El Lic. Daniel Arroyo fue entrevistado hoy por Franco Rinaldi en el programa Francotransmisor por Radio UBA 87.9. En la entrevista se tocaron distintos temas: el funcionamiento de los servicios públicos en Argentina, los desafíos sociales para los próximos años y la situación de los jóvenes que no estudian ni trabajan.
Bienvenidos al blog con reflexiones y actualidad sobre políticas públicas para la Argentina que viene.
lunes, 12 de marzo de 2012
Hoy en Radio UBA
El Lic. Daniel Arroyo fue entrevistado hoy por Franco Rinaldi en el programa Francotransmisor por Radio UBA 87.9. En la entrevista se tocaron distintos temas: el funcionamiento de los servicios públicos en Argentina, los desafíos sociales para los próximos años y la situación de los jóvenes que no estudian ni trabajan.
martes, 6 de marzo de 2012
Comienza curso de políticas sociales en la Escuela de Gobierno de Chaco

En la ciudad de Resistencia, Daniel Arroyo dará inicio este jueves 8 y viernes 9 de marzo al curso “La planificación y la gestión de las políticas sociales en la Argentina de hoy”, que se desarrollará en la órbita de la Escuela de Gobierno de la Provincia de Chaco. El curso se extenderá entre los meses de marzo y mayo de este año.
El primer módulo estará dedicado a “La gestión local y los instrumentos de planificación social”. Se abordarán temas como la política social y la gestión local, los conceptos de regionalización y desarrollo local, y la Elaboración de diagnósticos locales. También se trabajará sobre el análisis de la estructura social, los actores involucrados, los niveles institucionales intervinientes en el territorio y las políticas implementadas. Y se estudiarán los distintos niveles de planificación (Plan, Programa, Proyecto) y la importancia de la planificación estratégica como instrumento para la gestión Provincial y Municipal.
La Escuela de Gobierno de la Provincia del Chaco fue creada en mayo de 2008, como Programa de Formación en Políticas Públicas y Ciudadanía. Se propone la generación de conocimiento científico y la formación integral, continua y de excelencia en el área de formación de liderazgo de procesos de democratización, transformación y modernización económica y social, en los ámbitos público y privado.
Diálogo Ciudadano
Daniel Arroyo, presidente de Poder Ciudadano, dará mañana una charla titulada “Articulación de las organizaciones de la sociedad civil y el Estado en la realidad actual”, en el marco de una jornada organizada por Diálogo Ciudadano, en la que también se homenajeará al Padre Hernán Pérez Etchepare. El evento tendrá lugar en la Fundación Osde.
La inclusión de los jóvenes es la prioridad
Daniel Arroyo
El debate acerca del número de jóvenes que no estudian, no trabajan o lo hacen en condiciones precarias (1,5 millones, 900 mil o 400 mil según quién los cuente) no debe hacernos perder de vista el punto central: la inclusión de los jóvenes es el desafío más importante que tenemos en materia social y es la prioridad en donde debemos volcar todos los esfuerzos.
Se trata de la vida de jóvenes de 16 a 24 años que muchas veces están sin hacer nada, o que entran y salen del trabajo y de la escuela con mucha frecuencia. Es decir, no logran sostenerse ni en el sistema laboral ni en el sistema educativo. Si bien es un hecho que trasciende nuestro país (un estudio reciente de la ONU revela que el desempleo juvenil general triplica al de los adultos), en nuestro caso esta situación tiene características particulares.
Los jóvenes argentinos no tienen problemas para realizar la tarea en sí misma sino para poder seguir la rutina del trabajo. El problema no es entender cómo hacer la tarea, sino poder sostener el ritmo e ir a trabajar todos los días ocho horas. Esto es así por varias razones, entre ellas que muchos no han visto trabajar ni a sus padres ni a sus abuelos o los han visto trabajar en condiciones informales. Muchos jóvenes sienten que ese esfuerzo no vale, tienen baja autoestima, están desmotivados o discriminados en su propio barrio.
La misma situación se traslada al sistema educativo, en donde el gran desafío es sostenerse, mantener el ritmo, no caerse. Por eso es necesaria una reforma que revise los objetivos de la escuela secundaria y del nivel terciario y los ponga en línea con los sectores productivos y los intereses que tienen jóvenes que se adaptan mucho más rápido a la actual dinámica de nuestras sociedades. Esta situación hace que la abulia y la sensación de desenganche con la escuela suceda tanto en lo jóvenes pobres como en los de clase media.
El hacinamiento y las adicciones son otros dos graves problemas: el ciclo que suele repetirse en los grandes centros urbanos es el de un chico que comienza estando hacinado en su casa, se va a la esquina porque hay más lugar para estar y mejores condiciones, ahí empieza a consumir porque todos lo hacen y luego se endeuda. Y en ese momento es cuando muchas veces se le acerca una persona a ofrecerle cualquier alternativa para cancelar su deuda. Esta es una realidad de la que muchos son víctimas y que se completa con la estigmatización de una parte de la sociedad que tiende a identificarlos como los culpables de la inseguridad.
El Estado ha comenzado a dar respuestas con algunas acciones significativas como la Asignación Universal por Hijo y los Programas Más y Mejor Trabajo para jóvenes y Conectar Igualdad. El sector privado ha hecho lo suyo con el financiamiento de más de 10 mil becas educativas el año pasado y las organizaciones sociales han extendido redes vinculadas con el acompañamiento escolar y la capacitación laboral.
Sin embargo, queda claro que el problema es de una escala mayor a la respuesta que estamos dando y que se requieren nuevos instrumentos, muchos recursos, articulación de acciones y considerar a la inclusión de los jóvenes como una política de Estado.
De allí la necesidad de avanzar en algunas líneas:
1 - Fondo Federal de Inclusión Joven. Siendo la prioridad, se podría crear un fondo significativo con recursos estatales y aportes del sector privado para concentrar allí el financiamiento de proyectos tanto para poner en marcha actividades productivas, culturales y de servicios como educativas y de apoyo a organizaciones sociales que trabajen con jóvenes. Se trata de contar con recursos económicos en escala y concentrados para atender al grupo social más crítico.
2- Políticas de fortalecimiento familiar. La prioridad inclusión joven, también implica la prioridad de promover el derecho a la “protección integral de la familia” garantizado por el artículo 14 bis de la Constitución Nacional. Fortalecer integralmente a las familias jóvenes es una política pública estratégica e integradora para buscar superar los círculos intergeneracionales de la pobreza y volver a soñar con la movilidad social ascendente.
3 – Red de tutores. Es clave generar una red de tutores no tanto por instituciones sino por algunas personas específicas, alguna maestra que tiene buena llegada, un referente joven, vecinal o religioso, un técnico de club de barrio. Se trata de potenciar una red de tutores creíbles para los jóvenes a los que sientan que no tienen que fallarles, y que puedan ayudarlos a sostenerse en su tarea laboral o en la escuela. La tarea del tutor es acompañar, no sólo “contener”, sino apuntar a crear espacios en donde puedan recibir capacitación y entrenamiento en función de su perfil y sus preferencias.
4 - Derecho al primer empleo. Una política central para lo laboral es promover el derecho al primer empleo a través de exenciones impositivas a las actividades productivas que incorporen masivamente a jóvenes. Podría ser considerado un derecho y debería actuar como una política laboral permanente de estímulo fiscal a las empresas que contraten formalmente a jóvenes. Se trata de un esquema que seguramente provoca debate, pero que se enmarca en la idea de que hoy los jóvenes no entran masivamente en el mercado de trabajo y que hay que generar políticas que fuercen esta situación.
5 – Masificación del microcrédito. La mayor parte de los jóvenes no accede al crédito bancario por falta de garantías, por no tener casa o no tener auto. La masificación de los sistemas de créditos con montos pequeños apuntarían a favorecer la vocación emprendedora, potenciar el desarrollo de innovaciones productivas y tecnológicas y, también generar líneas para arreglo y mejora de viviendas. El desafío es llegar con tasas de interés subsidiadas para jóvenes que tengan buenos proyectos, apostar a la calidad de sus ideas y a proyectos que sean sustentables. Sólo será posible ver efectiva la prioridad en los jóvenes cuando quede claro que tienen financiamiento accesible para mejorar su presente y construir su propio futuro.
6 – Calificación de escuelas de oficios locales. Facilitar la inserción laboral de los jóvenes supone trabajar paralelamente los problemas de oferta y de demanda de mano de obra, que en su conjunto moldean el desempleo juvenil y el trabajo precario. La conformación de escuelas de capacitación o de oficios puede ser una alternativa muy importante para la inserción social de muchos jóvenes en la economía social ya que se trata de una formación dinámica, flexible y vinculada a la producción local.
La idea de que los jóvenes son el futuro es un buen concepto en la medida en que potenciemos lo que existe y demos un salto hoy. Encarar acciones que realmente tengan impacto sobre la vida cotidiana, aumenten la autoestima, la vocación emprendedora y recuperen el sentido del esfuerzo y la búsqueda del progreso personal y familiar. La Argentina del futuro empieza ahora, invertir en los jóvenes es invertir en desarrollo.
En el 2013 cumpliremos 30 años continuos de democracia y, sin dudas, la mejor forma de fortalecerla será dando pasos sustantivos en esta línea. Es ahora el momento de hacerlo, todos tenemos que sentirnos convocados, tenemos que dar vuelta la situación y tomar a la inclusión de los jóvenes como una prioridad real. Si no lo hacemos en este contexto de crecimiento económico, ¿cuándo?
El debate acerca del número de jóvenes que no estudian, no trabajan o lo hacen en condiciones precarias (1,5 millones, 900 mil o 400 mil según quién los cuente) no debe hacernos perder de vista el punto central: la inclusión de los jóvenes es el desafío más importante que tenemos en materia social y es la prioridad en donde debemos volcar todos los esfuerzos.
Se trata de la vida de jóvenes de 16 a 24 años que muchas veces están sin hacer nada, o que entran y salen del trabajo y de la escuela con mucha frecuencia. Es decir, no logran sostenerse ni en el sistema laboral ni en el sistema educativo. Si bien es un hecho que trasciende nuestro país (un estudio reciente de la ONU revela que el desempleo juvenil general triplica al de los adultos), en nuestro caso esta situación tiene características particulares.
Los jóvenes argentinos no tienen problemas para realizar la tarea en sí misma sino para poder seguir la rutina del trabajo. El problema no es entender cómo hacer la tarea, sino poder sostener el ritmo e ir a trabajar todos los días ocho horas. Esto es así por varias razones, entre ellas que muchos no han visto trabajar ni a sus padres ni a sus abuelos o los han visto trabajar en condiciones informales. Muchos jóvenes sienten que ese esfuerzo no vale, tienen baja autoestima, están desmotivados o discriminados en su propio barrio.
La misma situación se traslada al sistema educativo, en donde el gran desafío es sostenerse, mantener el ritmo, no caerse. Por eso es necesaria una reforma que revise los objetivos de la escuela secundaria y del nivel terciario y los ponga en línea con los sectores productivos y los intereses que tienen jóvenes que se adaptan mucho más rápido a la actual dinámica de nuestras sociedades. Esta situación hace que la abulia y la sensación de desenganche con la escuela suceda tanto en lo jóvenes pobres como en los de clase media.
El hacinamiento y las adicciones son otros dos graves problemas: el ciclo que suele repetirse en los grandes centros urbanos es el de un chico que comienza estando hacinado en su casa, se va a la esquina porque hay más lugar para estar y mejores condiciones, ahí empieza a consumir porque todos lo hacen y luego se endeuda. Y en ese momento es cuando muchas veces se le acerca una persona a ofrecerle cualquier alternativa para cancelar su deuda. Esta es una realidad de la que muchos son víctimas y que se completa con la estigmatización de una parte de la sociedad que tiende a identificarlos como los culpables de la inseguridad.
El Estado ha comenzado a dar respuestas con algunas acciones significativas como la Asignación Universal por Hijo y los Programas Más y Mejor Trabajo para jóvenes y Conectar Igualdad. El sector privado ha hecho lo suyo con el financiamiento de más de 10 mil becas educativas el año pasado y las organizaciones sociales han extendido redes vinculadas con el acompañamiento escolar y la capacitación laboral.
Sin embargo, queda claro que el problema es de una escala mayor a la respuesta que estamos dando y que se requieren nuevos instrumentos, muchos recursos, articulación de acciones y considerar a la inclusión de los jóvenes como una política de Estado.
De allí la necesidad de avanzar en algunas líneas:
1 - Fondo Federal de Inclusión Joven. Siendo la prioridad, se podría crear un fondo significativo con recursos estatales y aportes del sector privado para concentrar allí el financiamiento de proyectos tanto para poner en marcha actividades productivas, culturales y de servicios como educativas y de apoyo a organizaciones sociales que trabajen con jóvenes. Se trata de contar con recursos económicos en escala y concentrados para atender al grupo social más crítico.
2- Políticas de fortalecimiento familiar. La prioridad inclusión joven, también implica la prioridad de promover el derecho a la “protección integral de la familia” garantizado por el artículo 14 bis de la Constitución Nacional. Fortalecer integralmente a las familias jóvenes es una política pública estratégica e integradora para buscar superar los círculos intergeneracionales de la pobreza y volver a soñar con la movilidad social ascendente.
3 – Red de tutores. Es clave generar una red de tutores no tanto por instituciones sino por algunas personas específicas, alguna maestra que tiene buena llegada, un referente joven, vecinal o religioso, un técnico de club de barrio. Se trata de potenciar una red de tutores creíbles para los jóvenes a los que sientan que no tienen que fallarles, y que puedan ayudarlos a sostenerse en su tarea laboral o en la escuela. La tarea del tutor es acompañar, no sólo “contener”, sino apuntar a crear espacios en donde puedan recibir capacitación y entrenamiento en función de su perfil y sus preferencias.
4 - Derecho al primer empleo. Una política central para lo laboral es promover el derecho al primer empleo a través de exenciones impositivas a las actividades productivas que incorporen masivamente a jóvenes. Podría ser considerado un derecho y debería actuar como una política laboral permanente de estímulo fiscal a las empresas que contraten formalmente a jóvenes. Se trata de un esquema que seguramente provoca debate, pero que se enmarca en la idea de que hoy los jóvenes no entran masivamente en el mercado de trabajo y que hay que generar políticas que fuercen esta situación.
5 – Masificación del microcrédito. La mayor parte de los jóvenes no accede al crédito bancario por falta de garantías, por no tener casa o no tener auto. La masificación de los sistemas de créditos con montos pequeños apuntarían a favorecer la vocación emprendedora, potenciar el desarrollo de innovaciones productivas y tecnológicas y, también generar líneas para arreglo y mejora de viviendas. El desafío es llegar con tasas de interés subsidiadas para jóvenes que tengan buenos proyectos, apostar a la calidad de sus ideas y a proyectos que sean sustentables. Sólo será posible ver efectiva la prioridad en los jóvenes cuando quede claro que tienen financiamiento accesible para mejorar su presente y construir su propio futuro.
6 – Calificación de escuelas de oficios locales. Facilitar la inserción laboral de los jóvenes supone trabajar paralelamente los problemas de oferta y de demanda de mano de obra, que en su conjunto moldean el desempleo juvenil y el trabajo precario. La conformación de escuelas de capacitación o de oficios puede ser una alternativa muy importante para la inserción social de muchos jóvenes en la economía social ya que se trata de una formación dinámica, flexible y vinculada a la producción local.
La idea de que los jóvenes son el futuro es un buen concepto en la medida en que potenciemos lo que existe y demos un salto hoy. Encarar acciones que realmente tengan impacto sobre la vida cotidiana, aumenten la autoestima, la vocación emprendedora y recuperen el sentido del esfuerzo y la búsqueda del progreso personal y familiar. La Argentina del futuro empieza ahora, invertir en los jóvenes es invertir en desarrollo.
En el 2013 cumpliremos 30 años continuos de democracia y, sin dudas, la mejor forma de fortalecerla será dando pasos sustantivos en esta línea. Es ahora el momento de hacerlo, todos tenemos que sentirnos convocados, tenemos que dar vuelta la situación y tomar a la inclusión de los jóvenes como una prioridad real. Si no lo hacemos en este contexto de crecimiento económico, ¿cuándo?
jueves, 1 de marzo de 2012
Hoy en Canal Metro

El presidente de Poder Ciudadano, Daniel Arroyo, fue entrevistado hoy por Hernán Castillo en el programa Banda 3.0 en Canal Metro. Arroyo habló de temáticas relacionadas a la agenda legislativa que hoy se inicia y analizó el funcionamiento del Congreso en los últimos años. Transporte, energía, vivienda, educación, atención primaria de la salud y problemas sociales de la Argentina fueron los temas que Arroyo marcó como centrales para este año.
La primera parte del video de la entrevista haciendo click aquí
La segunda parte del video haciendo click aqui
martes, 28 de febrero de 2012
Hoy comienza el seminario de Liderazgo en San Pablo
Daniel Arroyo participará como expositor en el Seminario de Liderazgo para Becarios Porticus, que se llevará a cabo entre el martes 28 de febrero y el viernes 2 marzo, en la Mariápolis Ginetta, localizada en el municipio de Vargem Grande Paulista, de San Pablo (Brasil).
Arroyo brindará una charla sobre “Desarrollo Social”, que se realizará este martes 28 de febrero de 2012, y aportará su experiencia con las estrategias y practicas de las políticas públicas de desarrollo implementadas en la Argentina. En la mesa, estará acompañado por Patrus Ananias, ex-ministro do Desarrollo Social de Brasil.
En otros paneles, también expondrán Marina Silva, (ex ministra de Medio Ambiente y ex candidata a presidenta de Brasil por el Partido Verde); el especialista Bernardo Kliksberg; Ricardo Abramovay (del Departamento de Economía de la FEA-USP); Rubens Harry Born (Sociedad Brasilera Rio +20); y Ladislau Dowbor (economista, especialista en Desarrollo Local y profesor de la PUC-SP).
Bajo el lema “América Latina y el desarrollo que queremos”, el encuentro contará con la participación de becarios provenientes de distintos países de América Latina, estudiantes de maestrías, doctorados o especializaciones, quienes pondrán en práctica los conocimientos adquiridos al servicios de las comunidades a las que retornan o se integran, ejerciendo roles de liderazgo al interior de las mismas.
El seminario cuenta con el respaldo de la Fundación Porticus, que es una de las organizaciones solidarias y de cooperación para el desarrollo de América Latina en distintos campos de la educación, del desarrollo sostenible y de la salud. La organización está a cargo de Asociación Civitas, una organización que tiene por finalidad la formación de jóvenes así como realización de proyectos, obras, congresos, seminarios y cursos en los ámbitos social, cultural y de ciudadanía a fin de contribuir en una sociedad fraterna y unida; y Editora Cidade Nova, es una institución que publica libros, revistas, entre otras publicaciones con temas de estimulación y actualidad, como política, economía, teología y espiritualidad, arte, medio ambiente, salud, educación, cultura, comunicación, etc.
Arroyo brindará una charla sobre “Desarrollo Social”, que se realizará este martes 28 de febrero de 2012, y aportará su experiencia con las estrategias y practicas de las políticas públicas de desarrollo implementadas en la Argentina. En la mesa, estará acompañado por Patrus Ananias, ex-ministro do Desarrollo Social de Brasil.
En otros paneles, también expondrán Marina Silva, (ex ministra de Medio Ambiente y ex candidata a presidenta de Brasil por el Partido Verde); el especialista Bernardo Kliksberg; Ricardo Abramovay (del Departamento de Economía de la FEA-USP); Rubens Harry Born (Sociedad Brasilera Rio +20); y Ladislau Dowbor (economista, especialista en Desarrollo Local y profesor de la PUC-SP).
Bajo el lema “América Latina y el desarrollo que queremos”, el encuentro contará con la participación de becarios provenientes de distintos países de América Latina, estudiantes de maestrías, doctorados o especializaciones, quienes pondrán en práctica los conocimientos adquiridos al servicios de las comunidades a las que retornan o se integran, ejerciendo roles de liderazgo al interior de las mismas.
El seminario cuenta con el respaldo de la Fundación Porticus, que es una de las organizaciones solidarias y de cooperación para el desarrollo de América Latina en distintos campos de la educación, del desarrollo sostenible y de la salud. La organización está a cargo de Asociación Civitas, una organización que tiene por finalidad la formación de jóvenes así como realización de proyectos, obras, congresos, seminarios y cursos en los ámbitos social, cultural y de ciudadanía a fin de contribuir en una sociedad fraterna y unida; y Editora Cidade Nova, es una institución que publica libros, revistas, entre otras publicaciones con temas de estimulación y actualidad, como política, economía, teología y espiritualidad, arte, medio ambiente, salud, educación, cultura, comunicación, etc.
sábado, 25 de febrero de 2012
Seminario de Liderazgo en San Pablo
El ex viceministro de Desarrollo Social de la Nación, Daniel Arroyo, participará como expositor en el Seminario de Liderazgo para Becarios Porticus, que se llevará a cabo entre el martes 28 de febrero y el viernes 2 marzo, en la Mariápolis Ginetta, localizada en el municipio de Vargem Grande Paulista, de San Pablo (Brasil).
Bajo el lema “América Latina y el desarrollo que queremos”, el encuentro contará con la participación de becarios provenientes de distintos países de América Latina, estudiantes de maestrías, doctorados o especializaciones, quienes pondrán en práctica los conocimientos adquiridos al servicios de las comunidades a las que retornan o se integran, ejerciendo roles de liderazgo al interior de las mismas.
Arroyo brindará una charla sobre “Desarrollo Social”, que se realizará el martes 28 de febrero de 2012, y aportará su experiencia con las estrategias y practicas de las políticas públicas de desarrollo implementadas en la Argentina. El seminario cuenta con el respaldo de la Fundación Porticus, que es una de las organizaciones solidarias y de cooperación para el desarrollo de América Latina en distintos campos de la educación, del desarrollo sostenible y de la salud. La organización está a cargo de Asociación Civitas, una organización que tiene por finalidad la formación de jóvenes así como realización de proyectos, obras, congresos, seminarios y cursos en los ámbitos social, cultural y de ciudadanía a fin de contribuir en una sociedad fraterna y unida; y Editora Cidade Nova, es una institución que publica libros, revistas, entre otras publicaciones con temas de estimulación y actualidad, como política, economía, teología y espiritualidad, arte, medio ambiente, salud, educación, cultura, comunicación, etc.
Bajo el lema “América Latina y el desarrollo que queremos”, el encuentro contará con la participación de becarios provenientes de distintos países de América Latina, estudiantes de maestrías, doctorados o especializaciones, quienes pondrán en práctica los conocimientos adquiridos al servicios de las comunidades a las que retornan o se integran, ejerciendo roles de liderazgo al interior de las mismas.
Arroyo brindará una charla sobre “Desarrollo Social”, que se realizará el martes 28 de febrero de 2012, y aportará su experiencia con las estrategias y practicas de las políticas públicas de desarrollo implementadas en la Argentina. El seminario cuenta con el respaldo de la Fundación Porticus, que es una de las organizaciones solidarias y de cooperación para el desarrollo de América Latina en distintos campos de la educación, del desarrollo sostenible y de la salud. La organización está a cargo de Asociación Civitas, una organización que tiene por finalidad la formación de jóvenes así como realización de proyectos, obras, congresos, seminarios y cursos en los ámbitos social, cultural y de ciudadanía a fin de contribuir en una sociedad fraterna y unida; y Editora Cidade Nova, es una institución que publica libros, revistas, entre otras publicaciones con temas de estimulación y actualidad, como política, economía, teología y espiritualidad, arte, medio ambiente, salud, educación, cultura, comunicación, etc.
lunes, 20 de febrero de 2012
Inversión Social Privada en Proyectos Socio-productivos
(publicado en el sitio www.potenciar.org.ar, febrero de 2012)
* Por Daniel Arroyo
La distribución poblacional de la Argentina tiene un problema básico: más del treinta por ciento de sus habitantes se concentran en el uno por ciento de su extensión territorial, mientras quedan así muchas jurisdicciones casi sin población. La generación de polos productivos, con una red de calidad de servicios de educación y salud, en el interior del país aparece como una de las claves para avanzar hacia un desarrollo territorial más extendido e igualitario.
El desarrollo local es un proceso que se genera “desde abajo”. No cualquier actividad económica fomenta el desarrollo local; sólo aquella que, a la vez que motoriza el crecimiento, generando volumen económico en el lugar, mejora sustancialmente las condiciones sociales de las personas que viven en ese territorio; sobre todo, en lo que tiene que ver con los ingresos de la población.
El empresariado puede ser motor del desarrollo local si profundiza su participación a lo largo de las cadenas productivas con los emprendedores, en la asistencia técnica, en la inversión productiva y en la conformación de valor agregado en las actividades económicas.
Entre los problemas principales que tienen los sectores empobrecidos se destaca el retraso tecnológico, la falta de capacitación y la ausencia de vinculación entre el sector informal y el sector privado. Esta situación genera que un sector social importante de la población tenga dificultades de inserción en el mercado laboral actual.
La desarticulación de unidades productivas reduce su potencial para hacer un mayor aporte en la generación de empleos y la distribución equitativa de los ingresos. En consecuencia, es necesaria una vinculación entre emprendedores, y de éstos con las unidades productivas que permitan la construcción de redes de apoyo mutuo, y sobre todo, que deriven en la construcción de un proyecto de desarrollo basado en capacidades y recursos regionales que generen un círculo virtuoso de crecimiento e inversión, en el que el empresariado asuma un rol activo y de respaldo financiero.
El objetivo es incorporar al empresariado a una idea de bien común, eliminando las viejas dicotomías agro-industria, Estado-Mercado, economía formal-informal, con una visión de desarrollo que cree mecanismos decisorios con el consenso de la mayoría de los sectores, teniendo como objetivo la construcción de una sociedad integrada.
www.potenciar.org.ar
* Por Daniel Arroyo
La distribución poblacional de la Argentina tiene un problema básico: más del treinta por ciento de sus habitantes se concentran en el uno por ciento de su extensión territorial, mientras quedan así muchas jurisdicciones casi sin población. La generación de polos productivos, con una red de calidad de servicios de educación y salud, en el interior del país aparece como una de las claves para avanzar hacia un desarrollo territorial más extendido e igualitario.
El desarrollo local es un proceso que se genera “desde abajo”. No cualquier actividad económica fomenta el desarrollo local; sólo aquella que, a la vez que motoriza el crecimiento, generando volumen económico en el lugar, mejora sustancialmente las condiciones sociales de las personas que viven en ese territorio; sobre todo, en lo que tiene que ver con los ingresos de la población.
El empresariado puede ser motor del desarrollo local si profundiza su participación a lo largo de las cadenas productivas con los emprendedores, en la asistencia técnica, en la inversión productiva y en la conformación de valor agregado en las actividades económicas.
Entre los problemas principales que tienen los sectores empobrecidos se destaca el retraso tecnológico, la falta de capacitación y la ausencia de vinculación entre el sector informal y el sector privado. Esta situación genera que un sector social importante de la población tenga dificultades de inserción en el mercado laboral actual.
La desarticulación de unidades productivas reduce su potencial para hacer un mayor aporte en la generación de empleos y la distribución equitativa de los ingresos. En consecuencia, es necesaria una vinculación entre emprendedores, y de éstos con las unidades productivas que permitan la construcción de redes de apoyo mutuo, y sobre todo, que deriven en la construcción de un proyecto de desarrollo basado en capacidades y recursos regionales que generen un círculo virtuoso de crecimiento e inversión, en el que el empresariado asuma un rol activo y de respaldo financiero.
El objetivo es incorporar al empresariado a una idea de bien común, eliminando las viejas dicotomías agro-industria, Estado-Mercado, economía formal-informal, con una visión de desarrollo que cree mecanismos decisorios con el consenso de la mayoría de los sectores, teniendo como objetivo la construcción de una sociedad integrada.
www.potenciar.org.ar
Entrevista en el programa radial "Clase Ejecutiva"
El ex ministro de Desarrollo Social bonaerense, Daniel Arroyo, fue entrevistado el viernes 10 de febrero por el programa "Clase Ejecutiva", que se emite los viernes, de 17 a 19, por FM Radio Palermo 94.7.
Con la conducción de Ricardo Vannella, en el programa se debatió sobre el tema "El pueblo, ¿puede saber de qué se trata?" y las nuevas estrategias de gobierno electrónico. ¿Es viable su aplicación, desarrollo y profundización en el mundo?¿Existen mecanismos de control de la ciudadanía hacia nuestros gobernantes? ¿Es posible una democracia con mayor participación ciudadana a la del voto? ¿Cómo fomentar la transparencia de gestión, ya sea pública o privada? Gobierno y Organizaciones No Gubernamentales: ¿Cómo maximizar la potencialidad de este binomio?
¿Cómo es la relación entre Información y Sociedad? ¿Cuál es el rol que ocupan los educadores y formadores de opinión? Esas fueron algunas de las preguntas que estructuraron la charla.
Para escuchar la entrevista, puede hacer click aquí
Con la conducción de Ricardo Vannella, en el programa se debatió sobre el tema "El pueblo, ¿puede saber de qué se trata?" y las nuevas estrategias de gobierno electrónico. ¿Es viable su aplicación, desarrollo y profundización en el mundo?¿Existen mecanismos de control de la ciudadanía hacia nuestros gobernantes? ¿Es posible una democracia con mayor participación ciudadana a la del voto? ¿Cómo fomentar la transparencia de gestión, ya sea pública o privada? Gobierno y Organizaciones No Gubernamentales: ¿Cómo maximizar la potencialidad de este binomio?
¿Cómo es la relación entre Información y Sociedad? ¿Cuál es el rol que ocupan los educadores y formadores de opinión? Esas fueron algunas de las preguntas que estructuraron la charla.
Para escuchar la entrevista, puede hacer click aquí
martes, 14 de febrero de 2012
Los retos de la economía social
* Por Daniel Arroyo
Existen avances que se evidencian en la realidad cotidiana de la economía social solidaria. Si comparamos con la realidad de unos ocho años atrás, observamos que la economía social tiene visibilidad, tiene impacto, tiene financiamiento, ha tenido un proceso en donde algunos instrumentos tributarios la van favoreciendo, tiene mecanismos de comercialización y empieza a formar parte de cadenas productivas. Lejos de donde deberíamos llegar, pero con progresos significativos.
¿Qué falta hacer respecto del rol que desempeña el Estado? Podemos identificar cinco cuestiones sustantivas:
La primera es el costo del financiamiento para la gente que lleva adelante cooperativas, mutuales, pequeños emprendimientos y actividades productivas. En Argentina existen cuatro millones de personas que trabajan (gasistas, carpinteros, plomeros, etc.), que realizan actividades productivas y muchas veces por falta del acceso a un crédito o por distintos mecanismos, suelen tener complicaciones en su crecimiento y desarrollo. Pero también sucede que como necesitan el dinero muchas veces lo toman en lugares informales a tasas de interés del 90 por ciento anual, con los problemas financieros que esto les produce a los pequeños productores y emprendedores. La economía social funciona con financiamiento a tasas bajas y no con financiamiento para vivir pagando lo que se pidió como crédito. Aún estamos lejos de la escala de cuatro millones. Hoy se está llegando a doscientos mil personas con sistemas de créditos, microcréditos y distintas modalidades. Y cuando no se aceleran las políticas públicas en este sentido lo que hacen las personas que lo necesitan es buscar donde hay, o donde le dan, y eso son tasas usurarias brutales.
Entonces, el primer desafío es darle escala al financiamiento de la economía social. Si la Argentina creció durante los últimos diez años, si la economía va a crecer los próximos cinco ó seis años, tenemos que dar un salto de escala y un masivo recurso de financiamiento para avanzar en el desarrollo de toda la economía social. El reto es generar mecanismos de regulación y de control. Un avance que se debe dar entre todos, no sólo a nivel estatal, sino que son el Estado, la banca pública, la banca privada y las organizaciones sociales los tienen que actuar para llegar, con tasas subsidiadas, y fortalecer las capacidades productivas de la economía social. La idea no es endeudar a las personas, sino dar un salto de calidad productiva.
Un segundo desafío importante para todos, y siempre partiendo de la base que estamos un piso más arriba, es empezar a pensar mecanismos tributarios y mecanismos de reconocimiento de las actividades de la economía social y no solo a las personas. El tema del monotributo social es un avance importante, pero cinco personas que formaron una panadería tienen que tener un reconocimiento como tal: como un emprendimiento y no cada uno suelto como monotributista. Creo que ahí tenemos que dar un salto, que debemos avanzar, sobre todo porque teniendo ya el monotributo social como un primer paso, cómo avanzamos para generar mecanismos diferenciados para las actividades de la economía social. El reconocimiento de las empresas recuperadas es un progreso significativo en muchos casos, los saltos que se van dando, la cierta capacidad de generar instancias asociativas también, pero es claro que necesitamos que la economía social en la Argentina tenga un mecanismo tributario diferenciado que lo acompañe en el proceso de inclusión productiva sustantiva. Creo que para que esto suceda en la Argentina -y que es uno de los elementos que empezaría a ayudar a achicar los niveles de desigualdad, para generar mecanismos estructurales de cambio en lo normativo y en lo impositivo-, se requiere de mucho consenso social y mucha participación de todos los que forman parte de la economía social.
El tercer desafío que tenemos todos, y que representa desde mi punto de vista el más importante de la economía social en los próximos años tiene que ver con cómo empezar a generar mecanismos para que todas sus actividades den un salto en la escala del mercado, fortalezcan instancias de comercialización más allá de lo que estamos haciendo y que el Estado ayude, a través del compre local, a dar una escala sostenida a las actividades de la economía social. Deberíamos intentar que el Estado obtenga, al utilizar su capacidad de compra, un importante rol a la hora de empezar a dar un salto y a acompañar. Es complejo, hay municipios que lo hacen, hay experiencias como el tema de los guardapolvos. Es necesario fortalecer escalas de producción de la economía social, que en este esquema de crecimiento económico nadie venda sus cosas de la manera que puede, sino dar un salto de calidad. Y en esa escala de la posibilidad de venta, el Estado tiene un rol importante porque está claro que es el gran comprador de bienes y de servicios hoy en la Argentina.
No se reduce la pobreza en Argentina si no capitalizamos masivamente a estas cuatro millones de personas. Y la capitalización no sólo tiene que ver con los créditos, sino con generar instancias de comercialización masivas.
Recordemos que lo importante en la economía social no es sólo que haya gente que le vaya mejor produciendo y vendiendo, ni es solamente generar redes comunitarias. Masificar instancias de capitalización mejora las condiciones sociales, reduce niveles de pobreza y aumenta los niveles de inclusión en Argentina. Creo que ahí hay un desafío central.
Un cuarto reto para fortalecer la economía social y el rol del Estado en este desarrollo tiene que ver con poder generar instancias de transferencia de recursos rápido y en tiempo real. El problema hoy no es que no haya fuentes de financiamiento, sino que entre que alguien presente un proyecto y efectivamente lo ponga en marcha se tarde mucho tiempo. En las distintas escalas, un cuarto problema grave que tenemos es que habiendo recursos, no los transferimos en tiempo real. Una manera de hacer esto es descentralizar recursos sobre las organizaciones sociales y sobre los municipios. Otro tema decisivo es evaluar rápido. Lo que tenemos que hacer es que el que está cerca, el municipio, la organización social, tenga los recursos para que los pueda implementar. Y se está avanzando en esto. La Comisión de Microcréditos está generando instancias para descentralizar, pero hay que acelerar rápidamente ese proceso porque este contexto –el crecimiento económico- da grandes chances para el desarrollo de la economía social. Y eso se fortalece transfiriendo recursos en tiempo real.
El último desafío tiene que ver con distinguir las actividades productivas en tres niveles distintos de actividades de la economía social, especialmente en los que tienen que ver con emprendimientos pequeños y medianos y empezar a generar políticas específicas. Un municipio apunta al tema turístico, metal mecánico y tal o cual actividad, e inicia actividades productivas. Eso se vincula con lo estratégico del lugar. Cualquier territorio, cualquier municipio apunta claramente a lograr ciertos objetivos. Lo que tiene, entonces, es la capacidad de inducir, de generar y de promover actividades productivas que podemos llamar estratégicas.
Hoy existe una gran oportunidad en la Argentina. Estamos mejor, pero con enormes retos por delante. Una manera de orientarlos es acelerar, dar escala y dar un salto en calidad. Creo que en los próximos cinco años será necesario ahondar profundamente los alcances de la economía social, dar un gran salto en escalas, tener un mejor financiamiento y subsidios de tasa para evitar que la gente la siga tomando al 90 por ciento anual. Tenemos que generar mecanismos rápidos y que no sean ocho meses para transferir 15 mil pesos para alguien que va a montar su pequeño emprendimiento productivo; tenemos que destrabar el esquema impositivo y generar condiciones para fortalecer cadenas de producción.
Existen avances que se evidencian en la realidad cotidiana de la economía social solidaria. Si comparamos con la realidad de unos ocho años atrás, observamos que la economía social tiene visibilidad, tiene impacto, tiene financiamiento, ha tenido un proceso en donde algunos instrumentos tributarios la van favoreciendo, tiene mecanismos de comercialización y empieza a formar parte de cadenas productivas. Lejos de donde deberíamos llegar, pero con progresos significativos.
¿Qué falta hacer respecto del rol que desempeña el Estado? Podemos identificar cinco cuestiones sustantivas:
La primera es el costo del financiamiento para la gente que lleva adelante cooperativas, mutuales, pequeños emprendimientos y actividades productivas. En Argentina existen cuatro millones de personas que trabajan (gasistas, carpinteros, plomeros, etc.), que realizan actividades productivas y muchas veces por falta del acceso a un crédito o por distintos mecanismos, suelen tener complicaciones en su crecimiento y desarrollo. Pero también sucede que como necesitan el dinero muchas veces lo toman en lugares informales a tasas de interés del 90 por ciento anual, con los problemas financieros que esto les produce a los pequeños productores y emprendedores. La economía social funciona con financiamiento a tasas bajas y no con financiamiento para vivir pagando lo que se pidió como crédito. Aún estamos lejos de la escala de cuatro millones. Hoy se está llegando a doscientos mil personas con sistemas de créditos, microcréditos y distintas modalidades. Y cuando no se aceleran las políticas públicas en este sentido lo que hacen las personas que lo necesitan es buscar donde hay, o donde le dan, y eso son tasas usurarias brutales.
Entonces, el primer desafío es darle escala al financiamiento de la economía social. Si la Argentina creció durante los últimos diez años, si la economía va a crecer los próximos cinco ó seis años, tenemos que dar un salto de escala y un masivo recurso de financiamiento para avanzar en el desarrollo de toda la economía social. El reto es generar mecanismos de regulación y de control. Un avance que se debe dar entre todos, no sólo a nivel estatal, sino que son el Estado, la banca pública, la banca privada y las organizaciones sociales los tienen que actuar para llegar, con tasas subsidiadas, y fortalecer las capacidades productivas de la economía social. La idea no es endeudar a las personas, sino dar un salto de calidad productiva.
Un segundo desafío importante para todos, y siempre partiendo de la base que estamos un piso más arriba, es empezar a pensar mecanismos tributarios y mecanismos de reconocimiento de las actividades de la economía social y no solo a las personas. El tema del monotributo social es un avance importante, pero cinco personas que formaron una panadería tienen que tener un reconocimiento como tal: como un emprendimiento y no cada uno suelto como monotributista. Creo que ahí tenemos que dar un salto, que debemos avanzar, sobre todo porque teniendo ya el monotributo social como un primer paso, cómo avanzamos para generar mecanismos diferenciados para las actividades de la economía social. El reconocimiento de las empresas recuperadas es un progreso significativo en muchos casos, los saltos que se van dando, la cierta capacidad de generar instancias asociativas también, pero es claro que necesitamos que la economía social en la Argentina tenga un mecanismo tributario diferenciado que lo acompañe en el proceso de inclusión productiva sustantiva. Creo que para que esto suceda en la Argentina -y que es uno de los elementos que empezaría a ayudar a achicar los niveles de desigualdad, para generar mecanismos estructurales de cambio en lo normativo y en lo impositivo-, se requiere de mucho consenso social y mucha participación de todos los que forman parte de la economía social.
El tercer desafío que tenemos todos, y que representa desde mi punto de vista el más importante de la economía social en los próximos años tiene que ver con cómo empezar a generar mecanismos para que todas sus actividades den un salto en la escala del mercado, fortalezcan instancias de comercialización más allá de lo que estamos haciendo y que el Estado ayude, a través del compre local, a dar una escala sostenida a las actividades de la economía social. Deberíamos intentar que el Estado obtenga, al utilizar su capacidad de compra, un importante rol a la hora de empezar a dar un salto y a acompañar. Es complejo, hay municipios que lo hacen, hay experiencias como el tema de los guardapolvos. Es necesario fortalecer escalas de producción de la economía social, que en este esquema de crecimiento económico nadie venda sus cosas de la manera que puede, sino dar un salto de calidad. Y en esa escala de la posibilidad de venta, el Estado tiene un rol importante porque está claro que es el gran comprador de bienes y de servicios hoy en la Argentina.
No se reduce la pobreza en Argentina si no capitalizamos masivamente a estas cuatro millones de personas. Y la capitalización no sólo tiene que ver con los créditos, sino con generar instancias de comercialización masivas.
Recordemos que lo importante en la economía social no es sólo que haya gente que le vaya mejor produciendo y vendiendo, ni es solamente generar redes comunitarias. Masificar instancias de capitalización mejora las condiciones sociales, reduce niveles de pobreza y aumenta los niveles de inclusión en Argentina. Creo que ahí hay un desafío central.
Un cuarto reto para fortalecer la economía social y el rol del Estado en este desarrollo tiene que ver con poder generar instancias de transferencia de recursos rápido y en tiempo real. El problema hoy no es que no haya fuentes de financiamiento, sino que entre que alguien presente un proyecto y efectivamente lo ponga en marcha se tarde mucho tiempo. En las distintas escalas, un cuarto problema grave que tenemos es que habiendo recursos, no los transferimos en tiempo real. Una manera de hacer esto es descentralizar recursos sobre las organizaciones sociales y sobre los municipios. Otro tema decisivo es evaluar rápido. Lo que tenemos que hacer es que el que está cerca, el municipio, la organización social, tenga los recursos para que los pueda implementar. Y se está avanzando en esto. La Comisión de Microcréditos está generando instancias para descentralizar, pero hay que acelerar rápidamente ese proceso porque este contexto –el crecimiento económico- da grandes chances para el desarrollo de la economía social. Y eso se fortalece transfiriendo recursos en tiempo real.
El último desafío tiene que ver con distinguir las actividades productivas en tres niveles distintos de actividades de la economía social, especialmente en los que tienen que ver con emprendimientos pequeños y medianos y empezar a generar políticas específicas. Un municipio apunta al tema turístico, metal mecánico y tal o cual actividad, e inicia actividades productivas. Eso se vincula con lo estratégico del lugar. Cualquier territorio, cualquier municipio apunta claramente a lograr ciertos objetivos. Lo que tiene, entonces, es la capacidad de inducir, de generar y de promover actividades productivas que podemos llamar estratégicas.
Hoy existe una gran oportunidad en la Argentina. Estamos mejor, pero con enormes retos por delante. Una manera de orientarlos es acelerar, dar escala y dar un salto en calidad. Creo que en los próximos cinco años será necesario ahondar profundamente los alcances de la economía social, dar un gran salto en escalas, tener un mejor financiamiento y subsidios de tasa para evitar que la gente la siga tomando al 90 por ciento anual. Tenemos que generar mecanismos rápidos y que no sean ocho meses para transferir 15 mil pesos para alguien que va a montar su pequeño emprendimiento productivo; tenemos que destrabar el esquema impositivo y generar condiciones para fortalecer cadenas de producción.
viernes, 10 de febrero de 2012
Anticipo del nuevo libro de Daniel Arroyo
Las cuatro Argentinas será publicado próximamente. Aquí, el prólogo del nuevo libro de Daniel Arroyo.
Nuestro país ha tenido una década de crecimiento económico con tasas cercanas al ocho por ciento anual. Esta situación casi no tiene registro en la historia argentina y nos da la posibilidad de ver a este tiempo como una década ganada, una década en donde el crecimiento económico generó mejoras en las condiciones de vida de los argentinos.
Si durante toda la década del ochenta la Argentina no logró generar crecimiento económico y, si la crisis de 2001 nos encontró con 57 por ciento de pobreza, 28 por ciento de desocupación y 60 por ciento de informalidad laboral, es posible decir que los últimos años iniciaron un proceso de mejoras en términos de inclusión social.
Sin embargo, esta situación no impactó en todos los argentinos de la misma manera. Esta mirada general sobre las mejoras sociales debe complementarse con un análisis más fino acerca de qué ha pasado en los últimos años, cómo cambió la sociedad, qué nuevos conflictos y tensiones se presentan y, principalmente, analizar cuánto repercutió este cambio en los diferentes sectores o clases sociales.
En ese punto es dónde va el objetivo principal de este libro, en no quedarse en el análisis general, sino ahondar en cómo estos procesos fueron modificando la situación social y dieron lugar al surgimiento de nuevas clases sociales con características distintas a las de hace una década.
Los diversos capítulos que aquí se presentan surgen de diferentes artículos académicos publicados, conferencias que he desarrollado en los últimos dos años y notas de opinión en medios periodísticos que dan cuenta del debate sobre cómo mejorar la situación social.
Este libro busca darle continuidad a una obra editada por La Crujía en el año 2009 denominada Políticas sociales. Ideas para un debate necesario en la que se ponía como eje central el debate acerca de qué políticas de reducción de pobreza tenía que encarar nuestro país.
Las cuatro Argentinas parte de la idea de que estamos frente a una nueva estructura social, a otras formas de movilización y organización y, principalmente que nuestro país no tiene una sociedad sino, al menos, cuatro realidades diferentes.
Los modos de vida de los sectores de pobreza estructural, sus redes de relación, sus demandas y sus formas de organización y vínculo con el Estado tienen poco que ver con la dinámica cotidiana que tiene la clase media en Argentina, cuya característica principal es que tener trabajo formal, estar representada en la discusión salarial, contar con obra social y tener, en este contexto, un horizonte de futuro que le permite planificar y proyectar sus consumos.
Diferente a ambas realidades es la que viven los cuentapropistas o aquellos que tienen trabajo informal. Han logrado mejorar su situación en los últimos años pero lo que predomina en sus vidas cotidianas es la precariedad, las dificultades para poder planificar a futuro. Se trata de un sector claramente vulnerable, que indudablemente está mejor que hace una década, pero que no logra dar el salto a la formalización laboral.
Se podría decir que, frente al mundo del trabajo, nuestro país es una sociedad de diferentes velocidades, con unos que trabajan con determinadas condiciones (recibo de sueldo, obra social, jubilación, representación sindical, etc.) y otros que se generan sus ingresos sin tener esas condiciones o que directamente se encuentran en situación de extrema necesidad.
También se diferencia de las otras tres, la realidad de la clase alta en nuestro país. No sólo porque tiene mayores niveles de consumo y de ingreso, sino también porque ha desarrollado una gran capacidad para concentrar capital y diversificar sus fuentes de acumulación económica.
El lector podrá ver en Las cuatro Argentinas cómo nuestro país no es uno sólo, cómo los diferentes sectores sociales (pobreza estructural, sectores vulnerables, clase media y clase alta) tienen dinámicas, modos de vida, relacionamientos con el Estado e intereses diferentes y, en algunos casos, contrapuestos.
Esa idea central recorre todo el libro, tanto cuando se plantea en el capítulo inicial la caracterización de estas cuatro realidades sociales, como cuando se avanza en la descripción del sistema de partidos en Argentina, las formas de organización social, las políticas de inclusión económica y los sistemas de protección social en América Latina.
Pero este libro no intenta quedarse sólo en la descripción, no tiene el objetivo de caracterizar cómo se vive en Argentina, intenta dar un paso más. Aquí se plantean, con la intención de abrir el debate, ideas y caminos con el objetivo de lograr terminar esta década con una sociedad sin pobreza ni exclusión.
La década que viene debería ser la que nos permita generar condiciones sociales y productivas para lograr una sociedad integrada.
Este libro tiene esa finalidad: ayudar a generar condiciones para que, en este contexto económico favorable, logremos dar vuelta definitivamente la situación social. Para que no tengamos “cuatro Argentinas” sino una.
Para que generemos las condiciones para dar oportunidades a nuestros hijos y consolidemos un proceso de movilidad social ascendente que nos permita a todos poder construir nuestro propio futuro.
Nuestro país ha tenido una década de crecimiento económico con tasas cercanas al ocho por ciento anual. Esta situación casi no tiene registro en la historia argentina y nos da la posibilidad de ver a este tiempo como una década ganada, una década en donde el crecimiento económico generó mejoras en las condiciones de vida de los argentinos.
Si durante toda la década del ochenta la Argentina no logró generar crecimiento económico y, si la crisis de 2001 nos encontró con 57 por ciento de pobreza, 28 por ciento de desocupación y 60 por ciento de informalidad laboral, es posible decir que los últimos años iniciaron un proceso de mejoras en términos de inclusión social.
Sin embargo, esta situación no impactó en todos los argentinos de la misma manera. Esta mirada general sobre las mejoras sociales debe complementarse con un análisis más fino acerca de qué ha pasado en los últimos años, cómo cambió la sociedad, qué nuevos conflictos y tensiones se presentan y, principalmente, analizar cuánto repercutió este cambio en los diferentes sectores o clases sociales.
En ese punto es dónde va el objetivo principal de este libro, en no quedarse en el análisis general, sino ahondar en cómo estos procesos fueron modificando la situación social y dieron lugar al surgimiento de nuevas clases sociales con características distintas a las de hace una década.
Los diversos capítulos que aquí se presentan surgen de diferentes artículos académicos publicados, conferencias que he desarrollado en los últimos dos años y notas de opinión en medios periodísticos que dan cuenta del debate sobre cómo mejorar la situación social.
Este libro busca darle continuidad a una obra editada por La Crujía en el año 2009 denominada Políticas sociales. Ideas para un debate necesario en la que se ponía como eje central el debate acerca de qué políticas de reducción de pobreza tenía que encarar nuestro país.
Las cuatro Argentinas parte de la idea de que estamos frente a una nueva estructura social, a otras formas de movilización y organización y, principalmente que nuestro país no tiene una sociedad sino, al menos, cuatro realidades diferentes.
Los modos de vida de los sectores de pobreza estructural, sus redes de relación, sus demandas y sus formas de organización y vínculo con el Estado tienen poco que ver con la dinámica cotidiana que tiene la clase media en Argentina, cuya característica principal es que tener trabajo formal, estar representada en la discusión salarial, contar con obra social y tener, en este contexto, un horizonte de futuro que le permite planificar y proyectar sus consumos.
Diferente a ambas realidades es la que viven los cuentapropistas o aquellos que tienen trabajo informal. Han logrado mejorar su situación en los últimos años pero lo que predomina en sus vidas cotidianas es la precariedad, las dificultades para poder planificar a futuro. Se trata de un sector claramente vulnerable, que indudablemente está mejor que hace una década, pero que no logra dar el salto a la formalización laboral.
Se podría decir que, frente al mundo del trabajo, nuestro país es una sociedad de diferentes velocidades, con unos que trabajan con determinadas condiciones (recibo de sueldo, obra social, jubilación, representación sindical, etc.) y otros que se generan sus ingresos sin tener esas condiciones o que directamente se encuentran en situación de extrema necesidad.
También se diferencia de las otras tres, la realidad de la clase alta en nuestro país. No sólo porque tiene mayores niveles de consumo y de ingreso, sino también porque ha desarrollado una gran capacidad para concentrar capital y diversificar sus fuentes de acumulación económica.
El lector podrá ver en Las cuatro Argentinas cómo nuestro país no es uno sólo, cómo los diferentes sectores sociales (pobreza estructural, sectores vulnerables, clase media y clase alta) tienen dinámicas, modos de vida, relacionamientos con el Estado e intereses diferentes y, en algunos casos, contrapuestos.
Esa idea central recorre todo el libro, tanto cuando se plantea en el capítulo inicial la caracterización de estas cuatro realidades sociales, como cuando se avanza en la descripción del sistema de partidos en Argentina, las formas de organización social, las políticas de inclusión económica y los sistemas de protección social en América Latina.
Pero este libro no intenta quedarse sólo en la descripción, no tiene el objetivo de caracterizar cómo se vive en Argentina, intenta dar un paso más. Aquí se plantean, con la intención de abrir el debate, ideas y caminos con el objetivo de lograr terminar esta década con una sociedad sin pobreza ni exclusión.
La década que viene debería ser la que nos permita generar condiciones sociales y productivas para lograr una sociedad integrada.
Este libro tiene esa finalidad: ayudar a generar condiciones para que, en este contexto económico favorable, logremos dar vuelta definitivamente la situación social. Para que no tengamos “cuatro Argentinas” sino una.
Para que generemos las condiciones para dar oportunidades a nuestros hijos y consolidemos un proceso de movilidad social ascendente que nos permita a todos poder construir nuestro propio futuro.
martes, 7 de febrero de 2012
El rol del microcrédito
* Por Daniel Arroyo
El microcrédito es sustancial para una política social de tipo inclusiva, ya que permite promover iniciativas productivas en favor del empleo y de la mejora de los ingresos de las familias.
Entendemos el microcrédito como un préstamo de pequeño monto que puede otorgarse directamente a personas o a través de grupos, sin constituir una hipoteca o una prenda, ni requerir ningún tipo de garantía real. Además, se destina al desarrollo de microemprendimientos productivos asociativos de autoconsumo, comerciales o de servicios, mientras que su devolución se realiza en plazos cortos y medianos, y la cuota está relacionada con la capacidad de pago. Podemos concluir, entonces, que es un instrumento de suma relevancia para la lucha contra la pobreza.
Ahora bien, debe comprenderse a este tipo de financiamiento como una forma de inclusión social pero también como una estrategia de inserción en el mercado. Para ello, el préstamo debe orientarse a la compra de bienes, insumos, herramientas y materias primas para que la producción pueda ser vendida y los precios cubran todos los costes (inclusive el del mismo microcrédito).
Por otro lado, es necesario que el mercado sea irrigado por nuevos microcréditos y suscite un aumento de demanda tan amplio que sea probable que todos se beneficien con alguna parte de este proceso. De allí que el crédito tiene que estar insertado en la promoción de la economía local, inclusive si es posible en conexión con otras localidades o regiones. Esto permite identificar el perfil de las comunidades existentes y su relación con sus actividades productivas.
Otro aspecto relevante de la utilización social del microcrédito es que los niveles de incumplimiento del préstamo popular, cómo se mencionó al comienzo de este capítulo, son muy pequeños, lo que exige que: a) los proyectos financiados tengan sustentabilidad, b) la amortización de los préstamos se ajuste al flujo de ingresos generados por los proyectos, y c) existan mecanismos de asistencia técnica y capacitación para reducir los costos, mejorar la gestión y tener penetración en los mercados.
En este sentido, también es importante considerar qué es estratégico para el territorio y que eso sea decidido en forma colectiva, con la participación de todos los actores que lo componen.
De esta manera, la relevancia de políticas de microcrédito con impacto social implica, a la vez, proximidad entre los financiadores y los ejecutores de los proyectos: sean cooperativas, mutuales, organizaciones de la sociedad civil, instituciones de fondos rotativos, consorcios populares de ahorro y cualquier otro tipo de asociaciones. En consecuencia, una de las condiciones de éxito de un sistema de microcrédito es la cogestión del mismo en el nivel local por agencias de bancos públicos especializados y entidades comunitarias de finanzas. Esto debe estar asociado también a diferentes mecanismos de garantía de transparencia y contralor de la asignación del financiamiento.
En suma, una política de microcrédito que promueva la inclusión social requiere una nueva estructura institucional conformada por una red comunitaria de finanzas solidarias, una importante presencia en las comunidades que más lo requieran y se encuentren capacitadas para captar el ahorro. Además, planes de desarrollo, formulados y aprobados por las comunidades que deben ejecutarlos, y bancas solidarias del gobierno federal, provincial y municipal, especializadas en microcrédito para suplir fondos de financiación de inversiones de mayor monto.
En todos los casos, el microcrédito debe disminuir los riesgos de interrupciones en los flujos de dinero y evitar que provengan de una única fuente de recursos. Por otro lado, debe realizar directamente o dar soporte a las actividades de acompañamiento a los servicios financieros propiamente dichos, ya sean de capacitación, facilitación de información y conexión con otros actores del territorio, como el caso de universidades u organizaciones de la sociedad civil.
Entendemos el microcrédito como un préstamo de pequeño monto que puede otorgarse directamente a personas o a través de grupos, sin constituir una hipoteca o una prenda, ni requerir ningún tipo de garantía real. Además, se destina al desarrollo de microemprendimientos productivos asociativos de autoconsumo, comerciales o de servicios, mientras que su devolución se realiza en plazos cortos y medianos, y la cuota está relacionada con la capacidad de pago. Podemos concluir, entonces, que es un instrumento de suma relevancia para la lucha contra la pobreza.
Ahora bien, debe comprenderse a este tipo de financiamiento como una forma de inclusión social pero también como una estrategia de inserción en el mercado. Para ello, el préstamo debe orientarse a la compra de bienes, insumos, herramientas y materias primas para que la producción pueda ser vendida y los precios cubran todos los costes (inclusive el del mismo microcrédito).
Por otro lado, es necesario que el mercado sea irrigado por nuevos microcréditos y suscite un aumento de demanda tan amplio que sea probable que todos se beneficien con alguna parte de este proceso. De allí que el crédito tiene que estar insertado en la promoción de la economía local, inclusive si es posible en conexión con otras localidades o regiones. Esto permite identificar el perfil de las comunidades existentes y su relación con sus actividades productivas.
Otro aspecto relevante de la utilización social del microcrédito es que los niveles de incumplimiento del préstamo popular, cómo se mencionó al comienzo de este capítulo, son muy pequeños, lo que exige que: a) los proyectos financiados tengan sustentabilidad, b) la amortización de los préstamos se ajuste al flujo de ingresos generados por los proyectos, y c) existan mecanismos de asistencia técnica y capacitación para reducir los costos, mejorar la gestión y tener penetración en los mercados.
En este sentido, también es importante considerar qué es estratégico para el territorio y que eso sea decidido en forma colectiva, con la participación de todos los actores que lo componen.
De esta manera, la relevancia de políticas de microcrédito con impacto social implica, a la vez, proximidad entre los financiadores y los ejecutores de los proyectos: sean cooperativas, mutuales, organizaciones de la sociedad civil, instituciones de fondos rotativos, consorcios populares de ahorro y cualquier otro tipo de asociaciones. En consecuencia, una de las condiciones de éxito de un sistema de microcrédito es la cogestión del mismo en el nivel local por agencias de bancos públicos especializados y entidades comunitarias de finanzas. Esto debe estar asociado también a diferentes mecanismos de garantía de transparencia y contralor de la asignación del financiamiento.
En suma, una política de microcrédito que promueva la inclusión social requiere una nueva estructura institucional conformada por una red comunitaria de finanzas solidarias, una importante presencia en las comunidades que más lo requieran y se encuentren capacitadas para captar el ahorro. Además, planes de desarrollo, formulados y aprobados por las comunidades que deben ejecutarlos, y bancas solidarias del gobierno federal, provincial y municipal, especializadas en microcrédito para suplir fondos de financiación de inversiones de mayor monto.
En todos los casos, el microcrédito debe disminuir los riesgos de interrupciones en los flujos de dinero y evitar que provengan de una única fuente de recursos. Por otro lado, debe realizar directamente o dar soporte a las actividades de acompañamiento a los servicios financieros propiamente dichos, ya sean de capacitación, facilitación de información y conexión con otros actores del territorio, como el caso de universidades u organizaciones de la sociedad civil.
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