que incorporen masivamente a jóvenes. Debería ser un derecho que actúe como una política laboral permanente de estímulo fiscal a las empresas que contraten formalmente a jóvenes.

Masificación del crédito: los jóvenes no acceden al crédito bancario por falta de garantías. La masificación de los sistemas de crédito con montos pequeños favorecería la vocación emprendedora y el desarrollo de innovaciones productivas. El desafío es llegar con tasas de interés subsidiadas para jóvenes que tengan buenos proyectos, y apostar a la calidad de sus ideas.

Sistema dual en la escuela secundaria: existe un abismo entre la escuela y el trabajo. De hecho, gran parte de los jóvenes desocupados tienen secundaria completa. Para achicar esa brecha, la idea es ir al sistema dual (en los últimos años, un joven está en la escuela y además hace pasantías o capacitaciones específicas) de modo que vaya empalmando estudio y trabajo.

Escuelas de oficios locales: es necesario trabajar paralelamente los problemas de oferta y de demanda. La conformación de escuelas de oficios es una alternativa importante para la inserción de muchos jóvenes en la economía social ya que se trata de una formación dinámica, flexible y, sobre todo, vinculada a la producción local.
Finalmente, además de avanzar en la conformación de centros de prevención y atención de adicciones, hay que crear una Unidad Especial de Combate a la Venta de Droga. Es claro que aumentó la venta de droga en los barrios y que el pibe que engancha una “changuita” gana menos que el que vende droga, y muchas familias se preguntan si no les es más conveniente poner una cocina de paco. Se trata de generar un esquema institucional especial (por fuera del esquema de seguridad actual) con una única función que es detectar los puntos de venta y eliminarlos.

La idea de que los jóvenes son el futuro es buena si logramos que tengan presente. Desarrollar acciones que realmente impacten sobre sus vidas cotidianas, recuperen el sentido del esfuerzo y la búsqueda del progreso, es la prioridad que nos permitirá construir la Argentina del mañana.
Las acciones que encara el Estado nunca son inocuas. Cuando funcionan mal promueven la frustración, la idea de que nada se puede hacer. Por eso hay que lograr políticas públicas sostenidas en el tiempo, que funcionen bien y cumplan sus metas porque si no, como en el juego de la oca, el Estado va a retroceder cinco casilleros respecto de las expectativas de los jóvenes, y corremos el riesgo de que consoliden una idea que tienen muy arraigada: que muchos hablan pero que nadie hace nada por ellos.



*Ex secretario de Políticas Sociales de la Nación, ex ministro de Desarrollo Social bonaerense y ex candidato a vicegobernador. Autor del libro Las cuatro Argentinas.

martes, 3 de noviembre de 2015

Daniel Arroyo: El desafío de reconstruir la movilidad social ascendente


Por Daniel Arroyo
Publicado en El Cronista.

Daniel Arroyo repasa la evolución de las políticas sociales a lo largo de las tres últimas décadas: del PAN de Alfonsín hasta las políticas focalizadas de Menem. Y el salto hacia la universalización a partir de la AUH durante el kirchnerismo. Las cuentas pendientes para la cuarta década.

1 La política social argentina de los ‘80 y ‘90

La evolución del ciclo completo de los 30 años de democracia nos deja resultados diversos y contradictorios en lo social. La emergencia del Gobierno de Alfonsín trae un cambio importante en la política social que es el surgimiento del PAN (Plan Alimentario Nacional) como el primer programa que reconoce algo poco visible en Argentina: el problema del hambre. Se trata de una política que va a tener muchas dificultades de implementación pero que tiene su principal valor en ir a fondo en un tema que hasta allí no estaba en la agenda pública. El intento de reforma del esquema de organización sindical (rápidamente truncado) es el otro eje de política social de ese gobierno.

Las crisis económicas reiteradas desde el ‘87 y, especialmente, el efecto brutal que la hiperinflación va a tener en los sectores pobres no sólo va a acelerar el cierre de ese ciclo político, sino que también va a inaugurar una nueva demanda social: la estabilización de precios.

Así, las políticas sociales bajo el gobierno de Menem van a tener como eje central la convertibilidad y un proceso de ajuste económico que en un momento parece ser útil para resolver el mal mayor que fue la híper. Los ‘90 marcan el surgimiento de las políticas sociales focalizadas sobre la base de que había que identificar a los grupos vulnerables y sobre ellos aplicar políticas de contención hasta que la economía se acomodara y derramara sobre los más pobres. 

Esa idea se plasmó en diversos programas (muchos financiados en base a endeudamiento con organismos internacionales) que se ejecutaron con mayor o menor capacidad técnica pero que dejaron de tener capacidad de contención a partir del "efecto tequila" del ‘95, cuando la nueva crisis internacional mostró la verdadera escala del problema social en Argentina. 

Nuestro país termina el 2001 con 57% de pobreza, 28% de desocupación y 60% de informalidad económica. Es evidente que fue una década perdida en lo social. La idea de la teoría del derrame, de menos Estado y más mercado dio muy malos resultados sociales. Contrariamente, se puede decir que los últimos años han sido de mejoras en lo social, tanto para Argentina como para América latina. 

2 ¿Qué pasó en la última década?

A partir de allí, es importante analizar cómo evolucionó la política social en estos años y cuál es la agenda de problemas que deben ser resueltos en esta década si efectivamente queremos dar vuelta una estructura social que sigue siendo muy desigual en nuestro país.

Las acciones del Estado en esta última etapa pueden analizarse a partir de tres momentos diferenciados:

En la primera etapa, del 2003 al 2009, la política social se basa en tres grandes ejes:

  • Lo alimentario. La idea de fortalecer tanto la asistencia alimentaria como la comensalidad en el hogar. Se trata de salir paulatinamente de la entrega de los bolsones de comida o comedores y promover que la gente vuelva a comer en la casa.
  • Lo productivo. La idea presente aquí es que la gente sola no consigue trabajo y que el Estado tiene que incidir en la formación y capacitación laboral, en el acompañamiento de las personas para conseguir trabajo y financiar al sector informal de la economía. Financiar máquinas, herramientas, insumos, bienes de capital, que parte de la base de que el entrar en el mundo del trabajo es un trabajo en sí mismo que requiere del acompañamiento estatal.
  • La transferencia de dinero condicionada. Se trata de programas sociales que otorgan dinero a las personas para cumplir determinadas condiciones (trabajar un número de horas o presentar certificados de sus hijos). El primer programa fue el Plan de jefes y jefas de hogar, que en mayo de 2002 alcanza a 2.200.000 personas y luego se complementa con el Plan Familias que diferencia los importes que reciben los hogares en función del número de hijos. La idea clave acá es que la pobreza tiene un claro componente en la falta de ingresos de las familias y que el rol del Estado es capitalizar a los sectores pobres.
Esta primera etapa presenta el intento de ir saliendo de los programas focalizados de la década anterior y apunta a la masividad. La política social en ese período amplía su cobertura, incorpora también un nuevo sector de jubilados, pero no termina de definir un cambio estructural. 

Esta primera etapa presenta el intento de ir saliendo de los programas focalizados de la década anterior y apunta a la masividad. La política social en ese período amplía su cobertura, incorpora también un nuevo sector de jubilados, pero no termina de definir un cambio estructural. 

La segunda etapa está marcada por la puesta en marcha, en diciembre del 2009, de la Asignación Universal por Hijo (AUH). Se trata no sólo de la inversión social más significativa en términos relativos de América Latina sino que implica un cambio conceptual: es el primer modelo de política social que busca equiparar derechos de los hijos de los trabajadores formales e informales, apuntando a que el salario familiar se transforme en un derecho que les corresponda a todos más allá de la posición laboral de los padres.

Hoy tiene 3.400.000 chicos bajo cobertura y representa una transferencia anual de casi 16 mil millones de pesos. Se vinculan aquí dos acciones conjuntas de manera positiva: se sube un piso la línea de ciudadanía (gran parte de la población arranca de un piso más alto en el nivel de ingresos) y se fomenta el consumo local. 

Se puede decir que en esta etapa se produce un giro en la política social en la medida en que se universaliza una base de ingreso a través de la AUH. Es claro que en este proceso quedan varias cuestiones pendientes como la extensión a los sectores que aún no se ha llegado o la sanción de una ley que consolide este derecho.

La tercera etapa es más difusa, se desarrolla a partir de un conjunto de acciones que se consolidan en los últimos años y que van desde la consolidación de una gran red de atención social por parte del Estado, la ampliación de las pensiones no contributivas y, lo más novedoso, el crecimiento de los programas para inserción de jóvenes en el Ministerio de Trabajo y la inclusión digital de los estudiantes secundarios a través del Ministerio de Educación.

3 Las cuestiones pendientes

a) La política alimentaria tiene un gran desafío aún que es cómo apuntarle a la calidad nutricional. La Argentina tiene un alto nivel de cobertura, pero tiene un desafío de la calidad. La política alimentaria debería ir no tanto a más cobertura, bolsones de alimentos o más tarjetas (hacia ahí fue evolucionando) sino a mejorar la promoción de la calidad.

b) El segundo gran paquete del debate de la política pública tiene que ver con el mundo de la empleabilidad y el emprendedorismo, es decir, el trabajo y la producción. Se han dado avances claros con programas como Más y mejor trabajo, o mecanismos de apoyo y acompañamiento para que la gente consiga trabajo, el Estado ha tenido un rol en la intermediación laboral en la discusión con sindicatos y empresarios sobre los salarios mínimos. Sin embargo hay un rol muy activo que el Estado debería fortalecer que es acompañar a la gente a conseguir trabajo; hacer el rol de agencia de empleo.

c) La otra parte del mundo del trabajo está asociada a los microcréditos y los emprendimientos laborales de las personas que están buscando generar su propia actividad productiva. El gran desafío es masificar el crédito a tasa baja para los sectores más pobres. Masificar es generar mecanismos rápidos para transferir dinero a las cuatro millones de personas que necesitan trabajo, que requieren máquinas y herramientas. 

d) Otro eje en el que hay cuestiones pendientes tiene que ver con el sistema previsional. Si bien se ha avanzado en la equiparación de derechos entre el sistema de trabajo formal y el informal, el modelo normativo nacional sigue reproduciendo las asimetrías laborales en la jubilación. Hubo grandes cambios con las pensiones no contributivas, los mayores de 70 años, los niños con discapacidad; también con las pensiones anticipadas y en este sentido también podemos decir que la AUH también modificó la estructura de pensión en la Argentina. Las transformaciones en el sistema de seguridad social achataron la pirámide, es decir, hoy hay más personas que cobran la mínima, más gente que se ha incorporado y, a la vez, se redujo la brecha con aquellos que han contribuido en su vida laboral. De esta manera, se constituye un sistema que camina hacia la universalidad, equiparando derechos en el corto y mediano plazo, aparece el desafío de dotar de sustentabilidad a este esquema.

e) Finalmente, el desafío de mayor relevancia está vinculado con los adolescentes y jóvenes: la situación de las 900.000 personas de 16 a 24 años que no estudian ni trabajan. La transformación de esta realidad es clave no sólo para cumplir con sus derechos, sino también para definir qué país queremos para los próximos 20 años. Es por esto que me detendré con mayor detalle en este punto. La atención específica y adecuada destinada a ellos es una deuda pendiente en la mayoría de los países del mundo, sobre todo en los más pobres y con mayores índices de desigualdad. Cómo hacer para que aquellos que están fuera del sistema puedan revertir su realidad actual y construir mejores futuros, representa un gran desafío técnico y político. Cuando hablamos de jóvenes que no estudian ni trabajan nos referimos a chicos y chicas que, en plena edad de desarrollo no hacen nada, o que entran y salen del trabajo y de la escuela con mucha frecuencia, que no logran sostenerse en el sistema laboral ni en el educativo.

Si miramos de cerca el problema vinculado a la inclusión en el sistema laboral, advertimos algo complejo de modificar por su raíz cultural: los chicos no tienen problemas para aprender la tarea en sí misma sino con la rutina del mundo del trabajo. El problema de los jóvenes pobres no es entender cómo hacer un trabajo, sino el hecho de ir a trabajar todos los días ocho horas. 

Para entenderlo y diseñar las estrategias para cambiarlo es necesario ubicar esta problemática en el contexto histórico y recordar que muchos de estos jóvenes no han visto ni a sus padres o madres, ni a su abuelo trabajar. 

El hacinamiento y las adicciones son otros dos graves problemas vinculados a esta realidad: el ciclo que suele repetirse en los grandes centros urbanos es el de un chico que comienza estando hacinado en su casa, se va a la esquina porque hay más lugar y mejores condiciones, ahí empieza a consumir porque todos lo hacen y luego comienza a endeudarse. Y en ese momento es cuando muchas veces se le acerca una persona a ofrecerle alguna alternativa ilegal para cancelar su deuda. Esta es la realidad en la que muchos jóvenes son víctimas y que se completa con la estigmatización por parte de gran parte de la sociedad, muchas veces alimentada por los medios de comunicación, identificando a éstos jóvenes como los culpables de la inseguridad.

4 Una nueva estructura social 

No sólo se produjeron cambios en las políticas sociales, sino que también se modificó la estructura social en nuestro país con características bien diferenciadas a la de los ‘70 (una sociedad integrada y con movilidad social ascendente) y a la de los ´90 (con el surgimiento de los "nuevos pobres" y la movilidad descendente).

Esta estructura social se puede ver, al menos, en base a cuatro realidades diferentes:
Por un lado, aparece el sector de pobreza estructural, que continúa con las mismas características conceptuales, sin cubrir sus necesidades mínimas, que está concentrado en los grandes centros urbanos y, especialmente, en el NOA, el NEA y el conurbano. Se trata de personas que no cubren lo mínimo, tiene pobreza intergeneracional, no están incorporadas al mundo del trabajo pero son sujetos de gran parte de las políticas sociales y mejoras parciales en la infraestructura básica. Sin duda, los sectores de pobreza estructural a inicios de 2012 son menores y están mejor que en los ‘90, aunque continúan con similares dificultades de inserción laboral. 

Otro grupo que compone la estructura social vigente está integrado por los sectores vulnerables vinculados al mundo del trabajo informal (Argentina tiene cerca de un 35% de informalidad económica), sea por trabajo no registrado o, la mayoría, por ser cuentrapropistas (gasista, plomero, etc.). Los sectores vulnerables se auto-sostienen económicamente y viven de su propio ingreso, no tienen asistencia estatal directa aunque, en ocasiones, pueden ser beneficiados por la AUH. Lo que marca su modo de vida es la precariedad y la falta de previsibilidad. Un docente tiene idea de lo que va a ganar durante un año, puede proyectar sus vacaciones si tiene o no ahorros. Tiene un horizonte de futuro bastante claro. Contrariamente, los sectores vulnerables no gozan de esta posibilidad. Pueden ganar más o menos pero esa falta de previsibilidad es, en gran parte, su preocupación. También paga más impuestos y tiende a ver al Estado como generador de políticas para el sector de pobreza estructural y no para sí mismo. Estos grupos, a diferencia del fenómeno de la nueva pobreza, no están en un proceso de movilidad ascendente. 

La clase media en Argentina se reconstruye vinculada al Estado y al mercado interno. Los docentes, los trabajadores estatales, los empleados vinculados al sector privado vuelven a formar parte de la clase media pero con algún nivel de integración y no en situación de precariedad. Asimismo, se puede observar el aumento del consumo y de la previsibilidad.

Por último, la clase alta continúa con sus niveles de diversificación de intereses productivos en un marco en el que la concentración económica continúa siendo el factor determinante. 

En definitiva, se puede decir que la Argentina está frente a una nueva estructura social. Ha resuelto algunos problemas consolidados en años anteriores y ya no tiene un fenómeno generalizado de movilidad social descendente. También reconstruyó el aparato estatal, tanto en la atención para los sectores de pobreza extrema como en la consolidación para los que tienen trabajo en el sector público. Sin embargo, aún no ha logrado rehacer la idea del camino de la movilidad ascendente por medio de la educación. Este es un problema serio porque hay un contexto de mejora económica en el que no se logra visualizar cuál es el trayecto que se debe seguir para que a nuestros hijos les vaya mejor que a nosotros. Queda claro, entonces, que los próximos años nos enfrentan al desafío de integrar y reconstruir la movilidad social ascendente.