El ex viceministro de Desarrollo Social de la Nación, Daniel Arroyo, participará como panelista en la presentación del informe de la Situación Social del Área Metropolitana Buenos Aires-Cáritas Argentina, que se realizará mañana viernes 18 de noviembre, a las 18.30, en el Salón Teatro del Colegio La Salle (Riobamba 650, Ciudad de Buenos Aires).
El informe está basado en el relevamiento realizado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina durante el cuarto trimestre del año 2010 por solicitud de Cáritas Argentina Región Buenos Aires en un trabajo conjunto orientado a un mayor conocimiento de la realidad del Área Metropolitana Buenos Aires. Aborda diversos aspectos socio-económicos y psico-sociales de la zona de mayor concentración poblacional del país.
Cáritas Argentina – Región Buenos Aires, desarrolla su labor de asistencia, promoción y transformación social en el área metropolitana Buenos Aires, comprendida por la Ciudad de Buenos Aires y los 30 partidos del Gran Buenos Aires. Se trata del mayor aglomerado urbano del país, con una concentración de población de 12,8 millones de personas.
Durante 2009 se evaluó la necesidad de contar con datos estadísticos que proporcionaran una mayor claridad respecto de las realidades sociales con las cuales trabaja Caritas, vinculadas a la población en situación de pobreza, acceso a bienes básicos, situación de la tierra y la vivienda, acceso al mercado laboral, desarrollo socio-cultural y otros factores vinculados al completo bienestar de la población vinculados a la seguridad, el tiempo libre, la participación, entre otros.
A partir de esta inquietud se mantuvieron reuniones regulares con el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, con quienes se avanzó en el diseño de un relevamiento del Área Metropolitana Buenos Aires. El relevamiento se realizó durante el último trimestre de 2010 y sus datos se agruparon de acuerdo con el diseño de muestra proporcionalmente en cuatro subzonas del Área Metropolitana.
Bienvenidos al blog con reflexiones y actualidad sobre políticas públicas para la Argentina que viene.
jueves, 17 de noviembre de 2011
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Compromiso en Acción
(publicado en www.solidagro.org.ar)
El pasado 10 de noviembre se realizó, en el auditorio de la Fundación WCI, la 1º Jornada “SER RSE en el Agro. El compromiso en acción” organizada por Solidagro y Revista GENOMA, con el objetivo de brindar un espacio de capacitación e intercambio sobre la Responsabilidad Social Empresaria.
Los asistentes participaron de una actividad grupal, coordinada por la Fundación Valores para Crecer, que buscó introducir el primer panel de exposiciones, titulado “Contexto”. Éste estuvo integrado por Alejandro Langlois, Fabio Quetglas y Daniel Arroyo.
La primera etapa se realizó a través de intercambios con los asistentes en donde se conformaron grupos, cada uno de ellos teniendo que definir en pocas palabras: Sustentabilidad, Integración Social y Articulación público-privada.
De esta manera, a través de la participación del público, los panelistas hablaron en torno a las definiciones de estos tres temas que son tan importantes para la Responsabilidad Social Empresaria.
“La Responsabilidad Social Empresaria tuvo quince años de evolución conceptual que la llevó a una dimensión más integral”, sostuvo Alejandro Langlois al referirse al concepto de sustentabilidad.
Por su parte, Favio Quetglas, resaltó: “La integración social no es un problema sencillo de resolver porque somos sociedades heterogéneas que compartimos la vida en común”.
Por último, Daniel Arroyo explicó que “la Articulación público-privada es trabajar en conjunto entre el sector público, la sociedad civil y el sector privado, a lo que resaltó que debe ser a través de un objetivo en conjunto: “Definir objetivos y metas y luego hacer”
El segundo panel giró en torno a experiencias concretas de RSE en el Agro. Se presentaron los casos de tres empresas exitosas: Grupo Los Grobo, El Tejar y BASF.
Los asistentes estuvieron muy contentos y quedaron entusiasmados para poder continuar con su labor de RSE en sus empresas.
Delfina Irazusta de Lartirigoyen S.A., opinó le gustó la jornada ya que se generó un ámbito para poder intercambiar experiencias.
Por su parte, el Gerente de Producción de Cresud, Sergio Dulcich, sostuvo que “como empresas estamos en lugares urbanos en donde la actividad que desarrollamos tiene mucho impacto en las localidades, por eso necesitamos saber cuáles son las maneras para potenciar la forma de hacer RSE”.
Para Carolina Capelloni, Gerente de Responsabilidad Social Corporativa de Basf, la jornada fue un encuentro para compartir buenas prácticas y conocer referentes en sustentabilidad en el agro y en la Argentina. “Mejorar métodos y trabajar entre pares”.
Por último, Gonzalo Calise de Case New Holland, aseguró: “Me llevo movilización, un concepto más completo de lo que es la Responsabilidad Social Empresaria y la idea de que desde uno se pueden hacer un montón de cosas”.
Finalizada la jornada, Raúl Capaldo de Genoma resaltó: ““Buscamos la interacción y nos arremangamos para trabajar en equipo”. La Directora Ejecutiva de Solidagro, Geraldinde Wasser, destacó que “el desafío de la Jornada es generar un espacio para la formación de una comunidad de empresas del agro comprometidas con la sustentabilidad del país”.y culminó el encuentro el Presidente de Solidagro Ricardo Hara, asegurando que "tenemos que generar una comunidad de RSE entre las empresas del Agro"
El pasado 10 de noviembre se realizó, en el auditorio de la Fundación WCI, la 1º Jornada “SER RSE en el Agro. El compromiso en acción” organizada por Solidagro y Revista GENOMA, con el objetivo de brindar un espacio de capacitación e intercambio sobre la Responsabilidad Social Empresaria.
Los asistentes participaron de una actividad grupal, coordinada por la Fundación Valores para Crecer, que buscó introducir el primer panel de exposiciones, titulado “Contexto”. Éste estuvo integrado por Alejandro Langlois, Fabio Quetglas y Daniel Arroyo.
La primera etapa se realizó a través de intercambios con los asistentes en donde se conformaron grupos, cada uno de ellos teniendo que definir en pocas palabras: Sustentabilidad, Integración Social y Articulación público-privada.
De esta manera, a través de la participación del público, los panelistas hablaron en torno a las definiciones de estos tres temas que son tan importantes para la Responsabilidad Social Empresaria.
“La Responsabilidad Social Empresaria tuvo quince años de evolución conceptual que la llevó a una dimensión más integral”, sostuvo Alejandro Langlois al referirse al concepto de sustentabilidad.
Por su parte, Favio Quetglas, resaltó: “La integración social no es un problema sencillo de resolver porque somos sociedades heterogéneas que compartimos la vida en común”.
Por último, Daniel Arroyo explicó que “la Articulación público-privada es trabajar en conjunto entre el sector público, la sociedad civil y el sector privado, a lo que resaltó que debe ser a través de un objetivo en conjunto: “Definir objetivos y metas y luego hacer”
El segundo panel giró en torno a experiencias concretas de RSE en el Agro. Se presentaron los casos de tres empresas exitosas: Grupo Los Grobo, El Tejar y BASF.
Los asistentes estuvieron muy contentos y quedaron entusiasmados para poder continuar con su labor de RSE en sus empresas.
Delfina Irazusta de Lartirigoyen S.A., opinó le gustó la jornada ya que se generó un ámbito para poder intercambiar experiencias.
Por su parte, el Gerente de Producción de Cresud, Sergio Dulcich, sostuvo que “como empresas estamos en lugares urbanos en donde la actividad que desarrollamos tiene mucho impacto en las localidades, por eso necesitamos saber cuáles son las maneras para potenciar la forma de hacer RSE”.
Para Carolina Capelloni, Gerente de Responsabilidad Social Corporativa de Basf, la jornada fue un encuentro para compartir buenas prácticas y conocer referentes en sustentabilidad en el agro y en la Argentina. “Mejorar métodos y trabajar entre pares”.
Por último, Gonzalo Calise de Case New Holland, aseguró: “Me llevo movilización, un concepto más completo de lo que es la Responsabilidad Social Empresaria y la idea de que desde uno se pueden hacer un montón de cosas”.
Finalizada la jornada, Raúl Capaldo de Genoma resaltó: ““Buscamos la interacción y nos arremangamos para trabajar en equipo”. La Directora Ejecutiva de Solidagro, Geraldinde Wasser, destacó que “el desafío de la Jornada es generar un espacio para la formación de una comunidad de empresas del agro comprometidas con la sustentabilidad del país”.y culminó el encuentro el Presidente de Solidagro Ricardo Hara, asegurando que "tenemos que generar una comunidad de RSE entre las empresas del Agro"
martes, 15 de noviembre de 2011
Entregan el Premio al Microemprendedor 2011
En el marco de las V Jornadas Anuales de Microfinanzas en Argentina, mañana miércoles 16 de noviembre se realizará la entrega de la segunda edición del Premio al Microemprendedor, organizado por Citi, AVINA y Fundación La Nación, en el que Daniel Arroyo integró el jurado de selección. La ceremonia de premiación se efectuará, a las 10.30, en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA (Avenida Córdoba y Uriburu, Ciudad de Buenos Aires).
El certamen busca difundir y reconocer la importancia de las microfinanzas para el desarrollo económico y social de la Argentina. La convocatoria estaba dirigida a microemprendedores de Argentina de bajos recursos, que tengan un crédito activo en instituciones de microfinanzas. Para participar del concurso, los microemprendedores debieron presentarse a través de la institución que les concedió el préstamo. Se evaluó la actitud emprendedora y el impacto de estos resultados en el nivel de vida del emprendedor y su entorno, entre otros criterios. Y se establecieron dos categorías: producción y servicios, con premios de $ 18.000, $12.000 y $6.000 para los tres primeros puestos respectivamente, se otorgaron también menciones especiales de $3.000, para emprendimientos que cuiden el medio ambiente.
También se premió los asesores de crédito de los microemprendedores ganadores de premios, mientras que las instituciones de microfinanzas de las que provienen los ganadores fueron reconocidas con una mención.
El jurado estuvo integrado por Daniel Arroyo (presidente de Fuerza Solidaria), Eduardo Ramos Mejia (representante de la Red Argentina de Instituciones de Microcrédito); Norberto Frigerio (director de Relaciones Institucionales de La Nación); Vivianne Caumont (Country Financial Officer de Citi Argentina); y Pablo Vagliente (AVINA).
El certamen busca difundir y reconocer la importancia de las microfinanzas para el desarrollo económico y social de la Argentina. La convocatoria estaba dirigida a microemprendedores de Argentina de bajos recursos, que tengan un crédito activo en instituciones de microfinanzas. Para participar del concurso, los microemprendedores debieron presentarse a través de la institución que les concedió el préstamo. Se evaluó la actitud emprendedora y el impacto de estos resultados en el nivel de vida del emprendedor y su entorno, entre otros criterios. Y se establecieron dos categorías: producción y servicios, con premios de $ 18.000, $12.000 y $6.000 para los tres primeros puestos respectivamente, se otorgaron también menciones especiales de $3.000, para emprendimientos que cuiden el medio ambiente.
También se premió los asesores de crédito de los microemprendedores ganadores de premios, mientras que las instituciones de microfinanzas de las que provienen los ganadores fueron reconocidas con una mención.
El jurado estuvo integrado por Daniel Arroyo (presidente de Fuerza Solidaria), Eduardo Ramos Mejia (representante de la Red Argentina de Instituciones de Microcrédito); Norberto Frigerio (director de Relaciones Institucionales de La Nación); Vivianne Caumont (Country Financial Officer de Citi Argentina); y Pablo Vagliente (AVINA).
lunes, 14 de noviembre de 2011
Ciudades sustentables 2011

Daniel Arroyo participará mañana martes15 de Noviembre en la XVII Jornada Argentina de Articulación Público Privada “Ciudades Sustentables 2011”, que se realizará en el Hotel Pestana de la ciudad de Buenos Aires (Carlos Pellegrini 877). Organizada por la Fundación Compromiso, la jornada coronará el trabajo generado en cada una de las siete jornadas regionales realizadas este año en el NEA, NOA, Cuyo, Centro y Patagonia. Estarán presentes expertos, representantes de los gobiernos y la sociedad civil y empresarios.
Arroyo moderará, a las 9.30, un panel de expertos en el que disertarán el arquitecto Carlos De Mattos (uruguayo radicado en Chile, especialista en el desarrollo de los territorios); la politóloga Cristina Zurbriggen (docente e investigadora del Proyecto Uruguay de FLACSO); y el antropólogo argentino Mario Rabey (consultor de Naciones Unidas en temas de sustentabilidad y urbanismo).
Luego se presentará un panel de casos, donde representantes de gobiernos locales debatirán sobre las políticas públicas para la generación de ciudades vivibles: planificación del territorio y la sustentabilidad, las principales acciones de economía verde e inclusión social, el rol de los distintos actores en el marco de la articulación público-privada, marco conceptual y estrategias regionales.
La apertura estará a cargo de Marita Carballo (presidenta de Fundación Compromiso);
Nélida Harracá (coordinadora del Proceso Preparatorio Río+20, Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación); Marta Aguilar (jefa de asesores de la Subsecretaría de Planificación Territorial de la Inversión Pública, Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios); y Beatriz Anchorena (directora Ejecutiva de Fundación Compromiso).
La Fundación Compromiso está dirigida a fortalecer fuertemente los vínculos entre la sociedad civil y las empresas en articulación con el Estado, con el fin de producir en conjunto, con consensos y potenciándose en sus capacidades, políticas públicas que promuevan un desarrollo sustentable con inclusión social.
viernes, 11 de noviembre de 2011
“El objetivo de esta década debe ser terminar sin pobreza ni exclusión”
El licenciado Daniel Arroyo, ex ministro de Desarrollo Social de la Provincia de Buenos Aires, consideró hoy que el objetivo de esta década que comienza “es terminar la exclusión y la pobreza”. En ese marco, consideró debería venir una etapa con prioridad para los políticas enfocada en los jóvenes.
En diálogo con INFOCIELO, Arroyo consideró fundamental apuntar a los jóvenes en situación de vulnerabilidad desde “la inclusión, el crédito para emprendimientos y la capacitación laboral”.
En ese marco, destacó la labor de su sucesor, Baldomero “Cacho” Álvarez de Olivera, y su programa Envión, el cual, justamente, apunta a los adolescentes. “Creo que Cacho, junto al gobernador Daniel Scioli, hicieron punta en esto y lo van a seguir haciendo”, aseguró.
“La década anterior ha sido de ganancia en materia social y, en este contexto de crecimiento económico, seguramente seguirá la misma tendencia”, explicó Arroyo, quien ahora se desempeña como titular de la asociación Fuerza Solidaria del Banco Provincia.
Por último, Arroyo destacó el papel de la Asignación Universal por Hijo como una política que “establece un piso de ciudadanía” y “le permite a las provincias enfoscarse en problemas más específicos, como puede ser la juventud”.
En diálogo con INFOCIELO, Arroyo consideró fundamental apuntar a los jóvenes en situación de vulnerabilidad desde “la inclusión, el crédito para emprendimientos y la capacitación laboral”.
En ese marco, destacó la labor de su sucesor, Baldomero “Cacho” Álvarez de Olivera, y su programa Envión, el cual, justamente, apunta a los adolescentes. “Creo que Cacho, junto al gobernador Daniel Scioli, hicieron punta en esto y lo van a seguir haciendo”, aseguró.
“La década anterior ha sido de ganancia en materia social y, en este contexto de crecimiento económico, seguramente seguirá la misma tendencia”, explicó Arroyo, quien ahora se desempeña como titular de la asociación Fuerza Solidaria del Banco Provincia.
Por último, Arroyo destacó el papel de la Asignación Universal por Hijo como una política que “establece un piso de ciudadanía” y “le permite a las provincias enfoscarse en problemas más específicos, como puede ser la juventud”.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Congreso Internacional de Economía y Gestión

En el marco del V Congreso Internacional de Economía y Gestión, el ex ministro de Desarrollo Social bonaerense, Daniel Arroyo, expondrá sobre “Articulación de iniciativas con impactos sociales positivos en el sector
privado lucrativo y de las OSC” este jueves 10 de noviembre, de 15 a 17, en el aula 410
de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA (Avenida Córdoba 2122).
Arroyo compartirá el panel junto a Miguel Marcelo Canetti (subdirector del CIARS y docente de la UBA) y María del Carmen Rodríguez de Ramírez (directora del CIARS y profesora de la UBA y otras universidades nacionales).
Dentro de la conceptualización amplia de la Contabilidad, en esta mesa de debate el interés radica en explorar nuevos enfoques que contribuyan a la integración de iniciativas y al aumento de la transparencia y la accountability a través de un abordaje que considere la complejidad de los fenómenos sociales involucrados, particularizando en el ámbito de las iniciativas con impactos sociales positivos encaradas en el sector privado lucrativo y de las OSC.
Se busca enriquecer esta construcción a través de intercambios con otras áreas disciplinares que desarrollan, también, enfoques diversos que es preciso conocer. En este sentido, el aporte desde la mirada de las ciencias políticas de quien ha cumplido funciones que le permitieron actuar sobre la realidad social argentina resulta sumamente interesante para analizar potencialidades de la articulación público privada en el contexto actual del mercado de trabajo y la situación de los jóvenes, de las perspectivas del sector informal y de la evolución del sistema de seguridad social en Argentina.
El Quinto Congreso Internacional de Economía y Gestión “Econ 2011”, se realiza desde el 7 al 10 de noviembre, y tiene como misión constituir un foro para el tratamiento de la realidad económica actual y su proyección hacia el futuro, difundiendo las actividades académicas de todos sus niveles.
Jornada "Ser RSE en el agro"
Daniel Arroyo brindará una charla sobre “Articulación Público – Privada” en el marco de la Primera Jornada de Responsabilidad Social Empresaria “Ser RSE en el agro” que se realizará hoy jueves 10 de noviembre, a las 9, en la Fundación WCI (Santa Fe 846 piso 3).
Arroyo compartirá el panel con Alejandro Langlois, quien hablará sobre la sustentabilidad, y Fabio Quetglas, quien expondrá sobre integración social. En otros paneles de la jornada también participarán Ricardo Hara (presidente de Solidagro), Raúl Capaldo (director de Genoma), Alex Ehrenhaus (coordinador corporativo de Responsabilidad Social Empresaria de Los Grobo), Elisa Iraneta (responsable de Compromiso con la Comunidad de El Tejar) y Carolina Cappelloni (gerente de Responsabilidad Social Corporativa de BASF).
El objetivo de este encuentro es brindar un espacio de capacitación e intercambio sobre la Responsabilidad Social Empresaria aplicada al sector agropecuario que genere y potencie acciones de RSE dentro de las empresas del sector, entendiendo éstas como herramientas indispensables para lograr el desarrollo sustentable.
martes, 8 de noviembre de 2011
Charla en la Cátedra Konrad Adenauer

En el marco de la Cátedra Konrad Adenauer, el ex ministro de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires, Daniel Arroyo, brindará una charla sobre “La política social en Argentina y en la economía social de mercado” este miércoles 9 de noviembre, a las 14.30, en la Universidad Católica Argentina (Aula 112 del edificio San José, Avenida Alicia Moreau de Justo 1600).
En la cátedra, también disertarán Oscar Ensinck, presidente Asociación Civil de Estudios Populares (ACEP); Bernd Löhmann, representante de la KAS en la República Argentina; Ernesto Parselis, vicerrector de Asuntos Institucionales de la Universidad Católica Argentina; Néstor Auza (CONICET), Arturo Lafalla (ex Gobernador de Mendoza); Marcelo Resico (UCA – Fundación Konrad Adenauer); Juan José Llach (ex Ministro de Educación de la Nación); Joaquín de la Torre (intendente de San Miguel); Patricio Millán (director Departamento de Economía de la UCA); y Marcelo Camusso (director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la UCA), entre otros.
Curso sobre descentralización gubernamental

Daniel Arroyo brindará un curso sobre "Descentralización gubernamental: Desafíos de la implementación de políticas públicas a escala local" este martes 8 de noviembre en la sede del Ministerio de Trabajo (Avenida Leandro N. Alem y Tucumán). Está orientado a todos los empleados, cualquiera sea su rango, del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social.
En esta primera jornada, Arroyo disertará sobre el marco conceptual de descentralización gubernamental y el Desarrollo Local en el contexto actual.
Los objetivos del curso son analizar el marco teórico y los conceptos vinculados a la descentralización gubernamental y el desarrollo local para un mejor abordaje de la temática; investigar los diversos modelos de gestión existentes con el fin de conocer las formas en las que se pueden ejecutar las políticas públicas; identificar los niveles e instrumentos de planificación local; conocer estrategias de coordinación para una mejor implementación de las políticas públicas en el territorio; y reflexionar sobre casos concretos en el territorio de descentralización gubernamental y de implementación de políticas públicas con el objetivo que los participantes puedan incorporar herramientas útiles en su tarea cotidiana. El curso consta de cinco jornadas de tres horas cada una.
lunes, 7 de noviembre de 2011
Fábricas recuperadas en Argentina, un salvavidas en tiempos de crisis
(publicado en www.atinachile.cl, sábado 5 de noviembre de 2001)
En tiempos difíciles el esquema de cooperativas, basado en la solidaridad, se convirtió para miles de familias argentinas en el salvavidas que las sacó de la crisis.
El sistema de cooperativas
En una de las fábricas argentinas, el secreto más codiciado por los empleados de cualquier empresa, no tiene mayores sorpresas.
Las 85 personas que trabajan allí, desde el personal de limpieza hasta el obrero o el presidente del directorio, tienen el mismo salario que ronda unos 1.000 dólares. Todos reciben además un informe semanal sobre los gastos e ingresos de la compañía.
Pero no siempre fue así. En agosto de 2000 esta fábrica metalúrgica era propiedad de una familia que de un día para otro se declaró en quiebra y cerró las instalaciones.
La Justicia decretó finalmente que se trataba de una quiebra fraudulenta y decidió concederles a los empleados la gestión de la fuente de trabajo. En plena crisis económica, los primeros tiempos fueron difíciles, pero poco a poco lograron organizarse y empezaron a llegar los beneficios.
Uno de los frutos inesperados de la crisis argentina del período 2001-2002 fue que ante la alternativa de quedar en la calle por el cierre de miles de empresas, muchos obreros iniciaron acciones legales para que se les traspasara a ellos la administración. Y el resultado fue asombrosamente exitoso.
Actualmente hay unas 240 empresas recuperadas por los trabajadores que dan empleo a unas 30.000 personas. Los rubros son variados, desde alimentación hasta flotas de taxis. Éstas funcionan bajo un original sistema de cooperativas, sin dueños ni patrones y beneficios igualitarios. Cada decisión se toma en asamblea por consenso, hasta los despidos.
Según explica Luis Alberto Caro, presidente del Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas, "numerosos jueces argentinos han resuelto en todo el país darle a los obreros la posibilidad de continuar en el establecimiento. Y después, ese conflicto de la propiedad se resuelve porque jurídicamente los trabajadores compran el establecimiento utilizando las deudas por vacaciones y sueldos que la empresa tenía con ellos".
El modelo se debe a la crisis
Algunos especialistas consideran que este modelo se dio gracias a la gravísima situación que vivió la Argentina a comienzos de siglo, por lo que no descartan que se pueda repetir ahora en otros países.
En Buenos Aires, el ex ministro de Desarrollo Social Daniel Arroyo describe cómo era el contexto argentino para explicar el fenómeno de las fábricas recuperadas: "57% de pobres, 28% de desocupados y 60% de informalidad económica. O sea, la persona que se quedaba sin trabajo sabía que no tenía ninguna chance”.
Los expertos creen que Grecia, un país que atraviesa una crisis compleja como la de la Argentina en el año 2001, podría ser uno de los sitios donde resulte factible la aplicación de este método.
Algunos llaman a esta tendencia “comunismo del siglo XXI”, pero los trabajadores no aspiran a extender este sistema puertas afuera de las fábricas y rechazan cualquier vínculo con los partidos políticos.
Y aunque hay quienes dudan que sea posible sostener en el tiempo el esquema de salarios igualitarios, lo cierto es que esta experiencia basada en la solidaridad se ha convertido para miles de familias en el salvavidas que las sacó de la crisis.
En tiempos difíciles el esquema de cooperativas, basado en la solidaridad, se convirtió para miles de familias argentinas en el salvavidas que las sacó de la crisis.
El sistema de cooperativas
En una de las fábricas argentinas, el secreto más codiciado por los empleados de cualquier empresa, no tiene mayores sorpresas.
Las 85 personas que trabajan allí, desde el personal de limpieza hasta el obrero o el presidente del directorio, tienen el mismo salario que ronda unos 1.000 dólares. Todos reciben además un informe semanal sobre los gastos e ingresos de la compañía.
Pero no siempre fue así. En agosto de 2000 esta fábrica metalúrgica era propiedad de una familia que de un día para otro se declaró en quiebra y cerró las instalaciones.
La Justicia decretó finalmente que se trataba de una quiebra fraudulenta y decidió concederles a los empleados la gestión de la fuente de trabajo. En plena crisis económica, los primeros tiempos fueron difíciles, pero poco a poco lograron organizarse y empezaron a llegar los beneficios.
Uno de los frutos inesperados de la crisis argentina del período 2001-2002 fue que ante la alternativa de quedar en la calle por el cierre de miles de empresas, muchos obreros iniciaron acciones legales para que se les traspasara a ellos la administración. Y el resultado fue asombrosamente exitoso.
Actualmente hay unas 240 empresas recuperadas por los trabajadores que dan empleo a unas 30.000 personas. Los rubros son variados, desde alimentación hasta flotas de taxis. Éstas funcionan bajo un original sistema de cooperativas, sin dueños ni patrones y beneficios igualitarios. Cada decisión se toma en asamblea por consenso, hasta los despidos.
Según explica Luis Alberto Caro, presidente del Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas, "numerosos jueces argentinos han resuelto en todo el país darle a los obreros la posibilidad de continuar en el establecimiento. Y después, ese conflicto de la propiedad se resuelve porque jurídicamente los trabajadores compran el establecimiento utilizando las deudas por vacaciones y sueldos que la empresa tenía con ellos".
El modelo se debe a la crisis
Algunos especialistas consideran que este modelo se dio gracias a la gravísima situación que vivió la Argentina a comienzos de siglo, por lo que no descartan que se pueda repetir ahora en otros países.
En Buenos Aires, el ex ministro de Desarrollo Social Daniel Arroyo describe cómo era el contexto argentino para explicar el fenómeno de las fábricas recuperadas: "57% de pobres, 28% de desocupados y 60% de informalidad económica. O sea, la persona que se quedaba sin trabajo sabía que no tenía ninguna chance”.
Los expertos creen que Grecia, un país que atraviesa una crisis compleja como la de la Argentina en el año 2001, podría ser uno de los sitios donde resulte factible la aplicación de este método.
Algunos llaman a esta tendencia “comunismo del siglo XXI”, pero los trabajadores no aspiran a extender este sistema puertas afuera de las fábricas y rechazan cualquier vínculo con los partidos políticos.
Y aunque hay quienes dudan que sea posible sostener en el tiempo el esquema de salarios igualitarios, lo cierto es que esta experiencia basada en la solidaridad se ha convertido para miles de familias en el salvavidas que las sacó de la crisis.
sábado, 5 de noviembre de 2011
Pensando el agro que viene

(publicado en Clarín Rural, sábado 5 de noviembre de 2011)
Por LUCAS VILLAMIL
“Hay que ser muy optimistas, porque en los últimos años se han desarrollado capacidades innovativas que colocaron a la Argentina en la cima de las buenas prácticas. Pero aún queda la mitad del vaso vacío, ya que existe una gran heterogeneidad y se debe dar acceso a esas prácticas al conjunto de la producción. Además, es un buen momento para avanzar en la diferenciación de producto”. Así lo indicó esta semana el ex director de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL-Naciones Unidas) Bernardo Kosakoff, en diálogo con Clarín Rural , en el marco de la 8° Jornada del Foro de la Cadena Agroindustrial Argentina, que reunió en Santa Fe a analistas y referentes del sector con el objetivo de pensar los desafíos que depararán los próximos años.
Está claro que la coyuntura actual es muy favorable para el desarrollo de la agroindustria, y hay que aprovechar el viento a favor para atar los cabos que mantengan el barco más estable en futuras tormentas. Según Kosakoff, hay que tener horizontes más largos. “En la inestabilidad, uno no puede tomar decisiones que vayan más allá de los próximos seis meses, pero para desarrollar la cadena del cerdo o lograr productos diferenciados uno tiene que tener una visión de por lo menos tres o cinco años”, destacó, y se mostró optimista para los próximos años, aunque aclaró que no necesariamente se está frente a una tendencia de largo plazo. “Tenemos que pensar cómo aprovechar las materias primas que tenemos para profundizar el fortalecimiento de las cadenas hacia arriba y hacia abajo. Si no se aprovecha la renta actual para lograr esta dinámica de cambio estructural, tendremos problemas graves en el futuro”, advirtió Kosakoff.
En la misma línea, el ex secretario de Agricultura Marcelo Regúnaga remarcó la necesidad de establecer una política de Estado a largo plazo para promover el crecimiento del empleo, la economía y el desarrollo territorial de la Argentina. “Estamos convencidos de que el bienestar de la sociedad argentina depende en buena medida de cómo evolucionen su agricultura, sus agroindustrias y sus proveedores de insumos y servicios”, afirmó Regúnaga, en sintonía con un documento presentado por el Foro de la Cadena durante la reunión (Ver Propuestas...).
Por su parte, el economista jefe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), Juan Manuel Garzón, afirmó que el crecimiento de las cadenas agropecuarias debe apuntar fundamentalmente a la generación de empleo. Garzón presentó un informe en el que pronosticó que hay perspectivas muy buenas para los próximos diez años en el mercado de carnes en el mundo y declaró que la Argentina tendría que llegar al 28 por ciento de exportación de carnes bovina, porcina y aviar. Al respecto, señaló que “de darse los contextos planteados, se generarán 2,8 millones de nuevos puestos de trabajo hacia el 2020”.
El que más viajó para estar presente en el centro de convenciones frente al renovado puerto de Santa Fe fue, sin dudas, el indio Ramesh Sharma, economista senior de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y especialista en el análisis de las negociaciones agrícolas de la OMC, quien, en diálogo con este diario, advirtió que “cuando se está creciendo económicamente como la Argentina, no se puede depender de un solo producto o cliente”, en alusión a las relaciones comerciales con China y el claro dominio de la soja en el portfolio de exportaciones. “China continuará importando porque no tiene otra opción, pero quién sabe si no encontrará otros proveedores”, advirtió Sharma, y consideró que “las políticas de restricciones a las exportaciones adoptadas por varios países no han conseguido que se reduzcan los precios internos de los productos que utilizan como insumos a los commodities, como el pan, los quesos, y otros derivados de la misma índole”.
Uno de los aportes más claros que tuvo la jornada al pensar la estrategia para capitalizar el crecimiento económico fue el del ex ministro de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires Daniel Arroyo, quien estableció cuatro desafíos fundamentales que enfrenta el país: la pobreza estructural, la informalidad económica, la desigualdad, y los 900.000 jóvenes desempleados de entre 16 y 24 años. “Gran parte de estos desafíos se construyen potenciando el desarrollo de las regiones. Al potencial de la cadena agroindustrial hay que agregarle servicios de salud y educación”, remarcó, y explicó que la inmigración a las grandes ciudades se mantiene constante a pesar del desarrollo del interior del país. “Antes sucedía porque los pobladores rurales buscaban trabajo en las industrias, pero hoy es porque quieren estar cerca de los centros de salud y educación. Hoy hay desarrollo regional en términos de actividad productiva, pero no en salud y educación”, detalló.
En este contexto, Arroyo propuso descentralizar los recursos a las regiones, generar un plan para la inclusión de los jóvenes y brindar incentivos fiscales a las industrias que ocupan mano de obra masivamente. “Hay que masificar los recursos y extender el crédito”, reclamó.
La conclusión de la jornada fue una confirmación de lo que se viene escuchando últimamente en los ámbitos de debate de la cadena agroindustrial. Las posibilidades para una transformación profunda están dadas, pero es necesario que los guiños entre actores públicos y privados se traduzcan en medidas y acciones de ambos lados que generen una confianza, con una visión de largo plazo.
viernes, 4 de noviembre de 2011
De la crisis de 2001 al nuevo sistema de partidos

(publicado en la revista "Reseñas y Debates", número 69, Noviembre 2011)
Por Daniel Arroyo
Las movilizaciones populares de diciembre de 2001 pusieron en cuestionamiento una forma de pensar las relaciones entre economía, política y sociedad que se había arraigado durante largos años en la dirigencia de la Argentina. A diez años de aquellas jornadas, queda claro que la consigna “que se vayan todos” –repetida una y otra vez en aquellos días agitados–, más que impulsar el fin de la democracia delegativa, mostró una amplia demanda social por un fuerte cambio en el sistema político nacional.
Desde el retorno democrático en 1983 y hasta los meses previos a diciembre de 2001, la Argentina tenía un sistema donde se observaba una predominancia fuerte del bipartidismo. Con los reacomodamientos internos operados tras la derrota de la fórmula integrada por Ítalo Argentino Luder y Deolindo Bittel en 1983, con el surgimiento primero de fuerzas renovadoras lideradas por Antonio Cafiero y más cercanas a la socialdemocracia europea, y luego con el corrimiento hacia posiciones de derecha durante las dos presidencias de Carlos Saúl Menem, el Partido Justicialista logró recomponer sus fuerzas, mostrando su peso tanto en las provincias como en ambas cámaras legislativas. La salida precipitada del presidente Raúl Alfonsín había generado dificultades en el andar del radicalismo que, sin embargo, consiguió volver al poder con Fernando De la Rúa en 1999, a través de una alianza con fuerzas de centroizquierda y del propio peronismo.
Con todo, el sistema bipartidista ya venía mostrando sus grietas desde la misma reapertura del sistema democrático. El surgimiento de terceros partidos con proyección nacional –como el Partido Intransigente, la Unión del Centro Democrático (Ucedé) y el Frente Grande– dejaba vislumbrar, sea desde posturas de centroizquierda o de centroderecha, que este modelo binario no lograba representar a todo el arco de la opinión pública y mostraba sus fallas. Pese a esas experiencias alternativas, un politólogo que observara la realidad argentina a comienzos de los años noventa, podría haber concluido, desde una visión satelital, que había un sistema de partidos consolidado, con tibios intentos de nuevas expresiones políticas, a veces por derecha y otras por izquierda.
Sin embargo, a mediados de la última década del siglo XX, y especialmente después de la crisis económica y financiera de 1998, el sistema político comenzó a resquebrajarse de forma abrupta en la Argentina. Las elecciones legislativas de octubre de 2001 fueron el primer indicio de la explosión que se vivió dos meses más tarde. Se observó un ascenso claro del voto blanco, nulo o impugnado. Surgieron grupos que impulsaban la no participación en el acto electoral. Y otros que proponían llenar los sobres electorales con consignas o elementos que mostraran “la bronca” social contra la dirigencia política.
Y en diciembre de 2001, la Argentina vivió el pasaje de esa crisis de representación –es decir, de cierta idea de que la gente se sentía poco representada por los partidos tradicionales– hacia protestas y movilizaciones que, directamente, se podrían interpretar como simbologías de la antipolítica y la auto-representación. En otras palabras, muchos ciudadanos manifestaban no creer “nada en la política” y preferían refugiarse en la esfera íntima, engancharse con la familia, con sus hijos, con la sociedad de fomento, con las ideas barriales, pero eludiendo cualquier mecanismo representativo que tuviera vinculación con el sistema político tradicional. Aquello que, en mayor o menor medida, tuviera alguna vinculación con la política estaba asociado a la corrupción, la ingobernabilidad y el desastre económico. En esos días de diciembre el sistema político colapsó. Y, por varios años, vivió en una crisis absoluta.
Orígenes de la crisis de representación
Las formas de participación de la sociedad civil tuvieron un giro de relevancia durante la década del noventa. El modelo neoliberal apuntaba en una dirección clara: la búsqueda de la reducción del rol del Estado en el manejo de las fuerzas de la economía y la producción. Las políticas de privatización de las principales empresas públicas transfirieron buena parte de las funciones estatales hacia el mercado. Por otro lado, se impulsaron políticas de descentralización que delegaban actividades hacia el nivel municipal y hacia las propias organizaciones sociales, sin mediar una transferencia de recursos acorde al traspasamiento de esas responsabilidades antes ejercidas por el Estado nacional.
Ese cambio en la relación entre los poderes estatales y la sociedad tuvo su correlato en la crisis de representación política. Durante los 90 se terminó la política de masas articulada por las concepciones ideológicas comunes, con un fuerte componente solidario y vinculadas a una idea organicista del pueblo. Se pasó a un sistema en que la política articulaba principalmente con los medios de comunicación, los operadores y los asesores de imagen. Es decir, a un esquema que marcaba una brecha entre la “macropolítica” –que articula intereses alrededor de bienes públicos, espacios territoriales de poder y control de los aparatos partidarios– y la “micropolítica”, vinculada a las organizaciones comunitarias y los movimientos sociales con incidencia en aspectos puntuales y sectoriales. La macropolítica aparecía conformada por un umbral reducido de grupos y sectores que tenían capacidad de incidir en las grandes decisiones nacionales, mientras que la micropolítica aparecía alejada de las decisiones centrales y se desarrollaba como uno de los instrumentos principales para “amortiguar” los efectos de la crisis (Floreal Forni, Organizaciones económicas populares).
En este contexto, se produjo un lógico distanciamiento entre el sistema político y la esfera de lo social. Así, los ciudadanos planteaban su incredulidad frente a los relatos políticos. Pero esa sociedad delegaba poder y se distanciaba de lo público en un modelo que potenciaba la auto-resolución de las demandas y en donde las acciones colectivas tendían a circunscribirse a hechos puntuales (protestas sectoriales, defensa de espacios verdes o de derechos vulnerados, reivindicaciones locales, etcétera). De allí derivó el concepto de “crisis de representación”. Es decir, la idea de que los ciudadanos no se sentían representados en sus demandas, esperaban poco de lo que la política les podía dar y tendían a tratar de resolver sus problemas en el ámbito de lo social y no de lo político. Se trataba de un modelo de delegación, en el que el ciudadano votaba, delegaba el poder en su representante electo y luego se retraía a su ámbito particular. Esta situación no hacía más que aumentar la apatía y la falta de expectativas sobre lo político.
De este modo, el proceso de reformas neoliberales dejó un esquema ambiguo. Por un lado potenció la constitución de organizaciones sociales y comunitarias que buscaban “resolver” los problemas derivados de las políticas de ajuste estructural. Por otro, amplió las distancias entre la política y la sociedad, reduciendo las posibilidades de articular la acción de los diversos actores sociales.
Rupturas y continuidades
Luego de la crisis de 2001, el sistema político comenzó a reconfigurarse con distintas marchas y contramarchas. A partir de mayo de 2003, el presidente Néstor Kirchner supo leer buena parte de las demandas sociales expresadas en aquellas jornadas de diciembre y provocó fuertes variaciones sobre la forma de ejercer la gestión pública. En una conjugación de algunos elementos económicos heterodoxos y otros ortodoxos, apostó al desarrollo de la obra pública, impulsó medidas cercanas al keynesianismo y puso como pilares de su gestión el desendeudamiento y el superávit fiscal. También convirtió a la defensa de los derechos humanos en una política de Estado, encaró una profunda renovación de los jueces de la Corte Suprema, desarrolló políticas sociales amplias, desde un modelo de gestión propicio a la concentración de recursos. En síntesis, volvió a poner a la política en el centro de la toma de decisiones. Si hasta la crisis de 2001 predominaba la idea de que quien se hiciera cargo de la presidencia debía convocar a economistas, más o menos ortodoxos, pero que fueran respetados por los sectores financieros o empresarios, y luego entregarle el gobierno “llave en mano”, el kirchnerismo reconstruyó la idea de que la voluntad y la participación política podían dar batalla frente a las imposiciones del mercado. En este sentido, podría señalarse que Néstor Kirchner –y luego Cristina Fernández– son presidentes que se reconocen como actores políticos pero que, a la vez, actúan de manera distinta a los dirigentes anteriores. Al mismo tiempo que entablan lazos con organizaciones sociales que eran desconocidas como actores políticos hasta ese momento, no dudan en ignorar a ciertas instituciones tradicionales, como las cámaras empresariales, las Fuerzas Armadas, los sectores eclesiásticos, etcétera. Es decir, recuperan el valor de la política –y de la voluntad política– como un elemento clave.
En sus primeros años, el kirchnerismo apostó a la “transversalidad” y a la idea de recrear el sistema político argentino. Se buscaba llevar a la práctica la idea de un “peronismo progresista” que combinara lo popular y lo multitudinario con programas de centroizquierda (estas ideas fueron plasmadas en el libro de Torcuato Di Tella y Néstor Kirchner, Después del derrumbe: teoría y práctica política en la Argentina que viene, publicado en 2003). Se intentaba encauzar a la Argentina hacia un sistema de partidos similar a la de muchos países europeos, con dos polos fuertes: uno de centroizquierda y progresista; otro, de centroderecha y conservador. Tal vez la lectura de la correlación de fuerzas llevó a Kirchner a dejar en un plano secundario esa idea y a luchar de forma abierta por el control del Partido Justicialista.
A partir del conflicto suscitado por la resolución 125 entre el Gobierno nacional y las entidades agropecuarias, de las posteriores medidas tomadas por la presidenta y de los masivos funerales de los ex presidentes Raúl Alfonsín y –en especial– Néstor Kirchner, podría decirse que hay un resurgimiento del debate y la movilización política en el país. Y, sin dudas, hay una parte importante de la sociedad argentina a la que le interesa mucho la política, y que en ese interés por la política tensiona a través de las categorías tradicionales de derecha e izquierda. En la Argentina post 2001 hay una revalorización de lo público y ya no está mal visto que alguien tenga una militancia política. Hoy muchos creen que es adecuado participar en la escena pública, y la idea de que todos los políticos son representantes de la corrupción y la impericia, si bien tiene cierta resonancia en algunos sectores sociales, ya no es predominante como en décadas anteriores. Ya en sus primeros años de gestión, el kirchnerismo contribuyó a desmontar esa idea. La política ya no es una mala palabra, un insulto. El principal cambio es que aquellos interesados por la política, que antes tendían a hacerlo a escondidas, hoy se pueden expresar con mayor libertad. Y esa transformación posibilita que parte de las nuevas generaciones se enganchen más con la política.
Sin embargo, el grueso de la sociedad no construye su identidad en base a su pertenencia ideológica e incluso, en muchos casos, se siente “fuera” de la política. Sectores mayoritarios de la sociedad restringen su participación al acto electoral, votando a quienes creen que van a gobernar o legislar con mayor solvencia, pero sus prioridades pasan por su vida cotidiana, por las cuestiones personales y familiares. La democracia delegativa es un dato de la sociedad posmoderna. Esa lejanía de buena parte de los ciudadanos resiente esa opción de apostar a generar un partido de masas, al menos pensado en los términos que fueron visibles durante el siglo XX.
El contacto entre política y sociedad tiene hoy, además, a un nuevo actor privilegiado: los medios masivos de comunicación, transformados, a su vez, por las nuevas tecnologías de la conectividad. Un político que necesita hacerse conocido para intervenir con cierto grado de incidencia en el debate público requiere tener presencia en los espacios radiales y televisivos. Entonces, la acción de la política adquiere una modalidad distinta a la de años atrás.
De todas formas, debería considerarse posible –y necesaria– la construcción de un nuevo sistema con partidos que tengan marcos conceptuales e ideologías medianamente razonables para una sociedad con características ligadas a la posmodernidad. Y sí debería considerarse posible –y necesario– la religazón de la sociedad y sus líderes, a través de un reestablecimiento de la confianza. En cierta forma, un sistema similar al que impera en las democracias europeas, con partidos mayoritarios, que tenga rumbos ideológicos diferenciados. Pero en la Argentina, en cambio, la división parece darse entre partidos populares y partidos de clase media. El componente distintivo es que nadie se identifica como de derecha, ni siquiera de centroderecha. En la historia argentina, los que se autodenominaron de derecha han proporcionado diversas catástrofes económicas, políticas y sociales. El modelo conservador, el modelo liberal oligárquico que predominó hasta los años cuarenta, fue fraudulento y tuvo fuertes elementos represivos de la vida social. Y la última dictadura, con su saldo horroroso de desaparecidos y exiliados, y su modelo económico aperturista y alocado, han marcado a fuego en el pueblo argentino el concepto de que la derecha está relacionada a políticas excluyentes y violentas. Sin dudas, deberán pasar aún muchas décadas en la Argentina para que alguien pueda decirse de derecha y que la sociedad no interponga una prevención tan fuerte como la actual.
Con el resurgimiento del debate político acontecido en los últimos años, gran parte de la población está dispuesta a escuchar, a ver y a analizar las propuestas que se presentan en la mesa de discusión. Pero, como dijimos, ese interés por la política no debe interpretarse como un retorno de forma mayoritaria de la doctrina partidaria como elemento constructor de identidades. La particularidad del peronismo, al que todos los dirigentes parecen suponer como el instrumento adecuado para llegar al poder, sin dudas introduce un elemento diferenciador en la política nacional. El peronismo opera como una maquinaria electoral en general muy eficiente, con muchos intendentes, estructuras consolidadas, unidades básicas y trabajo territorial permanente. Muchos se sienten “peronistas”, pero se trata de una marca identitaria fraccionada y diluida. Ya no es un movimiento que ocupa los sentimientos y los espacios cotidianos de la vida de las personas, como sí lo fue –junto al radicalismo– durante buena parte del siglo XX.
Hoy, entonces, no parece posible la idea de un partido de masas, de carácter movimientista, que genere ideologías fuertes y que se vuelva permeable en todos los espacios sociales. Con un rotundo respaldo al Frente para la Victoria en las elecciones primarias, la Argentina marcha hacia un nuevo sistema, más o menos fraccionado. La sociedad posmoderna en la que vivimos le da un rol determinado a la política, un espacio limitado. Hoy se le da mucho más relevancia a la vida privada, a la vida cotidiana, al cuidado del cuerpo. Y, en ese sentido, un nuevo sistema de partidos en la Argentina debe aspirar a recuperar la credibilidad y a ocupar con eficacia distributiva y orientación de desarrollo ese espacio determinado que la sociedad le otorga.
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