miércoles, 5 de octubre de 2011

Daniel Arroyo, nuevo presidente de Poder Ciudadano


Daniel Arroyo fue electo como nuevo presidente del Consejo de Administración de Poder Ciudadano, la fundación apartidaria y sin fines de lucro que tiene como objetivo la defensa de los derechos cívicos en nuestro país.
La misión es promover la participación ciudadana, la transparencia y el acceso a la información pública para fortalecer las instituciones de la democracia a través de la acción colectiva. Su visión es una red de personas e instituciones comprometidas con los asuntos públicos a escala local, nacional e internacional en pos de sociedades democráticas e inclusivas.
Desde 1993, es el Capítulo Argentino de Transparency International, organización que lidera la lucha contra la corrupción a nivel global. Las líneas estratégicas de trabajo son la transparencia y el control ciudadano; la anticorrupción; el monitoreo de las instituciones; el fortalecimiento de la educación y la participación ciudadanas; y la expansión de los canales de comunicación entre la sociedad civil y el Estado.

"Una señal muy fuerte en términos de inclusión social"

El presidente de Fuerza Solidaria, Daniel Arroyo, y la titular del Patronota de Liberados de la provincia de Buenos Aires, María Alejandra López, firmaron este martes 4 de octubre un convenio de colaboración institucional, con el objetivo de impulsar el financiamiento de microemprendimientos que contribuyan a la inserción social y laboral de las personas liberadas y tuteladas en el territorio bonaerense.
El acuerdo prevé esquemas de financiación o a instituciones de microfinanzas y proyectos de economía social que se desarrollen en el ámbito de la Provincia de Buenos Aires y que permitan el acceso al crédito a un sector social que tiene dificultades para ingresar al mundo del trabajo y para acceder al sistema formal de crédito. También prevé la realización de actividades de capacitación y asistencia técnica.
“Aprendimos que las personas que estuvieron privadas de su libertad o que recibieron una sentencia judicial deben enfrentar muchos obstáculos en el camino de su reinserción laboral. Por eso, es muy importante el apoyo financiero que puedan recibir para generar autoempleo y emprendimientos productivos”, expresó Arroyo durante la firma del convenio.
Por su parte, López señaló que la articulación con Fuerza Solidaria servirá como una “herramienta para refinanciar a aquellos emprendimientos que ya estén en marcha y requieran una nueva inyección de capital”. La titular del Patronato también destacó que la articulación del Patronato con un banco como el Provincia “representa una señal muy fuerte en términos de inclusión social y un incentivo muy fuerte para nuestra población que generó sus propios emprendimientos”.

martes, 4 de octubre de 2011

Fuerza Solidaria firma convenio con el Patronato de Liberados bonaerense

El presidente de Fuerza Solidaria, Daniel Arroyo, y la titular del Patronota de Liberados de la provincia de Buenos Aires, María Alejandra López, firmarán hoy, martes 4 de octubre, un convenio de colaboración institucional, con el objetivo de impulsar el desarrollo de actividades de financiamiento para los microemprendimientos que contribuyan a la inserción social y laboral de las personas liberadas y tuteladas por el Patronato.
El acuerdo se pondrá en marcha a través de esquemas de financiamiento a instituciones de microfinanzas y proyectos de economía social que se desarrollen en el ámbito de la Provincia de Buenos Aires, permitiendo el acceso al crédito a actores sociales/económicos que no accedan al sistema formal de crédito. También prevé la realización de actividades de capacitación y asistencia técnica.
Desarrollado de forma conjunta por el Banco Provincia, el Instituto Provincial de Loterías y Casinos, y el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, Fuerza Solidaria brinda financiamiento a quienes no acceden al crédito.
El programa apoya el fortalecimiento de las organizaciones de la economía social de la provincia de Buenos Aires que desarrollan actividades comunitarias, sociales y asociativas de producción de bienes y servicios y/o comerciales que no tienen acceso al crédito bancario. Contiene dos grandes programas de financiamiento. El primero está dirigido al fortalecimiento de cooperativas de trabajo y pequeños grupos de emprendedores y ofrece líneas de crédito en forma directa para proyectos de economía social. El segundo está destinado a instituciones de microcréditos que otorgan préstamos a microemprendedores individuales.

viernes, 30 de septiembre de 2011

De la crisis de 2001 al nuevo sistema de partidos

Por Daniel Arroyo

Las movilizaciones populares de diciembre de 2001 pusieron en cuestionamiento una forma de pensar las relaciones entre economía, política y sociedad que se había arraigado durante largos años en la dirigencia de la Argentina. A diez años de aquellas jornadas, queda claro que a consigna “Que se vayan todos” –repetida una y otra vez en aquellos días agitados- más que impulsar el fin de la democracia delegativa, mostró una amplia demanda social por un fuerte cambio en el sistema político nacional.
Desde el retorno democrático en 1983 y hasta los meses previos a diciembre de 2001, la Argentina tenía un sistema donde se observaba una predominancia fuerte del bipartidismo. Con los reacomodamientos internos operados tras la derrota de la fórmula integrada por Ítalo Argentino Luder y Deolindo Bittel en 1983, con el surgimiento primero de fuerzas renovadoras lideradas por Antonio Cafiero y más cercanas a la socialdemocracia europea, y luego con el corrimiento hacia posiciones de derecha durante las dos presidencias de Carlos Saúl Menem, el Partido Justicialista logró recomponer sus fuerzas, mostrando su peso tanto en las provincias como en ambas cámaras legislativas. La salida precipitada del presidente Raúl Alfonsín había generado dificultades en el andar del radicalismo que, sin embargo, consiguió volver al poder con Fernando De la Rúa en 1999, a través de una alianza con fuerzas de centroizquierda y del propio peronismo.
Con todo, el sistema bipartidista ya venía mostrando sus grietas desde la misma reapertura del sistema democrático. El surgimiento de terceros partidos con proyección nacional –como el Partido Intrasigente, la Unión del Centro Democrático (Ucedé) y el Frente Grande-, vislumbraba, sea desde posturas de centroizquierda o de centroderecha, que este modelo binario no lograba representar a todo el arco de la opinión pública y que dejaba mostrar sus fallas. Pese a esas experiencias alternativas, un politólogo que observara la realidad política argentina a comienzos de los años noventa, podía concluir, desde una visión satelital, que había un sistema de partidos consolidado, con tibios intentos de nuevas expresiones políticas, a veces por derecha, y otras por izquierda.
Sin embargo, a mediados de la última década del siglo XX, y especialmente después de la crisis económica y financiera de 1998, el sistema político comenzó a resquebrajarse de forma abrupta en la Argentina. Las elecciones legislativas de octubre de 2001 fueron el primer indicio de la explosión que se vivió dos meses más tarde. Se observó un ascenso claro del voto blanco, nulo o impugnado. Surgieron grupos que impulsaban la no participación en el acto electoral. Y otros que proponían llenar los sobres electorales con consignas o elementos que mostraran “la bronca” social contra la dirigencia política.
Y en diciembre de 2001, la Argentina vivió el pasaje de esa crisis de representación –es decir, de cierta idea de que la gente se sentía poco representada por los partidos tradicionales-, hacia protestas y movilizaciones que, directamente, se podrían interpretar como simbologías de la antipolítica y la autorepresentación. En otras palabras, muchos ciudadanos manifestaban no creer “nada en la política” y preferían refugiarse en la esfera íntima, engancharse con la familia, con sus hijos, con la sociedad de fomento, con las ideas barriales, pero eludiendo cualquier mecanismo representativo que tuviera vinculación con el sistema político tradicional. Aquello que, en mayor o menor medida, tuviera alguna vinculación con la política estaba asociado a la corrupción, la ingobernabilidad y el desastre económico. En esos días diciembre, el sistema político colapsó. Y, por varios años, vivió en una crisis absoluta.

ORÍGENES DE LA CRISIS DE REPRESENTACIÓN
Las formas de participación de la sociedad civil tuvieron un giro de relevancia durante la década del noventa. El modelo neoliberal apuntaba en una dirección clara: la búsqueda de la reducción del rol del Estado en el manejo de las fuerzas de la economía y la producción. Las políticas de privatización de las principales empresas públicas transfirieron buena parte de las funciones estatales hacia el mercado. Por otro lado, se impulsaron políticas de descentralización que delegaban actividades hacia el nivel municipal y hacia las propias organizaciones sociales, sin mediar una transferencia de recursos acorde al traspasamiento de esas responsabilidades antes ejercidas por el Estado nacional.
Ese cambio en la relación entre los poderes estatales y la sociedad tuvo su correlato en la crisis de representación política. Durante los 90, se terminó la política de masas articulada por las concepciones ideológicas comunes, con un fuerte componente solidario, y vinculada a una idea organicista del pueblo. Se pasó a un sistema en que la política articulaba principalmente con los medios de comunicación, los operadores y los asesores de imagen. Es decir, a un esquema que marcaba una brecha entre la “macropolítica” –que articula intereses alrededor de los bienes públicos, espacios territoriales de poder y control de los aparatos partidarios- y la “micropolítica”, vinculada a las organizaciones comunitarias y los movimientos sociales con incidencia en aspectos puntuales y sectoriales. La macropolítica aparecía conformada por un umbral reducido de grupos y sectores que tenían capacidad de incidencia en las grandes decisiones nacionales, mientras que la micropolítica aparecía alejada de las decisiones centrales y se desarrollaba como uno de los instrumentos principales para “amortiguar” los efectos de la crisis.
En este contexto, se produjo un lógico distanciamiento entre el sistema político y la esfera de lo social. Así, los ciudadanos planteaban su incredulidad frente a los relatos políticos. Pero esa sociedad delegaba poder y se distanciaba de lo público en un modelo que potenciaba la auto-resolución de las demandas y en donde las acciones colectivas tendían a circunscribirse a hechos puntuales (protestas sectoriales, defensa de espacios verdes o de derechos vulnerados, reivindicaciones locales, etcétera).
De allí, derivó el concepto de “crisis de representación”. Es decir, la idea de que los ciudadanos no se sentían representados en sus demandas, esperaban poco de lo que la política les podía dar y tendían a tratar de resolver sus problemas en el ámbito de lo social y no de lo político. Se trataba de un modelo de delegación, en el que el ciudadano votaba, delegaba el poder en su representante electo y luego se retraía a su ámbito particular. Esta situación no hacía más que aumentar la apatía y la falta de expectativas sobre lo político.
De este modo, el proceso de reformas neoliberales dejó un esquema ambiguo. Por un lado, potenció la constitución de organizaciones sociales y comunitarias que buscaban “resolver” los problemas derivados de las políticas de ajuste estructural. Por otro, amplió las distancias entre la política y la sociedad, reduciendo las posibilidades de articular la acción de los diversos actores sociales.

RUPTURAS Y CONTINUIDADES
Luego de la crisis de 2001, el sistema político comenzó a reconfigurarse con distintas marchas y contramarchas. A partir de mayo de 2003, el presidente Néstor Kirchner supo leer buena parte de las demandas sociales expresadas en aquellas jornadas de diciembre y provocó fuertes variaciones sobre la forma de ejercer la gestión pública. En una conjugación de algunos elementos económicos heterodoxos y otros ortodoxos, apostó al desarrollo de la obra pública, impulsó medidas cercanas al keynesianismo y puso como pilares de su gestión el desendeudamiento y el superávit fiscal. También convirtió a la defensa de los derechos humanos en una política de Estado, encaró una profunda renovación de los jueces de la Corte Suprema, desarrolló políticas sociales amplias, desde un modelo de gestión propicio a la concentración de recursos. En síntesis, volvió a poner a la política en el centro de la toma de decisiones.
Si hasta la crisis de 2001 predominaba la idea de que quien se hiciera cargo de la presidencia debía convocar a economistas, más o menos ortodoxos, pero que fueran respetados por los sectores financieros o empresarios, y luego entregarle el gobierno “llave en mano”, el kirchnerismo reconstruyó la idea de que la voluntad y la participación política podían dar batalla frente a las imposiciones del mercado.
En este sentido, podría señalarse que Néstor Kirchner –y luego Cristina Fernández- son presidentes que se reconocen como actores políticos pero que, a la vez, actúan de manera distinta a los dirigentes anteriores. Al mismo tiempo que entablan lazos con organizaciones sociales que eran desconocidas como actores políticos hasta ese momento, no dudan en ignorar a ciertas instituciones tradicionales, como las cámaras empresariales, las Fuerzas Armadas, los sectores eclesiásticos, etcétera. Es decir, recuperan el valor de la política -y de la voluntad política- como un elemento clave.
En sus primeros años, el kirchnerismo apostó a la “transversalidad” y a la idea de recrear el sistema político argentino. Se buscaba llevar a la práctica la idea de un “peronismo progresista”, que combinara lo popular y lo multitudinario, con programas de centroizquierda . Se intentaba encauzar a la Argentina hacia un sistema de partidos similar a la de muchos países europeos, con dos polos fuertes: uno de centroizquierda y progresista; otro, de centroderecha y conservador. Tal vez la lectura de la correlación de fuerzas, llevó a Kirchner a dejar en un plano secundario esa idea y a luchar de forma abierta por el control del Partido Justicialista.
A partir del conflicto suscitado por la resolución 125 entre el Gobierno nacional y las entidades agropecuarias, las posteriores medidas tomadas por la presidenta Cristina Kirchner, los masivos funerales de los ex presidentes Raúl Alfonsín y, en especial, Néstor Kirchner, podría decirse que hay un resurgimiento del debate y la movilización política en el país. Y, sin dudas, hay una parte importante de la sociedad argentina a la que le interesa mucho la política; y que en ese interés por la política, tensiona a través de las categorías tradicionales de derecha e izquierda. En la Argentina post 2001, hay una revalorización de lo público y ya no está mal visto que alguien tenga una militancia política. Hoy muchos creen que es adecuado participar en la escena pública; y la idea de que todos los políticos son representantes de la corrupción y la impericia, si bien tiene cierta resonancia en algunos sectores sociales, ya no es predominante como en décadas anteriores. Ya en sus primeros años de gestión, el kirchnerismo contribuyó a desmontar esa idea. La política ya no es una mala palabra, un insulto.
El principal cambio es que aquellos interesados por la política, que antes tendían a hacerlo a escondidas, hoy se pueden expresar con mayor libertad. Y esa transformación posibilita que parte de las nuevas generaciones se enganchen más con la política.
Sin embargo, el grueso de la sociedad no construye su identidad en base a su pertenencia ideológica e incluso, en muchos casos, se siente “fuera” de la política. Sectores mayoritarios de la sociedad restringen su participación al acto electoral, votando a quienes creen que va a gobernar o legislar con mayor solvencia, pero sus prioridades pasan por su vida cotidiana, por las cuestiones personales y familiares. La democracia delegativa es un dato de la sociedad posmoderna. Esa lejanía de buena parte de los ciudadanos, resiente esa opción de apostar a generar un partido de masas, al menos pensado en los términos que fueron visibles durante el siglo XX.
El contacto entre política y sociedad tiene hoy, además, a un nuevo actor privilegiado: los medios masivos de comunicación, transformados, a su vez, por las nuevas tecnologías de la conectividad. Un político que necesita hacerse conocido para intervenir con cierto grado de incidencia en el debate público requiere tener presencia en los espacios radiales y televisivos. Entonces, la acción de la política adquiere una modalidad distinta a la de años atrás.
De todas formas, debería considerar posible –y necesaria- la construcción de un nuevo sistema con partidos que tengan marcos conceptuales e ideologías medianamente razonables para una sociedad con características ligadas a la posmodernidad. Y sí debería considerarse posible –y necesario- la religazón de la sociedad y sus líderes, a través de un reestablecimiento de la confianza. En cierta forma, un sistema similar al que impera en las democracias europeas, con partidos mayoritarios, que tenga rumbos ideológicos diferenciados. Pero en la Argentina, en cambio, la división parece darse entre partidos populares y partidos de clase media. El componente distintivo es que nadie se identifica como de derecha, y ni siquiera de centroderecha. En la historia argentina, los que se autodenominaron de derecha, han proporcionado diversas catástrofes, económicas, políticas y sociales. El modelo conservador, el modelo liberal oligárquico que predominó hasta los años cuarenta, fue fraudulento y tuvo fuertes elementos represivos de la vida social. Y la última dictadura, con su saldo horroroso de desaparecidos y exiliados, y su modelo económico aperturista y alocado, han marcado a fuego en el pueblo argentino el concepto de que la derecha está relacionada a políticas excluyentes y violentas. Sin dudas, deberán pasar aún muchas décadas en la Argentina para que alguien pueda decirse de derecha y que la sociedad no interponga una prevención tan fuerte como la actual.
Con el resurgimiento del debate político acontecido en los últimos años, gran parte de la población está dispuesta a escuchar, a ver y a analizar las propuestas que se presentan en la mesa de discusión. Pero, como dijimos, ese interés por la política no debe interpretarse, de forma mayoritaria, como un retorno de la doctrina partidaria como elemento constructor de identidades. La particularidad del peronismo, al que todos los dirigentes parecen suponer como el instrumento adecuado para llegar al poder, sin dudas introduce un elemento diferenciador en la política nacional. El peronismo opera como una maquinaria electoral en general muy eficiente, con muchos intendentes, estructuras consolidadas, unidades básicas y trabajo territorial permanente. Muchos se sienten “peronistas”, pero se trata de una marca identitaria fraccionada y diluida. Ya no es un movimiento que ocupa los sentimientos y los espacios cotidianos de la vida de las personas, como sí lo –junto al radicalismo- durante buena parte del siglo XX.
Hoy, entonces, no parece posible la idea de un partido de masas, de carácter movimientista, que genere ideologías fuertes y que se vuelva permeable en todos los espacios sociales. Con un rotundo respaldo al Frente para la Victoria en las elecciones primarias, la Argentina marcha hacia un nuevo sistema, más o menos fraccionado. La sociedad posmoderna en la que vivimos le da un rol determinado a la política, un espacio limitado. Hoy, se le da mucho más relevancia a la vida privada, a la vida cotidiana, al cuidado del cuerpo. Y, en ese sentido, un nuevo sistema de partidos en la Argentina de aspirar a recuperar la credibilidad y a ocupar con eficacia distributiva y orientación de desarrollo ese espacio determinado que la sociedad le otorga.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Ecos de la visita a Trelew

Daniel Arroyo brindó una charla el viernes 23 de septiembre para el programa "Coloreando Redes", en la ciudad de Trelew. El "Pick Nick de Trabajo", se desarrolló en la Universidad Nacional Patagonia San Juan Bosco, ante los dirigentes que componen parte de la red de trabajo.
Para ver los videos de la visita, hacer click aquí

martes, 27 de septiembre de 2011

Clase abierta en Lomas de Zamora


El ex ministro de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires, Daniel Arroyo, brindará una clase abierta sobre “El aporte de las empresas al desarrollo social en la Argentina. Propuestas para el trabajo articulado”, mañana miércoles 28 de septiembre, a las 19, en el Instituto Superior de Estudios Lomas de Zamora (Portela 625, Lomas). Está organizado por el Colegio Público de Martilleros y Corredores del Departamento Judicial de Lomas de Zamora y el ISEL.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Culmina el curso sobre políticas sociales en Adrogué

Daniel Arroyo disertará en el cierre del Curso sobre Políticas Sociales mañana martes 27 de septiembre, a las 19, en el Mini Auditorio CpT (Bouchard 1060) de Adrogué. Organizado por la Fundación Manantiales, el seminario está destinado a miembros de organizaciones sociales, trabajadores sociales, estudiantes y personas interesadas en temáticas vinculadas con la pobreza y la inclusión social.
En este cuarto y último módulo, Arroyo hablará sobre “Las nuevas ideas para la gestión de Políticas Sociales”. Es decir, tratará el pasaje de la centralidad de los planes alimentarios al debate en torno a lo socioproductivo; la tensión entre “focalización” y “universalidad”; los cambios en la mirada sobre el rol de los programas de transferencia de renta; la emergencia de programas “masivos”; la evolución de las líneas de trabajo en torno al desarrollo local y la economía social: sus límites para incidir sobre el empleo; y el debate en torno al clientelismo.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Encuentro del Servicio de Empleo de AMIA


El ex ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, disertará este domingo 25, a las 17, de septiembre en el Encuentro Anual de los Profesionales del Servicio de Empleo de AMIA, que se realizará en el Hotel Tribeca (Bartolomé Mitre 1265), de la Ciudad de Buenos Aires. Participarán trabajadores de las diversas oficinas de empleo de AMIA del Gran Buenos Aires y del interior del país.
El Servicio de Empleo surgió en el año 1974 como una bolsa de trabajo, dependiente del Área de Acción Social. El objetivo era otorgar la oportunidad de obtener un empleo a quienes se acercaban a buscar ayuda. Se priorizaba brindar la posibilidad de conseguir su propio sustento antes que otorgar un subsidio económico.
La bolsa de trabajo, entonces, se encargaba de buscar oportunidades laborales para quienes se encontraban desempleados, y al mismo tiempo brindaba un servicio gratuito a las empresas para conseguir personal.
Luego del atentado, la AMIA reinició sus actividades reorganizándola bajo el nombre de CODLA, Centro de Orientación y de Desarrollo Laboral de AMIA. Este servicio siguió funcionando bajo la órbita de Acción Social.
Basándose en el éxito alcanzado, en el año 2001 la AMIA firmó un acuerdo con el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) para la creación de una Red de Oficinas de Empleo que amplíe los servicios para empresas y postulantes, a fin de ayudarlos a reducir el impacto de la crisis económica argentina. También se comenzaron a brindar servicios de capacitación y consultoría.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Encuentro de Redes Sociales y Productivas en Trelew


Daniel Arroyo participará este viernes 23 de septiembre en el Tercer Encuentro de Redes Sociales y Productivas “Coloreando Redes” en la ciudad de Trelew, provincia de Chubut. Arroyo disertará, a las 19, en la sede de la Universidad Patagonia San Juan Bosco (9 de Julio y Avenida de los Trabajadores).
Bajo el lema “La argentina post 2001 y la economía social: coloreando redes sociales en Patagonia”, el encuentro busca dar visibilidad, posicionamiento y flujos de comunicación a redes sociales y productivas de la economía social solidaria y comprende charlas, conferencias y talleres. Está organizado por Raúl Alesanco, director creativo de la Consultora Calafate.
Tiene como destinatarios a docentes y estudiantes universitarios, representantes de organizaciones de la sociedad civil que integran el sector de la economía social, representantes de cooperativas, dirigentes comunitarios, funcionarios de organismos públicos y privados, y público en general.
Los objetivos del encuentro son estimular la investigación social de las problemáticas sociales actuales; generar un espacio que aliente el análisis y el debate a fin de compartir y enriquecer las diferentes experiencias e investigaciones en el área de la Economía Social; renovar la apertura de un espacio para el intercambio y la deliberación constructiva que favorezca la necesaria interacción entre la Universidad y los actores sociales y comunitarios que se integran en redes sociales a nivel local, provincial, regional y nacional; colaborar en la búsqueda de respuestas posibles a los problemas sociales de una sociedad multicultural, globalizada; contribuir en el debate contemporáneo sobre la brecha socioeconómica actual, desde un enfoque de género, así como aportar al análisis del rol estatal y el nuevo modelo de ciudadanía que se está reconfigurando en la Argentina.

Congreso sobre valores, pensamiento y tejido social de la YMCA


Daniel Arroyo disertará mañana viernes 23 de septiembre, en un panel sobre “Relación entre educación, pobre y exclusión”, junto a Daniel Filmus y Pablo Micheli, en el marco del “Congreso Nacional sobre Valores, Pensamiento Crítico y Tejido Social”, que organiza la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA). La mesa redonda será, a las 9.30, en el Auditorio Juan Pablo II de la UCA de Puerto Madero, Alicia M. de Justo 1600, de la Ciudad de Buenos Aires.
El objetivo de las jornadas es promover un ámbito de reflexión e intercambio de ideas y pautas de acción que favorezcan la construcción de un mundo mejor y, particularmente, una Argentina mejor. Están dirigidas a jóvenes y adultos provenientes de instituciones públicas y privadas, universidades, empresas, colegios profesionales, cámaras empresarias, iglesias y movimiento ecuménico, organizaciones de la sociedad civil, medios de comunicación y organismos del Estado. Entre los disertantes, también estarán Carlos Gabetta, Gustavo López, Daniel Sabsay, Mario Oporto y Guillermo Jaim Etcheverry.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Visita a Sociedad de Fomento de Fátima

Daniel Arroyo visitará el jueves 22 de septiembre la Sociedad de Fomento del barrio de Fátima (Pilar), en el que se está implementando el programa “Familia Educadora”, que lleva adelante la Fundación del Club CUBA.
La Fundación del Club CUBA nació en 2006 para comprometerse con la mejora de las condiciones de vida de las familias más vulnerables, ofreciéndoles oportunidades de crecimiento y superación. El programa “Familia Educadora” está dedicado a trabajar contra la deserción y el abandono escolar. Focaliza su acción en los barrios vecinos a las dos sedes del Club CUBA, en la sede de Fátima y en la zona de Villa de Mayo y Los Polvorines. El objetivo es fortalecer el rol educador de padres de familias en situación de pobreza para que puedan acompañar la educación de sus hijos, acercándoles herramientas para que puedan acompañar mejor la escolaridad de sus hijos, abordando temas de lecto-escritura, el juego educativo, la psicología evolutiva, comunicación y nutrición, entre otros.

martes, 20 de septiembre de 2011

Tercer módulo del curso sobre políticas sociales en Adrogué

Daniel Arroyo brindará el tercer módulo del Curso sobre Políticas Sociales hoy martes 20 de septiembre, a las 19, en el Mini Auditorio CpT (Bouchard 1060) de Adrogué. Organizado por la Fundación Manantiales, el seminario está destinado a miembros de organizaciones sociales, trabajadores sociales, estudiantes y personas interesadas en temáticas vinculadas con la pobreza y la inclusión social.
En este tercer módulo, se analizarán “Las formas de movilización y participación comunitaria”, con las características, potencialidades y límites de los nuevos movimientos de protesta; la relación de la nueva protesta con la intervención política y las instituciones; de la idea de “nuevos movimientos sociales” al esquema de organización de los desocupados; las nuevas formas de organización: por territorio, por temas o demandas y por grupos de interés; y las nuevas interacciones entre lo político y lo social: los vínculos entre los movimientos sociales, los actores sindicales y la política partidaria.
El ciclo finalizará el próximo martes 27, en el que se desarrollará el cuarto módulo, destinado a “Las nuevas ideas para la gestión de Políticas Sociales”. Es decir, se tratará el pasaje de la centralidad de los planes alimentarios al debate en torno a lo socioproductivo; la tensión entre “focalización” y “universalidad”; los cambios en la mirada sobre el rol de los programas de transferencia de renta; la emergencia de programas “masivos”; la evolución de las líneas de trabajo en torno al desarrollo local y la economía social: sus límites para incidir sobre el empleo; y el debate en torno al clientelismo.
Al finalizar el dictado de los cuatro módulos, cada persona o equipo, elaborará los lineamientos de un Plan de Desarrollo Social para el ámbito en el que esté vinculado, sea un barrio, una organización social, una iglesia u otro grupo de referencia. El objetivo, además de aprobar el curso, es poder armar un esquema que luego cada persona pueda aplicarlo para contribuir a la mejora de la situación social en el lugar que considere adecuado.